Fukushima sigue investigando los efectos de la radiactividad diez años después del accidente

Imagen de archivo. Los tanques de almacenamiento de agua tratada se ven en la central nuclear de Fukushima Daiichi, afectada por el tsunami, en la ciudad de Okuma, prefectura de Fukushima, Japón, el 1 de marzo de 2021.
Imagen de archivo. Los tanques de almacenamiento de agua tratada se ven en la central nuclear de Fukushima Daiichi, afectada por el tsunami, en la ciudad de Okuma, prefectura de Fukushima, Japón, el 1 de marzo de 2021. © Sakura Murakami / Reuters

Diez años después del accidente de la central nuclear de Fukushima Daiichi, las autoridades japonesas aseguraron el miércoles que el país sigue investigando los posibles efectos de la radiactividad en la salud de los habitantes de la región. Tras el peor accidente nuclear desde la catástrofe de Chernóbil, la incidencia de cáncer en la zona aumentó, aunque un informe emitido por Naciones Unidas desvincula las emisiones radiactivas con el aumento de casos de la enfermedad.

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Hace diez años, el 11 de marzo de 2011 se desencadenó la “triple tragedia” nipona: un violento terremoto de magnitud 9, seguido por un tsunami que arrasó la costa oriental y dejó unos 18.000 muertos y desaparecidos, y los daños causados por las olas gigantes en los reactores de la central nuclear de Fukushima, que provocaron la fusión total o parcial de tres de ellos y forzaron a evacuar a unas 165.000 personas.

El suceso conmocionó a la población. Y son muchos los que todavía tienen miedo de las consecuencias en la salud tras la catástrofe en la región, muy estigmatizada. En esta línea, el gobierno japonés aseguró el miércoles que las autoridades de Fukushima siguen investigando los potenciales efectos de la radiactividad en la salud. 

Imagen de archivo. La gente camina en una zona que fue dañada por el terremoto y el tsunami del 11 de marzo, en Miyako, prefectura de Iwate, el 5 de abril de 2011.
Imagen de archivo. La gente camina en una zona que fue dañada por el terremoto y el tsunami del 11 de marzo, en Miyako, prefectura de Iwate, el 5 de abril de 2011. © Toru Hanai / Reuters

El portavoz del gobierno, Katsunobu Kato, aseguró en una rueda de prensa que el objetivo de la investigación es "poder responder a las preocupaciones de la gente" sobre el asunto. Además, Kato añadió que "garantizar la salud de los residentes es una de las prioridades de la reconstrucción y recuperación" de la damnificada área.

Y lo es cierto es que, desde entonces, el gobierno nipón no ha escatimado en recursos para intentar reactivar la zona. En 2019, el Ejecutivo invirtió más de 2.000 millones de dólares en carreteras, bibliotecas y demás centros públicos.

Naciones Unidas desmiente la relación entre la radiactividad y el aumento de cáncer

El anuncio de las autoridades japonesas llega un día después de que Naciones Unidas publicara un informe que señala que no existen evidencias que vinculen los residuos radiactivos liberados por la fusión nuclear triple en la central de Fukushima Daiichi con el aumento de la incidencia de la enfermedad. La desvincula en concreto del acusado aumento de casos de cáncer de tiroides entre los jóvenes de la región, que achaca a otros factores.

El informe, redactado por el Comité Científico de la ONU sobre los Efectos de la Radiación Atómica (Unscear), relaciona el aumento de casos de cáncer de tiroides con el desarrollo de los métodos ultrasensibles de detección de problemas en la glándula, que es muy probable que hubieran pasado desapercibidos en épocas anteriores.

“El comité sigue considerando que es poco probable que se puedan discernir efectos futuros sobre la salud directamente relacionados con la exposición a la radiación", indicó Unscear en el comunicado.

Es una conclusión similar a la que llegaron los estudios encargados por el gobierno nipón en 2017, que no pudieron asentar una correlación entre la radiactividad y este cáncer. No obstante, estos apuntaban que es necesario un seguimiento a largo plazo para extraer conclusiones más fiables.

La fuerte estigmatización de la región 

El miedo, la estigmatización y los rumores al respecto son muy grandes. Esa es la razón por la que al menos 36.000 de las personas que se vieron obligadas a evacuar no han vuelto a la zona y no tienen intención de hacerlo, aunque se levante la evacuación.

Fenómeno que solo ha acelerado la despoblación de la zona. Desde 2011, la población de Fukushima se ha reducido en un 10% –en comparación con el descenso del 2% en Japón– y los residentes mayores de 65 años representan casi un tercio de la población.

Además del problema demográfico, los agricultores y pescadores de la zona han tenido que lidiar con los prejuicios de los consumidores. Desde el gobierno central, se ha intentado proyectar la imagen de una región que se está recuperando y que ha sido empañada por la desinformación y la “marca Fukushima”.

"Es indispensable acabar con los prejuicios y la discriminación que no están basados en la ciencia", dijo el ministro de Reconstrucción de Japón, Katsuei Hirasawa, durante una rueda de prensa.

Es difícil digerir y contar con sus matices la tragedia de los desplazados, los36.000 que a día de hoy siguen desarraigados de su tierra por la radiactividad; o los minutos de incertidumbre que se convirtieron en días, y para muchos japoneses de las prefecturas de Fukushima, Miyagi o Iwate, en años. Ahora, muchos se limitan a rememorar a las víctimas como muestra de respeto y miran el futuro con esperanza.  

Incertidumbre sobre el desmantelamiento de la central nuclear

El proceso de desmantelamiento de la central nuclear sigue avanzando lentamente. A finales de febrero se completó la retirada del combustible nuclear usado almacenado en las piscinas de refrigeración del reactor 3. Pero todavía falta la extracción de los reactores 1 y 2, donde hay unas mil unidades de combustible.

Aunque lo más difícil sigue pendiente: extraer cerca de 900 toneladas de combustible fundido mezclado con otros escombros altamente radiactivos. La empresa encargada de la planta, Tepco, dijo que en el mejor de los casos y con una tecnología muy avanzada la tarea llevaría más de 30 años.

También se tendrá que decidir qué hacer con los más de 1,2 millones de agua contaminada almacenados en la central. Esta agua contaminada, que sigue conteniendo tritio tras la filtración, se guarda en cientos de tanques en la planta, que empiezan a saturarse. Cada día se añaden 170 nuevas toneladas y la Tepco ha anunciado que para el 2022 se quedará sin espacio.

 

Trabajadores caminan cerca de los edificios de los reactores 2 y 3 de la central nuclear de Fukushima Daiichi, afectada por el tsunami, en la localidad de Okuma, prefectura de Fukushima, Japón 1 de marzo de 2021.
Trabajadores caminan cerca de los edificios de los reactores 2 y 3 de la central nuclear de Fukushima Daiichi, afectada por el tsunami, en la localidad de Okuma, prefectura de Fukushima, Japón 1 de marzo de 2021. © Sakura Murakami / Reuters

 

Ante la situación, tanto la empresa como las autoridades optan por tratar de nuevo el agua y verterla al mar. Aunque el Gobierno todavía no ha hecho oficial esta información, políticamente muy sensible. Tanto los ecologistas como los pescadores de la zona se niegan rotundamente a que su reputación se pueda ver más dañada con ese movimiento.

La energía nuclear en la isla está en crisis y solo proporcionó el 6% de la electricidad del país el año pasado. Para alcanzar la neutralidad climática en el 2050, el Ejecutivo planea reactivar alguna de las 54 plantas nucleares de Japón, pero la falta de confianza de la población y su mala reputación lo están dificultando.

Con EFE, Reuters y medios locales

 

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