La mascarilla y su peligrosa politización en las presidenciales de EE. UU.

La pugna política en torno al uso o no de las mascarillas en Estados Unidos se ha recrudecido durante las elecciones presidenciales.
La pugna política en torno al uso o no de las mascarillas en Estados Unidos se ha recrudecido durante las elecciones presidenciales. © France 24

En unos comicios marcados por la pandemia del nuevo coronavirus, el uso o no de la mascarilla se ha convertido en una acción política en Estados Unidos, donde cada vez es más notoria una división entre aquellos que han sido seducidos por las promesas económicas de Donald Trump y los que se suman al llamado de Joe Biden para cambiar el rumbo. El trasfondo: el debate sobre la libertad y la vida de millones de estadounidenses.

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El 7 de octubre y tras pasar tres noches ingresado en el hospital militar Walter Reed como positivo por Covid-19, el presidente estadounidense Donald Trump se trasladó a la Casa Blanca, donde su primera acción fue quitarse la mascarilla ante los medios de comunicación. La imagen no pasó desapercibida, fue replicada en todo el mundo. 

Si bien es una más de las polémicas acciones del presidente, esta se podría interpretar como el resumen de un año electoral en el que el mandatario ha optado por minimizar el impacto de una pandemia que ha infectado a casi 8 millones de estadounidenses, matado a 217.000 y contraído la economía del país en un 4,3%. 

Y es que si 2020 se preveía como un año electoral intenso, la llegada del Covid-19 ha convertido a EE. UU. en un ring donde se enfrenta el escepticismo de Trump y su preferencia por la economía a la defensa acérrima de la vida y las normas sanitarias de Joe Biden. El resultado: una polarización en la que hasta el hecho de portar o no una mascarilla se ha convertido en un mensaje político. 

El tapabocas, más popular entre demócratas que republicanos

Con el paso de los meses, el uso del tapabocas se ha convertido en un elemento de división. Aunque los sondeos reflejan que la mayor parte de los estadounidenses aprueba el uso de la mascarilla, especialmente entre simpatizantes demócratas, numerosos ciudadanos, alineados con frecuencia a las bases republicanas, se niegan al uso obligatorio del tapabocas. Y hacen alarde de ello. 

Un sondeo del Pew Research Center refleja que el conflicto ha escalado a un nivel partidista: mientras un 63% de los demócratas apoya el uso de mascarillas, tan solo un 29% de los republicanos lo hace, algo que se ha evidenciado también en numerosos actos de campaña de Trump, donde muchos de sus asistentes se niegan a llevar una mascarilla. 

Esta división se ha hecho notoria en la campaña. Mientras Biden promete hacer "todo lo posible" para regular el uso de los tapabocas, republicanos de alta índole se ha mostrado reacios a su utilización, entre ellos Trump, quien se ha burlado en distintas ocasiones de su oponente por hacerlo y hasta llegó a insinuar que algunos ciudadanos usaban mascarillas para mostrar un rechazo a su mandato.

Aumentan las acciones contra el uso de mascarillas entre simpatizantes de Trump

En medio del choque de discursos, algunos hechos han llamado la atención: tiendas que rechazan a los clientes con tapabocas "quítate la mascarilla o ve a otro lugar", decía un mensaje colgado en un negocio en Kentucky, o clientes que han respondido violentamente en tiendas o restaurantes al ser increpados por no llevar una mascarilla. 

Paralelamente, en los últimos meses también se han desarrollado múltiples manifestaciones en contra del uso obligatorio de las mascarillas en diversos estados como Nevada, Utah, Wisconsin, Washington o Florida, con lemas de "El Covid es un engaño".

Para Adrián Verbel, consultor en Salud Pública e investigador del Hospital Universitario de Basel, esa posición respecto al uso de la mascarilla responde a una voluntad de la Admnistración Trump "de alinearse con su base política" entre la cual abunda, según el experto, "una alta incredulidad en el coronavirus y en la severidad de la pandemia" que se retroalimenta con el discurso del mandatario.

El manifestante Ric Hulshoff sostiene un cartel durante una manifestación contra el uso de mascarillas y en apoyo al candidato Donald Trump en Las Vegas, Nevada, el 22 de agosto de 2020.
El manifestante Ric Hulshoff sostiene un cartel durante una manifestación contra el uso de mascarillas y en apoyo al candidato Donald Trump en Las Vegas, Nevada, el 22 de agosto de 2020. © Bridget Bennett / AFP

"Es una pandemia falsa creada para destruir EE. UU.", dijo un partidario de Trump en un mitin en Michigan cuando un reportero le preguntó por qué no llevaba mascarilla. Otras frases como "la gente muere de gripe todos los años", pronunciada por el presidente en múltiples ocasiones, se ha convertido también en una constante entre sus seguidores.

El dilema entre las libertades individuales y la salud colectiva

La mayoría de quienes se niegan a utilizar mascarillas apelan a una vulneración de sus libertades individuales. La abogada republicana Marili Cancio, que hace unos meses contrajo Covid-19 y quien personalmente asegura usar mascarillas en espacios públicos, apela sin embargo a que "las personas puedan decidir por sí mismas" si ponerse o no la mascarilla.

Este punto de vista lo comparte Bertica Cabrera, de la organización Latinos for Trump, que considera que el uso de la mascarilla se trata de "una decisión muy personal" y señala, que, por ejemplo, en la mayoría de los mítines del presidente se toma la temperatura a todos los asistentes antes de entrar.

Un voluntario revisa la temperatura de un partidario del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, antes de participar en un mitin de campaña electoral en el Aeropuerto Internacional Orlando Sanford en Sanford, Florida, Estados Unidos, el 12 de octubre de 2020.
Un voluntario revisa la temperatura de un partidario del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, antes de participar en un mitin de campaña electoral en el Aeropuerto Internacional Orlando Sanford en Sanford, Florida, Estados Unidos, el 12 de octubre de 2020. © Ricardo Arduengo / Reuters

"Los científicos dicen que es bueno tener una máscara puesta pero tienes que ver dónde te la vas a poner, si estás sola en tu carro o estás montando bicicleta no es bueno tener la máscara puesta (...) Yo personalmente no uso la mascarilla, la uso si voy a ir a una tienda, si van a estar respirando al lado mío", dice Cabrera.

Carlos Espinal: "Es una decisión un poco egoísta no pensar en la comunidad"

Si bien al inicio de la pandemia las autoridades sanitarias de EE. UU. desaconsejaron el porte en masa de mascarillas para evitar una escasez de estos elementos que dejara indefenso al personal sanitario, la Organización Mundial de la Salud recomendó meses después su uso generalizado como una de las principales formas de frenar el contagio hacia otros. 

Ahora múltiples expertos deslegitiman los llamados al uso voluntario y los argumentos de las libertades individuales debido a que estos elementos, si bien sirven para filtrar el aire y limitar el paso de partículas contaminantes, están diseñados principalmente para evitar la emisión de salpicaduras de saliva que puedan propagar las enfermedades.

"Es una decisión un poco egoísta no pensar en la comunidad. Si yo me protejo, protejo a la comunidad, pero si me infecto voy a seguir infectando a la comunidad (...) lo más importante no es solamente la protección individual, si no la protección colectiva", señala el epidemiólogo Carlos Espinal, director del Global Health Consortium de la Universidad Internacional de Florida.

La economía, la eterna promesa que eclipsa la salud pública

Concentrado en mantener a flote la economía del país, cuyo auge le aseguró una alta popularidad durante años, Trump ha asegurado en reiteradas ocasiones que el virus "simplemente desaparecerá" y ha centrado sus esfuerzos en la rápida reactivación económica, por lo que ha burlado reiteradamente las normativas sanitarias hasta el punto de contagiarse. 

Esto, para Espinal, se trata de un enfoque contraproducente que afecta tanto la reactivación económica como la evolución de la emergencia sanitaria en el país. A su juicio, una política centrada en combatir la pandemia "implica que el número de casos va a seguir incrementando", lo que según el experto podría forzar nuevamente "el cierre de actividades económicas" y conducir al aumento del desempleo.

A menos de tres semanas de las elecciones, serán los estadounidenses quienes decidan finalmente qué modelo desean seguir, no solo en el campo económico. Gane Trump o gane Biden, la pandemia y las múltiples crisis seguirán su mortal trasegar hasta que se anuncie una vacuna, la cual tampoco se salva de la brutal polarización.

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