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Filipinas sufre con dureza las consecuencias de la pandemia

Filipinas sufre desde hace ocho meses uno de los confinamientos más duros y largos del mundo.
Filipinas sufre desde hace ocho meses uno de los confinamientos más duros y largos del mundo. © ARTE

Filipinas vive uno de los confinamientos más largos y estrictos del mundo desde hace ocho meses. El autoritarismo de Rodrigo Duterte ha hecho que en las calles exista prácticamente un Estado policial que controla en extremo a los ciudadanos. Una excepcionalidad que, sin embargo, no ha impedido que el virus siga avanzando en el archipiélago.

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Filipinas vive uno de los confinamientos más largos y estrictos del mundo. Con la excusa de la pandemia, el presidente Rodrigo Duterte ha implementado un sistema de restricciones a la libertad y de toques de queda. La Policía y el Ejército se encargan cada noche de detener y sancionar con severidad a todos aquellos que salgan de sus hogares sin justificación.

A pesar de ello, Filipinas no ha conseguido frenar el avance del virus, que tiene al borde del colapso a muchos hospitales de las ciudades más pobladas de este archipiélago de 106 millones de habitantes. El personal de salud tiene que hacer frente a diario a condiciones poco óptimas para desarrollar su trabajo y a una campaña de odio fomentada desde las redes que les acusa de no trabajar lo suficiente. 

El confinamiento ha traído también graves consecuencias sociales y económicas. Casi 27 millones de filipinos están en paro por culpa de los cierres estrictos y esa situación, unida a la falta de ayudas del Gobierno, causa hambre y un aumento de la población de habitantes de calle. Además, la complicada coyuntura ha hecho que la tasa de suicidios en el país aumente significativamente. 

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