Bolivia: una variopinta oposición se fortalece frente al MAS en las regiones

Una mujer aimara vota en la ciudad de El Alto, Bolivia, el 11 de abril de 2021.
Una mujer aimara vota en la ciudad de El Alto, Bolivia, el 11 de abril de 2021. © Martin Alipaz / EFE

Las fuerzas contrarias al oficialista Movimiento al Socialismo (MAS) en Bolivia, que van desde grupos indigenistas, pasando por disidentes y hasta de derecha, se han fortalecido en las gobernaciones con victorias en la mayoría de los nueve departamentos, pese a que solo hace seis meses Luis Arce ganó la Presidencia con un 55 %. 

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La variopinta oposición se consolidó en la segunda vuelta vivida el domingo 11 de abril en las cuatro regiones al completar un complicado proceso que situó a Bolivia, según su organismo electoral, como el primer país del mundo en celebrar dos comicios nacionales durante la pandemia: la elección presidencial del 18 de octubre pasado; y la votación municipal y la primera vuelta de gobernaciones del 7 de marzo.

El último reporte del Tribunal Supremo Electoral (TSE) consolida la victoria opositora en la región de Tarija y muestra las tendencias irreversibles en el mismo sentido en Chuquisaca y Pando, mientras que en La Paz la oposición también se impone en el cómputo parcial a falta del 13 % de escrutinio.

En la primera vuelta, los opositores se hicieron con el control de las regiones de Santa Cruz y Beni, y el MAS se anotó triunfos en Cochabamba, Potosí y Oruro.

El expresidente Evo Morales (2006-2019), que dirigió la campaña del MAS, anticipó la derrota en las cuatro regiones en liza en segunda vuelta y dijo que su partido finalmente se quedaría con tres gobernaciones y la “derecha” con seis, pese a que tres candidatos contrarios son disidentes de su partido.

En un discurso ante cocaleros, Morales señaló que la actual situación de su partido era similar a la del 2006 cuando llegó a la Presidencia y ganó tres gobernaciones y la oposición seis, en una correlación de fuerzas que fue revertida “con unidad, unidad, unidad, nada de peleas internas”, según dijo.

Pese a que el MAS perdió la mayoría de las gobernaciones, el mismo Morales y otros dirigentes de ese partido han advertido que pueden influir en las decisiones de esas instituciones desde las asambleas legislativas regionales donde tienen una fuerte presencia en temas clave de gestión como los presupuestos.

 

El espectro político de las oposiciones al MAS va desde el empresario derechista Luis Fernando Camacho como gobernador electo de la próspera Santa Cruz, pasa por el dirigente campesino exmasista Damián Condori en Chuquisaca y llega al candidato indigenista Santos Quispe, que lleva la delantera en La Paz.

Camacho lideró en Santa Cruz una huelga general en 2019 contra Morales por las denuncias de fraude en los comicios de ese año y el exmandatario lamentó esta semana que la Justicia no haya ordenado su detención por “golpista”.

La campaña para la segunda vuelta tuvo como fondo el encarcelamiento desde hace un mes de la expresidenta transitoria Jeanine Áñez y la arremetida contra sus colaboradores acusados de supuesta sedición cuando ella asumió el poder en 2019, tras los conflictos políticos vividos debido a la renuncia forzada de Evo Morales.

Es previsible que continúe la confrontación entre los gobernadores opositores, ahora legitimados por el voto, que aseguran que hubo un fraude que desató la crisis política y los que junto al presidente Arce defienden que Morales fue víctima de un golpe de Estado planificado.

Jimena Costa: “La gente estaba harta del abuso de poder”

Al citar los factores que explican lo sucedido con la derrota del MAS en la mayoría de los departamentos, la politóloga Jimena Costa dijo a France 24 que se ha producido un cambio en las bases de ese partido porque han dejado de tener un “comportamiento político caudillista”, ya que no aceptaron que Morales decida las candidaturas como hizo en contra de lo que pedían en las regiones.

Archivo: El exmandatario boliviano Evo Morales saluda mientras participa en una reunión junto al presidente de Bolivia, Luis Arce, el 21 de noviembre de 2020.
Archivo: El exmandatario boliviano Evo Morales saluda mientras participa en una reunión junto al presidente de Bolivia, Luis Arce, el 21 de noviembre de 2020. © AFP

Una prueba de ello, agregó, es que los seguidores del MAS se han fragmentado y han presentado sus propias siglas para postular al margen de esa fuerza, como es el caso de la agrupación Jallalla (viva en aymara) de la alcaldesa electa de El Alto, Eva Copa, y del candidato a gobernador por La Paz, Santos Quispe.

Costa, una académica que fue diputada opositora, también dijo que “la gente estaba harta del abuso de poder en el gobierno de Evo Morales, pero también del de Áñez con su postulación (…) Y que ahora vuelva el Gobierno de Luis Arce con la arremetida agresiva y el abuso de poder, la gente lo rechaza”.

El Gobierno de Arce impulsa el enjuiciamiento contra Añez por múltiples denuncias, pero muchos organismos defensores de derechos humanos y gobiernos han cuestionado que la Justicia boliviana no es independiente.

El respaldo del 55 % a Arce y al vicepresidente David Choquehuanca, según Costa, implicaba “pasar la página” de la “guerra política” para ocuparse de la pandemia y de la crisis económica, pero en cambio ha vuelto la disputa política causando un “desgaste mayor” en el oficialismo.

De su parte, el analista Carlos Borth coincidió en que el “impacto negativo” de esta derrota lo siente “sobre todo Evo Morales” por la responsabilidad que tuvo en la elección de candidatos que resultaron perdedores.

Asimismo, pronosticó tensiones entre el Gobierno central y las regiones por razones políticas, pero también por falta de recursos económicos en un supuesto intento para “debilitar” a los gobernadores opositores para que no tengan una gestión exitosa. 

Los nueve gobernadores y los alcaldes electos de 339 municipios jurarán sus cargos el próximo 3 de mayo para ejercer durante cinco años.

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