Tres días de protestas contra el confinamiento en Líbano: un muerto y más de 300 heridos

Manifestantes protestan contra el cierre y el empeoramiento de las condiciones económicas en Trípoli, en medio de la propagación de la enfermedad del coronavirus (COVID-19), Líbano el 28 de enero de 2021.
Manifestantes protestan contra el cierre y el empeoramiento de las condiciones económicas en Trípoli, en medio de la propagación de la enfermedad del coronavirus (COVID-19), Líbano el 28 de enero de 2021. © REUTERS / Omar Ibrahim

Desde hace tres días, miles de personas salen a las calles de Trípoli para rechazar el confinamiento total que entró en vigor desde el pasado 14 de enero; un encierro inaguantable para muchos en el contexto de crisis económica del país.

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En el hospital Nini de Trípoli murió un ciudadano de 30 años, herido e ingresado el miércoles en la noche, tras los enfrentamientos entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad en la ciudad septentrional, cuando un grupo de personas intentaban tomarse un edificio del gobierno.

Entre tanto, la Cruz Roja libanesa confirmó que más de 300 personas resultaron heridas en las confrontaciones de los últimos días. Algunas de las lesiones obligaron a trasladar a los afectados a varios hospitales después de intercambios con piedras y bombas caseras contra los agentes de la policía, que respondieron con gases lacrimógenos y cañones de agua.

La situación de Líbano, que estalló en movilizaciones contra la corrupción de la élite política desde 2019 y víctima de una crisis financiera sin precedentes, va de mal en peor. 2020 fue el año del recrudecimiento de los problemas económicos, la inestabilidad política por cuenta de la pandemia de Covid-19 y la caída histórica de la moneda.

Cuando se creía que las cosas no podían empeorar, el pasado 4 de agosto explotó el Puerto de Beirut, destruyendo gran parte de la ciudad y dejando más de 200 muertos, más de 6.000 heridos y decenas de desaparecidos.

Con esos antecedentes, la decisión del gobierno interino de imponer un aislamiento total el 11 de enero y luego de extenderlo hasta el 8 de febrero, fue más que un argumento para que los ciudadanos, desesperados por la falta de recursos, se tomaran de nuevo las calles.

Un 75% de los libaneses necesita ayuda financiera

En Líbano habitan 7 millones de personas. El pequeño país ya superó 285.000 positivos de Covid-19 y las muertes van en 2.477, según reportes de la Organización Mundial de la Salud. 

El sistema sanitario no dio abasto y el remedio para intentar frenar los contagios de Covid-19 fue imponer las medidas más fuertes hasta ahora vistas en el territorio mediterráneo, pero sin ayudas suficientes para miles de familias que dependen de los ingresos diarios para vivir.

Ese es el caso de Daoud Temash, quien se hizo famoso porque fotos suyas buscando entre la basura cualquier cosa para vender aparecieron en las noticias.

"Antes podía conseguir un sándwich por un máximo de 4.000 libras libanesas (alrededor de 0,5 dólares), pero ahora es por 10.000".

Casado y con dos hijos, Temsah percibía unos dos dólares al día por trabajar en una cafetería, pero con los cierres por la pandemia quedó desempleado hace seis meses. Su historia, ahora conocida por los locales, llevó a donaciones que agradece: "Algunas personas donaron comida, otras nos dieron leche y pañales para mi hijo, y algunas personas prometieron arreglar la casa, traerme un refrigerador".

Pero como él, un grueso de la población depende del día a día. El ministro interino de Asuntos Sociales y Turismo, Ramzi Musharrafieh, dijo a los medios locales esta semana que el 75% de los libaneses necesitaban ayuda financiera.

Y es que el Gobierno da ayudas a apenas 230.000 familias y son entregas de dinero mensuales de solo 400.000 libras libanesas, equivalentes a menos de 50 dólares.

La ayuda extranjera, estancada

La libra libanesa ha perdido más del 80% de su valor desde 2019, cuando el remolino de la crisis financiera y la inestabilidad política llevó al levantamiento social.

Hoy las cosas cuestan más del doble y el flujo de dinero es más escaso. Así que el cierre de establecimientos de primera necesidad por el aislamiento, como supermercados, es apenas una preocupación que se suma a la lista de quienes ni siquiera pueden aspirar a comprar lo básico. Y solo está autorizada la entrega de productos a domicilio.

Pero no hay a la vista un cambio de circunstancias. El primer ministro designado Saad Hariri sigue sin formar gobierno por desacuerdos en el gabinete con el presidente Michel Aoun. Los políticos, incapaces de sacar adelante una nueva administración están frenando la prometida ayuda financiera desde el exterior. Francia encabeza esa promesa.

Lejos de hallar una solución, Hariri condenó las protestas. "Nada puede justificar el ataque a la propiedad privada, los mercados y las instituciones públicas", dijo en su cuenta de Twitter.

Con Reuters y EFE

 

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