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Mayoría absoluta: Ardern logra un triunfo histórico en las elecciones de Nueva Zelanda

La primera ministra neozelandesa Jacinda Ardern saborea su victoria electoral en el país, este 17 de octubre de 2020.
La primera ministra neozelandesa Jacinda Ardern saborea su victoria electoral en el país, este 17 de octubre de 2020. © Michael Bradley / AFP

La primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern, obtuvo este sábado una victoria aplastante en los comicios generales del país. No solo ha revalidado su cargo, sino que ha permitido al Partido Laborista una mayoría absoluta en el Parlamento, algo que nunca se había dado desde la reforma electoral de 1996. Su buena gestión de la pandemia y su fuerza para enfrentar otras crisis inéditas, la han alzado en estas "elecciones Covid-19", como ella misma ha bautizado.

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Si alguien ha vivido un sábado memorable, esa es Jacinda Ardern. Su formación, el Partido Laborista, de carácter progresista, ha revalidado su poder en las elecciones nacionales de Nueva Zelanda, gracias a su labor como primera ministra los últimos tres años y su reciente gestión −elogiada internacionalmente− de la pandemia.

La cuestión es que no es solo una victoria electoral, sino el cómo la ha obtenido. Ya antes de alcanzar el 95% del escrutinio, los laboristas se sabían triunfadores, con el 49% de sufragios. Traducidos, son 64 escaños que derivan en un hecho histórico: la mayoría absoluta en el Parlamento para gobernar el país sin necesidad de alianzas, con un resultado además que es el mejor de los laboristas desde 1946.

"Nueva Zelanda ha mostrado esta noche el mayor apoyo al Partido Laborista en al menos 50 años", celebró la mandataria en su discurso frente a los seguidores de la ciudad de Auckland. Y esa es la gran hazaña. Porque desde la reforma electoral del año 1996, ningún partido político neozelandés había conseguido controlar 64 de los 120 asientos del Parlamento. Todos los primeros ministros debían reagruparse con otros grupos para poder dirigir en coalición. Ahora ya no será necesario.

"Gracias a todas las personas que nos han entregado su voz, que han confiado en nosotros para seguir relanzando a Nueva Zelanda (...) Tras este resultado, tenemos el deber de acelerar nuestra respuesta, comenzaremos desde mañana", expresó la reelegida primera ministra al ser interrogada sobre reformas sociales y ambientales.

Hasta la oposición festeja a Ardern, reconocida durante la crisis sanitaria

En votos, al opositor Partido Nacional −rostro de los sectores conservadores, tanto del campo, como la ciudad− no le ha quedado de otra que rendirse. Por lo general, siempre se había alternado el poder con los laboristas. Pero esta vez logró apenas el 26,9% de las papeletas, ergo 35 parlamentarios, que son 20 menos que aquellos obtenidos en los comicios pasados y que además son los peores desde 2002.

Este, no por pandémico, sino por estrategia, no ha sido el año del partido de Judith Collins, llegando a cambiar hasta tres veces de líder. Por esa razón, Collins felicitó a Ardern por sus resultados "excepcionales" y admitió su propia derrota, incluso antes de los resultados finales: "Felicidades a la primera ministra Jacinda Ardern, a quien he llamado por teléfono porque, en mi opinión, son resultados excepcionales para el Partido Laborista".

La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, reclama la victoria sobre la rival Judith Collins, en el evento de la noche de las elecciones del Partido Laborista en Auckland, Nueva Zelanda, el 17 de octubre de 2020.
La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, reclama la victoria sobre la rival Judith Collins, en el evento de la noche de las elecciones del Partido Laborista en Auckland, Nueva Zelanda, el 17 de octubre de 2020. © AAP Image / David Rowland / Reuters

La presidenta del grupo progresista de centro-izquierda, Claire Szabó, es tal vez de las más conscientes del éxito de esta campaña. En 2017, relacionó al partido con la simpatía hacia Ardern bajo el lema 'Jacindamanía'. Este 2020, la guinda para ellos ha sido la buena gestión de la crisis sanitaria, al punto que la primera ministra tildó estas elecciones de 'elecciones del Covid-19'.

Con cinco millones de habitantes, Nueva Zelanda ha registrado poco más de 1.800 casos y 25 fallecimientos por Covid-19. La Organización Mundial de la Salud llegó a aplaudir la eficiencia del Gobierno, mientras que Ardern −quien tuvo que aplazar un mes los comicios− ha insistido a nivel país en la necesidad de "arrimar el hombro en los periodos inciertos", señalando que la segunda mitad de su mandato ha estado marcado por crisis sin precedentes en el archipiélago.

Una imparable ha sido el virus, que le ha valido la confianza y el respaldo popular. La otra, con la que ganó una imagen de conciliación, tiene que ver con el atentado de 2019 contra dos mezquitas de Christchurch. Un acto supremacista que se cobró la vida de 51 fieles, y que recordó en campaña como signo de un "creciente mundo polarizado". "Los comicios no siempre son buenos para unir a gente, pero tampoco tienen que dividir", dijo la mandataria, prometiendo gobernar para todos.

Una erupción volcánica y dos referendos sobre el cannabis y la eutanasia

Con 40 años, Jacinda Ardern ha hecho prueba de su fuerza, con la que se espera pueda reanimar la economía, que aún sufre los efectos de la recesión de 2008. Ya sin el peso de la coalición que formó en 2017 con el Partido Verde y el nacionalista Nueva Zelanda Primero, se prevé que Ardern tenga más margen para completar su promesa de viviendas asequibles, energías limpias o el fin de la pobreza infantil.

De hecho, esa es una de las críticas al liderazgo laborista que, de acuerdo con la experta de la Universidad de Auckland Jennifer Lees-Marshment, consultada por la agencia EFE, "no ha sido transformador" a pesar de venderse como tal dentro de su plan de recuperación y de reformas sociales (a menudo frenado por el movimiento populista Nueva Zelanda Primero).

La duda es si, pese a no necesitarlos, el Partido Laborista abrazará otros partidos, como el Verde −que se ha hecho con el 7,5% de los votos− para hacer realidad su defensa del medio ambiente y del bienestar. Son diez escaños con los que la líder verde Marama Davidson ya le ha tendido la mano para tener un "Gobierno fuerte y verdaderamente progresista".

La mezquita de Al Noor, que se encuentra frente al campo de cricket Hagley Oval, en Christchurch, Nueva Zelanda.
La mezquita de Al Noor, que se encuentra frente al campo de cricket Hagley Oval, en Christchurch, Nueva Zelanda. © Sanka Vidanagama / AFP

En este "mundo polarizado", tal vez no requerirá de escaños, pero sí de una fuerza extra. Y es que, en los últimos años, ha tenido que gastar mucha de esta para tratar el control de armas a raíz del ataque terrorista o enfrentar en diciembre pasado una erupción volcánica, que causó 21 muertos y decenas de heridos graves. Además ha pasado por dos referendos, uno sobre la legalización del cannabis con fin recreativo y otro sobre la eutanasia, cuyos resultados no se sabrán hasta este 30 de octubre.

"Sea cual sea la crisis que tengamos que atravesar, tendréis la garantía de que daré todo lo que tengo (...) incluso si eso implica un enorme sacrificio", dijo esta semana la primera ministra.

Con ella, Nueva Zelanda tendrá tres años más de Gobierno, en un Parlamento en el que el partido liberal ACT ha cosechado un 8% de los sufragios (diez escaños), y el Partido Maorí ha obtenido un asiento, desbancando a Nueva Zelanda Primero, que saldría finalmente del escenario legislativo.

Con AFP y EFE

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