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Tokio 2020, un sueño marcado por la pandemia

La pesista francesa Anaïs Michel entrena en el Insep, un centro de alto rendimiento de París.
La pesista francesa Anaïs Michel entrena en el Insep, un centro de alto rendimiento de París. © France 24

El aislamiento ha convertido la preparación para los Juegos Olímpicos en todo un reto para los deportistas en el mundo. En algunos casos, se abrió una brecha entre los atletas según el país donde los haya sorprendido el confinamiento.

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Los Juegos Olímpicos siempre han sido esquivos a Anaïs Michel. Esta pesista francesa siempre se ha quedado a las puertas de ese prestigioso certamen, hasta el 2020. En medio de la pandemia de Covid-19, Anaïs siente más cerca que nunca la posibilidad para ir a sus primeros juegos.

“Por primera vez, la clasificación (para los Juegos Olímpicos) es individual y soy la mejor de mi categoría”, cuenta desde el Insep, el centro de alto rendimiento donde se entrena desde hace dos meses.

Con 32 años, los de Tokio serían sus primeros Juegos Olímpicos, marcados por los dos meses que se tuvo que entrenar en el campo para cumplir con el aislamiento.

Lejos de Europa, en Caracas, José Carrasco se entrena en el patio de su casa. Es el capitán de la selección venezolana de voleibol. Su equipo consiguió clasificar de manera agónica a Tokio en el preolímpico de Chile en enero, pero desde entonces no se han vuelto a reunir.

El confinamiento les ha impedido entrenarse apropiadamente y, además, también le ha negado la oportunidad a José de viajar al extranjero para aceptar alguna de las ofertas que tiene para jugar. “Lamentablemente aquí en Venezuela estamos muy atrasados, no tenemos un sistema que permita al atleta de alto rendimiento poderse entrenar. Hasta ahora, (después de) cuatro meses, estamos todavía esperando”, afirma.

El venezolano José Carrasco, capitán de la selección de voleibol, comparte con su hija en Caracas.
El venezolano José Carrasco, capitán de la selección de voleibol, comparte con su hija en Caracas. © France 24

En Colombia, el aislamiento de Sandra Galvis es muy estricto. Esta marchista lleva desde marzo confinada en su casa por los peligros que el Covid-19 podría tener sobre ella y su familia. “Estoy cerca de mis abuelitos, de muchas tías que están en riesgo, entonces por eso también nos cuidamos muchísimo”, explica.

Sandra cuenta con la tranquilidad de ya tener la marca mínima para Tokio aunque se muestra preocupada por el avance de sus rivales en el viejo continente. “Creo que sí es algo de desventaja”, dice.

Sueños en medio de una brecha que marca la preparación para el evento deportivo más prestigioso del mundo y que desde el Comité Olímpico Internacional quieren organizar como la victoria de la humanidad sobre el coronavirus.

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