Covid-19: la variante brasileña no es la única razón de las cifras récord en Perú

Especialistas coinciden en que algunas de las medidas dictadas por el Gobierno peruano no han sido las más adecuadas para la contención del virus. La respuesta hospitalaria es, otra vez, insuficiente.
Especialistas coinciden en que algunas de las medidas dictadas por el Gobierno peruano no han sido las más adecuadas para la contención del virus. La respuesta hospitalaria es, otra vez, insuficiente. © Cortesía Agencia Andina

Aunque el Ministerio de Salud de Perú registra, hasta la fecha, alrededor de 60.000 muertes por Covid-19, la entidad nacional de defunciones informa de un subregistro que supera las 164.000. Las mutaciones del virus y la limitada capacidad de los hospitales empujan al sistema sanitario peruano a un nuevo colapso.

Anuncios

A finales de marzo, el ministro de Salud peruano, Óscar Ugarte, reconocía en televisión que abril se proyectaba como otro mes duro a causa de la pandemia. “Estamos en la parte más alta de la segunda ola. En las semanas anteriores se mencionó la desaceleración, pero en la última semana ha retomado. Nosotros esperamos que esto pueda controlarse”, dijo en entrevista con un canal de televisión local

El pronóstico, hoy real, tomó la forma de cifras fatales nunca antes reportadas en el país sudamericano. Solo entre el 1 y el 26 de abril, la institución dirigida por Ugarte contabilizó un total de 8.255 personas fallecidas por el virus. El récord más alto fue de 433 muertes en un solo día. Además, en todo el país se calcula actualmente que 15.104 personas están hospitalizadas; de las cuales cerca de 2.000 tienen cuadro grave.

En paralelo, el Sistema Informático Nacional de Defunciones (Sinadef) da cuenta de un desfase alarmante: mientras el Gobierno arroja un acumulado total de 60.416 decesos en lo que va de la emergencia sanitaria, esta otra entidad anota más de 164.000. El subregistro adiciona a todas las personas que no fueron oficialmente diagnosticadas, pero que presentaron sintomatología suficiente para sospechar que también cargaban con el mal. 

La experiencia trágica del año pasado, que implicó el colapso de los hospitales a nivel nacional, parece repetirse: las camas y el personal de cuidados intensivos resultan insuficientes y la demanda de oxígeno medicinal vuelve a superar la oferta. 

Según informó el Minsa, dentro del mismo periodo del 1 al 26 de abril, los casos confirmados de contagio sumaron 87.266; llegando a más de 4.800 en un solo día. Hasta el último martes, el total de infecciones registradas en Perú desde el inicio de la pandemia fue de 1.775.062.

El impacto de las variantes del virus 

En diálogo con France 24, el epidemiólogo y exjefe del Instituto Nacional de Salud peruano, Ernesto Gozzer, explicó que el incremento súbito de hospitalizaciones y muertes por el Covid-19 se debe, principalmente, a la presencia de los “nuevos linajes” del virus. De momento, las variantes detectadas oficialmente en el país son la brasileña y la inglesa. Gozzer advierte que el relajamiento de las personas frente a la prevención también contribuyó a la descontrolada expansión de nuevos casos. 

“No tenemos un sistema de vigilancia genómica en el país, lo cual dificulta que se identifiquen, oportunamente y con exactitud, las interacciones de los nuevos linajes. Sin embargo, es evidente que la aparición de las variantes –sobre todo de la brasileña– se combinó con el comportamiento de la población: aglomeraciones en lugares públicos o en el transporte, salidas innecesarias, falta de medidas preventivas a nivel individual y reuniones sociales no permitidas”, refiere el especialista.

Adicionalmente a las variantes ya conocidas, existen estudios avanzados por la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH) sobre una mutación distinta, a la que se ha bautizado como “C.37”. No obstante, el sector sanitario estima que aún no se podría hablar de un linaje netamente local. Gozzer indica que la “C.37” responde, en efecto, a una investigación inicial y que los análisis para confirmar su grado de agresividad siguen en desarrollo. 

Desde enero de este año, el Gobierno de Francisco Sagasti empezó a dictar restricciones de movilización y apertura de actividades bajo un criterio territorial. Así, las regiones fueron clasificadas por niveles -extremo, muy alto y alto- de acuerdo a los casos de contagio y al déficit de respuesta sanitaria. Ninguna región o localidad está a un nivel cercano al moderado. Las medidas van acompañadas, según corresponda, de toques de queda más amplios, prohibición de circulación de vehículos particulares los domingos y reducción del aforo en lugares cerrados.

Para el epidemiólogo Ernesto Gozzer, quien además es profesor en la UPCH, si bien el criterio territorial para las restricciones es acertado, algunas medidas añadidas no son las mejores. Además, califica como “un despropósito” que el Estado insista en el uso masivo de pruebas rápidas, que -como se sabe- pueden arrojar falsos positivos.

“Sacarle la vuelta a las medidas es muy sencillo, si lo ponemos de una manera. El Día de la Madre, que es el 9 de mayo, también será de inmovilización, pero nuevamente se descuida el detalle de que muchas personas podrían viajar o moverse de un lado a otro días antes. No se ha pensado en expandir los horarios de atención, por ejemplo, en los supermercados. Entonces, los cierres de tienda son bastante temprano (en Lima, a golpe de 6:00 p.m.). Por otra parte, no hay un fundamento claro para la apertura de gimnasios y, al mismo tiempo, el cierre de playas o los toques de queda totales de los domingos. No hay mucha coherencia”, cuestiona el experto. 

Sin camas UCI ni personal especializado 

Según el Ministerio de Salud, hasta el último lunes, de 2.736 camas de unidades de cuidados intensivos en los diferentes establecimientos médicos del país -seguro social, hospitales regionales, clínicas privadas y hospitales del propio Minsa- solo 108 estaban disponibles. De ellas, 14 correspondían al Minsa. 

“La poca oferta de camas UCI complica toda esta situación frente a las variantes. Las listas de espera para atender a pacientes son más largas. La mortalidad es consecuencia de esa postergación forzosa en el servicio por falta de camas. Las personas que no pueden acceder a una UCI están en riesgo latente de complicarse más y fallecer. Encima, la logística que tenemos es deficiente y los fármacos para tratamientos también se agotan muy rápido. Es como una bola de nieve de dificultades y carencias que nos lleva a trabajar al límite”, cuenta Jesús Valverde, médico intensivista del Hospital Dos de Mayo, un centro ubicado en Lima y administrado por el Minsa. Allí, ya no hay camas UCI disponibles.

Con la variante brasileña, los casos sintomáticos presentan una evolución más rápida de la enfermedad, además de distorsiones digestivas y contagio alto en jóvenes y niños.
Con la variante brasileña, los casos sintomáticos presentan una evolución más rápida de la enfermedad, además de distorsiones digestivas y contagio alto en jóvenes y niños. © Cortesía Agencia Andina

Valverde, que fue presidente de la Sociedad Peruana de Medicina Intensiva, comenta para France 24 que, desde hace un mes y medio, se empezaron a registrar cuadros clínicos distintos en las nuevas hospitalizaciones o ingresos a UCI. La característica más evidente fue el nivel de diseminación: no solo llegaba una persona infectada por vivienda, como solía suceder meses atrás, sino la familia completa. El especialista atribuye el escenario de mayor virulencia y letalidad a la variante brasileña.

De acuerdo con el médico, la saturación de hospitales y UCI responde también a una falla en la gestión estatal. Enfatiza que el sector sanitario aún no garantiza cobertura eficiente en el primer nivel de atención, donde los contagios podrían detectarse tempranamente. En consecuencia, las personas se dirigen al tercer nivel de atención -hospitales o clínicas- cuando la enfermedad está avanzada y la capacidad de personal o de medios de atención no da para más. 

A pesar de que ha pasado más de un año de pandemia, el sistema de salud peruano aún no se ha reorganizado

“No tenemos un sistema de atención primario que se enfoque en la detección temprana para grupos de riesgo o con comorbilidades o en el suministro oportuno de oxígeno. En un segundo nivel tampoco existe. A pesar de que ha pasado más de un año de pandemia, el sistema de salud peruano aún no se ha reorganizado. No se ha creado ni reforzado una gestión piramidal, con una base ancha en un primer nivel de atención. No tenemos ninguna contención y eso genera que el tercer nivel colapse. Lo otro es que no tenemos suficiente recurso humano especializado en medicina intensiva”, relata.

A nivel nacional, los médicos intensivistas operativos son entre 600 y 650. Es decir, cada uno atiende más de una cama UCI. Valverde apunta que, entre dobles turnos de trabajo, la capacidad humana cubre un máximo de 2.000 camas UCI.

“A partir de las 2.000 camas UCI, no sabríamos dar respuesta concreta de quiénes se están encargando de la atención, pero no podríamos decir que son especialistas en medicina intensiva. Estamos hablando de más de 500 camas que están atendidas por otro personal no especializado o que, simplemente, no pueden usarse por falta de personal. Eso, sin duda, compromete la expectativa de supervivencia de los pacientes graves en el país. Así de difícil está la realidad”, expresa Valverde.

Un subregistro por corregir

El 14 de abril, el Gobierno peruano creó -mediante resolución ministerial- un grupo de trabajo técnico “con el objetivo de proponer los criterios para actualizar la cifra de fallecidos por el Covid-19”. En ese sentido, el Ejecutivo reconoce sus propias falencias para un registro acertado de muertes por esta enfermedad. De hecho, los números del Minsa, las direcciones regionales de salud (diresas) y el Sistema Informático Nacional de Defunciones (Sinadef) son altamente dispares. El desfase es tal que, mientras el Sinadef reporta 164.600 decesos por coronavirus a nivel nacional, las diresas arrojan cerca de 83.000 y el Minsa, solo poco más de 60.000.

A inicios de abril, el Minsa dictaminó que “toda muerte sospechosa de Covid-19” sería manejada con los mismos mecanismos que en casos confirmados para prevenir diseminaciones.
A inicios de abril, el Minsa dictaminó que “toda muerte sospechosa de Covid-19” sería manejada con los mismos mecanismos que en casos confirmados para prevenir diseminaciones. © Cortesía Agencia Andina

Patrick Wieghardt es uno de los técnicos convocados por la Presidencia del Consejo de Ministros para aportar en la actualización de data. El biólogo computacional también integra, desde mediados del 2020, una iniciativa privada de profesionales voluntarios, llamada OpenCovid-Perú. Desde su portal, procesan, analizan y exponen información pública sobre la evolución de la pandemia. 

“Con la plataforma de datos abiertos OpenCovid-Perú ya damos cuenta desde hace mucho tiempo de un exceso de fallecidos que no son reportados por el Minsa como víctimas de Covid-19. Para explicarlo mejor: prepandemia; es decir, antes de marzo del 2020, fallecían en promedio diario en Perú unas 320 personas por diferentes causas. Esa cifra, hoy en día, con los registros del Sinadef, está oscilando entre los 1.100 y 1.200 fallecidos. Entonces, hay un exceso de 800 a 900 casos, que no implica que todos sean exclusivamente Covid-19, pero sí una gran mayoría”, explica Wieghardt a France 24. 

El analista refiere que las complicaciones del Gobierno para sistematizar correctamente los decesos parten de diferentes factores: problemas de automatización o de corte, y un flujo de trabajo inadecuado para el análisis de grandes y variadas bases de datos. Según precisa, la comisión de iniciativa gubernamental a la que se ha unido con otros investigadores de manera ad-honorem buscará resolver esos nudos y recomendar pautas técnicas al Estado.

Consultado sobre el “acelerador” de los decesos de los últimos dos meses, Wieghardt -al igual que los otros expertos entrevistados en este artículo- apunta a la presencia de las variantes y al descuido en la prevención. 

“Desde OpenCovid, también habíamos identificado indicadores de movilidad de las personas a través de plataformas como Google Maps. Después de la primera ola, la movilidad se incrementó exponencialmente cada día. Luego, vino la segunda ola, que fue principalmente favorecida por los eventos de fin de año y las reuniones familiares. Entonces, yo diría que fue una combinación de tres ingredientes: la alta movilidad, las reuniones de personas y las variantes del virus; aunque de estas últimas no tengamos tanto conocimiento aún porque en el país no hay una alta vigilancia genómica”, comenta. 

Al 27 de abril del 2021, son 596.222 las personas en Perú que ya recibieron dos dosis de vacunas disponibles en el país. En su mayoría, se trata de personal médico y policial en actividad, y adultos mayores. De momento, el Gobierno solo ha logrado la llegada escalonada de lotes de Sinopharm (un millón de dosis) y Pfizer (250.000).

Otros acuerdos de compra y recepción siguen pendientes: más de cuatro millones de dosis adicionales de Pfizer, 14 millones de AstraZeneca y dos lotes de ambas marcas bajo el mecanismo multilateral COVAX Facility. Las negociaciones con otros laboratorios -como Johnson & Jonhson, Moderna, Gamaleya, Curevac o Sinovac- aún no se concretan.

Boletín de noticiasSuscríbase para recibir los boletines de France 24

Lleve las noticias internacionales a todas partes con usted. Descargue la app de France 24