Colombia: en el barrio de Puerto Resistencia, hasta los predicadores marchan

Este es el barrio Puerto Rellena, en Cali, al que los habitantes han rebautizado como Puerto Resistencia, pues es allí donde se concentran las mayores protestas en contra del Gobierno del presidente de Colombia, Iván Duque. Fotografía del 5 de mayo de 2021.
Este es el barrio Puerto Rellena, en Cali, al que los habitantes han rebautizado como Puerto Resistencia, pues es allí donde se concentran las mayores protestas en contra del Gobierno del presidente de Colombia, Iván Duque. Fotografía del 5 de mayo de 2021. © Juan Carlos Zapata / France 24

En la ciudad de Cali, Puerto Resistencia solía ser Puerto Rellena porque allí se vendían intestinos de cerdo. Ahora es un barrio deprimido, donde hay un movimiento de autoorganización que ha sacado a la policía de la zona y que cuenta con el apoyo de los vecinos. Quien sí puede entrar es la minga, y con ella, su guardia indígena. Uno de sus miembros, Duver Campo, está dispuesto a llevar sus postulados y resistencias pacíficas a la primera línea.

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Para entrar en Puerto Resistencia pedimos permiso a la primera fila. Después a la segunda. Y finalmente, entramos con la minga. Los jóvenes preguntan con educación qué medio somos. Desconfían, pero les tranquiliza que se trate de prensa extranjera, acompañada del colectivo indígena.

En la plaza, epicentro de las protestas, el paisaje es revolucionario. Y está organizado. En una estación de policía hay una biblioteca. Grandes pancartas reivindican la resistencia. Tienen una misión médica y ofrecen comida y bebida a los presentes.

Los chicos llevan cascos de moto, ropa deportiva, gafas y pasamontañas. Temen ser registrados con cámaras. Aseguran que esa es su condena de muerte. Uno de los líderes conversa con nosotros. Nos toca el hombro al hablar para contarnos que no pueden más y que no son vándalos, que solo están hartos del presidente Iván Duque y del expresidente Álvaro Uribe, ambos del partido de derecha Centro Democrático. Se ríe de que les llamen guerrilleros; nos muestra que solo tienen piedras para responder a las balas.

Los jóvenes de primera línea son heterogéneos. Los hay más politizados y también quienes simplemente están gritándole a la pobreza diaria, en una ciudad como Cali, donde cerca de un millón de los 2,2 millones de habitantes vive en la pobreza. Así nos lo explica Manuel, quien asegura que si antes de la pandemia tenían poco ahora no tienen nada.

Pero lo más curioso es que cuentan con el apoyo del barrio. Entre actividades artísticas y un camión con un micrófono abierto al público, se cuelan personajes. Un encapuchado predicador terminó su discurso pidiendo disculpas, antes de gritar: “Que viva Colombia ‘jueputas’”. Además, la mayoría de las personas que rodean el politizado camión son vecinos comunes del barrio. Apoyan a la primera línea porque consideran que no vandalizan y que, además, ponen el cuerpo por el colectivo.

Bastones y machetes contra balas, así se defiende la guardia indígena en Cali

Pero si hay un grupo que sabe cómo tejer lazos es la minga. Cerca de 5.000 indígenas han llegado a lo largo de la semana a Cali y aseguran que lo hacen en agradecimiento a la ciudad por ser el “epicentro de la resistencia colombiana”.

Él es Duver Campos, un indígena del pueblo Nasa que hace parte de la guardia indígena que está en Cali, Colombia. Fotografía del 6 de mayo de 2021.
Él es Duver Campos, un indígena del pueblo Nasa que hace parte de la guardia indígena que está en Cali, Colombia. Fotografía del 6 de mayo de 2021. © Juan Carlos Zapata / France 24

La minga indígena tiene por objetivo sacar las prácticas comunitarias de los territorios al exterior. Se desplazan en chivas, unos vehículos de transporte de las zonas rurales, y se hospedan en la Universidad del Valle, la institución pública de Cali. Allí duermen en tiendas de campaña y se autogestionan la alimentación.

Les acompaña la guardia indígena, su mecanismo ancestral de defensa para proteger el territorio y defenderse a sí mismos de los de grupos ilícitos armados e incluso de la fuerza pública. Durante toda la tarde del 5 de mayo estuvimos con Duver Campos, uno de los miembros de la guardia. Él es de Tierradentro, del pueblo Nasa; tiene 36 años, y desde los 15, defiende a su comunidad. “Dicen que estamos aquí para violentar el ambiente, pero no, estamos para acompañar al pueblo”, sostiene.

En su día a día, siguen su actividad normal, de agricultura y tejido social. Sin embargo, en cualquier momento tienen que abandonar todo para defender a la comunidad. Campos nos cuenta que con un bastón y un machete se enfrentan a las balas y minas antipersona.

No teme a la muerte. Para él no existe el fin de la vida, mientras que es consciente de que siempre prevalecerá su legado y su palabra. Duver recuerda cuándo fue por primera vez con su padre al frente, también un guardia indígena. Ese día se dio cuenta que quería iniciar una vida en resistencia. Ahora es el turno de su hijo y esa ilusión se transforma en emoción y preocupación: no quiere que viva lo mismo que las violentadas comunidades de la región del Cauca padecen en Colombia.

Duver Campos también dinamiza actividades de educación en las comunidades. Allí quiere transmitir teorías pacifistas, además de incentivar el tejido comunitario como mejor solución para enfrentarse a las distintas violencias que les rodean, desde la armada, pasando por la estructural y la económica.

A su paso por Puerto Resistencia, Duver Campos inspira respeto y, entre los más jóvenes, admiración. Se pasea haciendo guardia por la zona donde se erige el corazón del barrio comunitario. Los jóvenes que allí resisten conversan con la minga indígena, y finalmente, Campos se sube al camión de los predicadores. Él no ora. Él no se encapucha. Él se muestra al mundo, y grita: “No somos terroristas, somos el pueblo, carajo”.

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