Agustín Vernice: "Si logro estar en una final de un juego olímpico puedo soñar con una medalla"

Captura de pantalla de un entrenamiento de Agustín Vernice.
Captura de pantalla de un entrenamiento de Agustín Vernice. © France 24

El argentino Agustín Vernice tiene 25 años y está clasificado para sus primeros Juegos Olímpicos, en los que competirá en canotaje, en la prueba K1 1.000 (1.000 metros individuales), una exigente prueba de velocidad. Fue campeón mundial sub23 en 2017 y doble oro en los Panamericanos de Lima en 2019. Es de Olavarría, una ciudad en el centro de la provincia de Buenos Aires, donde nació su amor por esta disciplina en la que ahora representará a su país en Tokio.

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Serán sus primeros Juegos Olímpicos y aunque la competencia es dura, piensa que puede aspirar a un podio: "En los últimos tres campeonatos del mundo, en dos estuve en final, entonces estar en la final de un juego olímpico se puede pensar tranquilamente, y si logro estar en una final de un juego olímpico puedo soñar con una medalla".

En 2017 fue campeón en el mundial sub23, con oro en la competencia en la que participará en Tokio, K1 1.000 (1.000 metros individual) y con bronce en K1 500 (500 metros individual). Y en 2019 en Lima, Perú, obtuvo doble oro, en K1 1.000 y en K2 1.000 (esta última en dupla con Manuel Lascano).

Pero los Juegos Olímpicos siempre tienen un peso distinto, otra carga. "Yo creo que el nombre por sí solo, del evento en sí, de Juegos Olímpicos, hace que uno lo magnifique un poco", le dijo Vernice a France 24 en Español en una pausa de su entrenamiento. "Pero sacando eso, el hecho de que sean cada cuatro años las competencias y que la cantidad de plazas sea tan acotada hace que uno lo mire de otra manera y no querés desaprovechar esa oportunidad".

Captura de pantalla de un entrenamiento de Agustín Vernice.
Captura de pantalla de un entrenamiento de Agustín Vernice. © France 24

En resumen: "Querés salir a competir y hacerlo lo mejor posible y eso creo que lo hace más gratificante aún: tener una bala y aprovecharla". Además, está la motivación de llevar los colores de su país: "Para mí es un orgullo tremendo, es inexplicable, lo soñé desde chico; y bueno, tener la oportunidad de escuchar el himno nacional cuando gano una competencia, me llena de orgullo ver la bandera de mi país".

"De no haber sido por los testeos, nunca me hubiese enterado de que tenía Covid"

Los Juegos se han hecho esperar, aplazados de 2020 a 2021 a causa de la pandemia de coronavirus, que le cambió los planes a todo el planeta. "Cuando me enteré de que los Juegos Olímpicos estaban postergados, en principio no me lo tomé tan mal, porque bueno, entendía el contexto mundial en el que estábamos y no me pareció mal", dijo Vernice.

En julio de 2020 le tocó a él atravesar el Covid-19, aunque fue asintomático. "Me testearon para ir a entrenar a (la provincia de) Tucumán, porque tenía una concentración con el seleccionado nacional", contó. "Me hicieron dos testeos previos al viaje, el primero me dio negativo y el segundo me dio positivo, pero de no haber sido por los testeos, nunca me hubiese enterado de que tenía Covid". No tuvo secuelas físicas y, de hecho, dijo que lo "afectó más el tiempo de estar parado, las dos semanas sin entrenar, que el virus en sí, no creo que eso me haya afectado porque lo cursé de manera asintomática".

Antes de los Juegos Olímpicos recalará en Hungría, donde participará del campeonato mundial, del 14 al 16 de mayo, su primer torneo internacional tras 17 meses, algo que le pesa a todos los deportistas: la falta de competencia es también parte de las consecuencias de la pandemia. Por eso Hungría es clave. "Me sirve de entrada en calor, por así decirlo, para los Juegos, eso ayuda un montón también, ayuda a que los entrenamientos se hacen más llevaderos", dijo Vernice. "La motivación es otra, ¿no?, cuando uno tiene el objetivo cerquita".

"Con el dinero de cada merienda que me daban para comprar algo en la tarde me alquilaba un kayak"

Sus entrenamientos son extenuantes, tres o cuatro sesiones diarias, de lunes a sábado, que combinan salidas al agua, gimnasio y en ocasiones correr, andar en bicicleta o nadar. "Sacrificios obviamente que hay que hacer", dijo Vernice, "pero bueno, en función de lo que uno ama y de un objetivo, no me gusta llamarlos como tal". En ese sentido, agregó: "Supongo que cuando termine el deporte me voy a dedicar a otra cosa y también va a ser de la misma manera y agradezco al deporte que me haya enseñado a temprana edad que es necesario hacer cosas que no nos gustan para ir más allá para cumplir con los objetivos".

Por otra parte, aseguró que esas horas de entrenamiento conllevan un rico proceso de introspección: "Te permite conocerte, y también te ayuda para el día a día, para un montón de cosas, uno conversa con uno mismo muchísimo y se autoanaliza, y eso está buenísimo". Sirve para aprender, por ejemplo, dónde está el límite y, a partir de eso, "ir más allá, romper nuevas barreras".

El amor por este deporte comenzó en el Club Estudiantes de Olavarría, en la localidad del mismo nombre, donde nació y creció, que se encuentra en el centro de la provincia de Buenos Aires. En su familia se practica más el automovilismo, pero él vio a gente remando en kayak en el agua y le gustó. Empezó como un juego, un verano, cuando tenía 12 años. "Todo a espaldas de mi mamá y mi papá, porque cuando se los había comentado no les había gustado, porque por desconocer el deporte pensaban que era peligroso, así que con el dinero de cada merienda que me daban para comprar algo en la tarde me alquilaba un kayak, así que volvía con hambre".

Después, con el tiempo, fue llegando el salto al alto rendimiento, que lo llevó a mejorar los tiempos y conseguir subirse a podios, colocarse medallas doradas y cambiar la relación con el deporte. Un deporte que a simple vista parece simple, pero no lo es: "Coordinativamente es un deporte que es muy complejo, entonces en una competencia mientras vas pensando en la estrategia que tenés planeada, en cómo distribuir el esfuerzo, cómo leer lo que le va pasando al cuerpo, ver hasta dónde podés ir, tenés que a su vez ir pensando en que técnicamente tenés que mantener una línea, algo trabajado, y eso hace que tenes que tener la capacidad de disociar unas cosas y coordinar todo a la vez para que salga a la perfección".

Hoy vive en Tigre, en el gran Buenos Aires, a unos 30 kilómetros al norte de la Ciudad de Buenos Aires, una zona con ríos y arroyos, donde entrena junto con otros palistas argentinos. Y sigue motivado por lo mismo que lo acercó al deporte inicialmente: "Tengo como una obsesión; me encanta, me encanta estar al lado del agua, y obviamente que sacando la parte del alto rendimiento en sí, el hecho de estar dentro del agua en un kayak tan finito, es muy lindo".

"A veces uno se toma el tiempo de apreciar eso cuando está adentro, previo a un entrenamiento, lo que sea", dijo a modo de reflexión final. "A veces cuesta, obviamente, porque con el día día a todos creo que nos cuesta disfrutar de lo que hacemos todo el tiempo; pero bueno, a veces por ahí te detenés y lo disfrutás".

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