Trump vs. Biden: las promesas de los candidatos en cinco temas cruciales

Combinación de imágenes del candidato a la Presidencia por el Partido Demócrata, Joe Biden, y el presidente y aspirante a la reelección, Donald Trump, durante sus mítines de campaña en Florida, el 29 de octubre de 2020.
Combinación de imágenes del candidato a la Presidencia por el Partido Demócrata, Joe Biden, y el presidente y aspirante a la reelección, Donald Trump, durante sus mítines de campaña en Florida, el 29 de octubre de 2020. © AFP (Biden) / Reuters (Trump) / France 24

Desde compromisos para abordar la inmigración, el cambio climático y la crisis económica hasta la promesa de una vacuna contra la pandemia del Covid-19 este mismo año, todas hacen parte de las principales promesas de campaña de los dos aspirantes a ocupar la Casa Blanca por los próximos cuatro años, opacadas por una contienda atípica más personal que política.

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En esta atípica campaña presidencial, las propuestas y promesas de los candidatos quedaron debajo de un cúmulo de acusaciones, escándalos y ataques personales que le restaron importancia a los temas que más preocupan a los estadounidenses. A pesar de ello, sus planes de gobierno siguen sobre el papel y han sido delineados en sus decenas de discursos ante auditorios diversos. 

El presidente de Estados Unidos y aspirante a la reelección, Donald Trump, mantiene como principal bandera de campaña sus éxitos en materia económica, antes de la aparición de la pandemia, así como alcanzar una vacuna contra el nuevo coronavirus en tiempo récord, mientras mantiene una retórica dura frente a la inmigración y las revueltas sociales.

Su rival, el exvicepresidente demócrata, Joe Biden, señala que revertiría muchas de las acciones de Trump y perseguirá planes ambiciosos para controlar la pandemia, abordar la inmigración, el sistema de salud y el cambio climático.

Aún así, las promesas de campaña no necesariamente son fáciles de cumplir ni de ser aprobadas por las bancadas políticas en el Capitolio. A continuación, retomamos los anuncios de Trump y Biden en algunos de los temas más relevantes para Estados Unidos:

Gestión de la pandemia

La crisis sanitaria es todo un campo de batalla entre los dos candidatos. Cuando el mundo lucha por una esperanza clara para acabar con la crisis sanitaria, Trump ha entrado en escena con la afirmación de que bajo su Administración habría una vacuna este mismo año y que para el próximo abril habría “vacunas para todos”.

Sin embargo, el director del Centro para el Control de Enfermedades, Robert Redfield, lo contradijo al sostener que la distribución masiva del fármaco sería a finales de 2021, algo a lo que Trump refutó como “incorrecto”. “Creo que estaba confundido”, dijo el mandatario el pasado septiembre.

Biden ha dicho que aceleraría el desarrollo de tratamientos y vacunas en su plan para combatir el nuevo coronavirus. Sin embargo, ha expresado reservas sobre si una vacuna aprobada por la Administración Trump sería segura, en medio de dudas sobre la capacidad del presidente de priorizar la salud de los estadounidenses independientemente de sus intereses políticos.

Las medidas de Trump frente a la crisis sanitaria han sido aplaudidas tanto por sus seguidores como por quienes apoyan una postura que no lastime de forma drástica la economía. No obstante, también es fuertemente rechazada por demócratas e independientes que ven en la gestión del mandatario graves fallas para mitigar el virus.

Trump ha insistido en que las escuelas abran por completo y ha dicho que los fondos federales deben retenerse para los distritos que no reabran.

Biden enfatiza que los distritos deben tomar decisiones sobre la reapertura de manera segura según las condiciones locales e hizo un llamado al Congreso para que proporcione fondos de emergencia para que los distritos escolares realicen los cambios necesarios y compren equipos de protección.

Otras medidas como el uso de mascarillas también se han transformado en un acto político. El republicano se opone a que su uso se convierta en un requisito nacional y señala que prefiere que sea una decisión tomada por las autoridades de cada estado. El mandatario, que ha aparecido regularmente en público y en privado sin utilizarlas, se burló de Biden por llevarlas frecuentemente durante el primer debate presidencial del 29 de septiembre, justo tres días antes de que él y su esposa Melania confirmaran que habían contraído el virus.

Por su parte, Biden ha señalado que en caso de llegar a la Casa Blanca podría convertir el uso de tapabocas en norma nacional. “Haría todo lo posible para que se requiera que la gente tenga que usar mascarillas en público”, dijo el exvicepresidente de Barack Obama en junio.

El demócrata también prometió revertir la salida de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud, una medida sin precedentes que Trump ordenó en la primera fase de la pandemia.

Economía y comercio

En medio de una pandemia que golpeó las finanzas de millones de estadounidenses, Donald Trump insinuó un posible aumento del salario mínimo a $15 dólares la hora. Actualmente es de un promedio de 10 dólares.

Durante la crisis del coronavirus ha concedido ayudas económicas como pagos extra de 300 dólares semanales para personas desempleadas, aunque no ha logrado acordar en el Congreso la extensión de un paquete más amplio de beneficios. Su decisión de dejar por fuera de este beneficio a los inmigrantes indocumentados causó revuelo.

Biden por su parte apoyó abiertamente un salario mínimo de 15 dólares la hora y acabar con los sueldos más bajos de los trabajadores, incluidas las personas con discapacidades, para quienes hay pagos de alrededor de 7 dólares la hora.

En su campaña, el demócrata ha afirmado que buscará extender el seguro de desempleo por la pandemia y negociar en el Congreso un nuevo paquete de ayudas financieras.

Con respecto al pago de impuestos, Trump planea disminuir el gravamen sobre el salario, que financia la seguridad social. También se opone a aumentar los impuestos a las ganancias de capital y a las corporaciones, que se beneficiaron con los recortes tributarios que aplicó en 2017.

Biden ha dicho que revertiría muchos de los recortes de impuestos de Trump para los ricos y las corporaciones con el fin de financiar parte de costosos planes climáticos, educativos y de atención médica. Dijo que no aumentaría los impuestos para nadie que gane menos de 400.000 dólares al año.

"Permítanme ser claro: los estadounidenses trabajadores no deberían pagar más en impuestos federales sobre la renta que Amazon o Netflix. Es hora de que las grandes corporaciones paguen finalmente su parte justa", ratificó Biden este 30 de octubre.

Los tratados de libre comercio entran también en la ecuación. Trump obtuvo el apoyo bipartidista para cumplir su promesa de reelaborar el Tratado de México, Estados Unidos y Canadá, con el que asegura que hay políticas “más justas” para los empleados estadounidenses. Su rival demócrata respaldó la versión final del tratado por las “mejoras que los movimientos laborales y progresistas” ganaron durante las negociaciones. Sin embargo, dice que su país tiene un gran déficit comercial con México por las políticas de Trump.

Asimismo, el republicano defiende la denominada 'guerra comercial' con China con la imposición de aranceles por considerar que sostenía un comercio “injusto”, mientras que para el demócrata esta postura es un “desastre”, pues califica al gigante asiático como un competidor más que un rival, pero señala que abordaría los “abusos comerciales” con aliados de EE. UU.

Entretanto, el lema “hecho en Estados Unidos” parece ser un asunto en el que los dos aspirantes a la Presidencia coinciden. Trump firmó una orden ejecutiva que exige que ciertos medicamentos y suministros médicos "esenciales" comprados por el Gobierno federal se fabriquen en el país.

Según una propuesta de Biden, en caso de ganar la Presidencia, penalizaría a las empresas estadounidenses que trasladen los trabajos de fabricación y servicios al extranjero y luego vendan sus productos en Estados Unidos.

Inmigración

Esta área es una de las que más polémica ha causado durante los cerca de cuatro años de Gobierno del republicano y desde antes, cuando lanzó su primera campaña a la Presidencia. Trump defiende su política de “tolerancia cero” frente a la inmigración irregular, la cual llevó a separar a miles de niños de sus padres en la frontera con México y desató una ola de rechazo a nivel nacional e internacional.

Aunque en 2019, Trump firmó una orden ejecutiva para terminar con las separaciones familiares sistemáticas, ratificó que su postura contra la inmigración de indocumentados “no es un error”.

Archivo-Esta foto divulgada por la Patrulla Fronteriza estadounidense y fechada el 17 de junio de 2018 muestra a inmigrantes indocumentados detenidos por agentes en el centro de procesamiento de McAllen, Texas. Muchos de los niños seperados de sus padres fueron llevados a este edificio.
Archivo-Esta foto divulgada por la Patrulla Fronteriza estadounidense y fechada el 17 de junio de 2018 muestra a inmigrantes indocumentados detenidos por agentes en el centro de procesamiento de McAllen, Texas. Muchos de los niños seperados de sus padres fueron llevados a este edificio. © Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza/Vía AFP

El jefe de Estado también sigue adelante con una de sus principales banderas políticas: la construcción de un muro en la frontera con México. Su proyecto de 15.000 millones de dólares culminó a mediados del pasado septiembre 321 millas más de barrera y según el Departamento de Seguridad Nacional, el plan está en camino a completar 450 millas para fin de año. Para su financiación, Trump ha utilizado incluso parte de los fondos del Departamento de Defensa al asegurar que se trata de un asunto de Seguridad Nacional.

Por otra parte, el presidente ha impulsado restricciones para las visas de trabajo y de estudio y limita la entrada de solicitantes de asilo de otros países. Su Gobierno también es recordado por haber intentado eliminar el DACA, un programa alcanzado durante la Administración Obama para proteger de la deportación a los indocumentados que llegaron a Estados Unidos cuando eran niños, conocidos como “dreamers”. Sin embargo, en julio pasado y en medio de la campaña electoral, Trump dio un aparente giro en su postura al anunciar que impulsaría un decreto que dé una vía a la ciudadanía para estas personas.

Sin embargo, según registros oficiales, ha habido menos deportaciones durante la Administración Trump que en la de Barack Obama. Joe Biden calificó la acción del Gobierno al que perteneció como “un gran error” y se comprometió con una moratoria de 100 días de no expulsiones al comenzar su eventual Gobierno. Al tiempo que “dirigirá los esfuerzos hacia las amenazas a la seguridad pública y la seguridad nacional", dijo un portavoz de su campaña al diario 'The Washington Post'.

Durante su campaña, Biden también ha indicado que revertirá las políticas que permitieron la separación de familias, a los que califica como “una vergüenza nacional”. Asegura que su Administración no seguiría con la construcción del muro fronterizo y en su reemplazo mejoraría la infraestructura de control en los puertos de entrada hacia su país.

El aspirante a la Casa Blanca por el Partido Demócrata también asegura que trabajará con el Congreso para emitir visas temporales de trabajo para extranjeros en sectores económicos con escasez de mano de obra local y crear una reforma migratoria que permita una vía a la ciudadanía para quienes llevan décadas viviendo en Estados Unidos.

Biden se muestra como un candidato que podría retomar la posición del país como un lugar seguro para refugiados y solicitantes de asilo.

Salud

El sistema de salud es uno de los temas más relevantes para los estadounidenses, dados los altos costos e inequidad de acceso para un derecho humano fundamental. Según el ranking de Commonwealth Fund (2019), entre los 11 países más desarrollados del mundo, Estados Unidos ocupa el último lugar por las dificultades de los ciudadanos para tener cobertura médica.

Entonces, ¿en qué posición están los candidatos frente a esta problemática? Commonwealth Fund señala que la Ley del Cuidado de Salud Asequible (ACA), conocida como Obamacare, ayudó a disminuir las brechas de acceso entre 2014 y 2016, pero que a partir de este último año sus avances están estancados.

Trump, que ganó las elecciones en noviembre de 2016, desde un inicio ha calificado el plan como un “desastre” y frecuentemente repite su intención de derogar esta norma. El republicano lo rechaza al señalar que no está de acuerdo con la obligatoriedad de que todos los estadounidenses tengan un seguro médico y prefiere la libre competencia entre las aseguradoras para que puedan vender sus planes en cualquier estado. La norma de su antecesor disminuye el gasto mediante regulaciones e impuestos.

El mandatario también dio su apoyo a los proyectos de ley que habrían debilitado las protecciones por preexistencias al permitir que los estados solicitaran exenciones. Si esas iniciativas se hubieran convertido en ley, probablemente los costos para las personas con problemas de salud preexistentes hubiesen aumentado.

Por su parte, Biden promete defender el que es señalado como un logro de Obama mientras gobernaba junto a él como vicepresidente. El demócrata propone, además, que los estadounidenses sean elegibles al Medicare, el sistema de salud del Gobierno, a partir de los 60 años de edad y no a los 65 como ocurre actualmente. Trump no respalda reducir la edad para su elegibilidad.

Asimismo, el demócrata afirma que los inmigrantes indocumentados deben tener la posibilidad de comprar un seguro médico a través del ACA, pero sin recibir subsidios. "No se puede dejar que las personas que están enfermas, sin importar de dónde vengan, sin importar cuál sea su estado, queden sin seguro", dijo Biden durante el primer debate primario demócrata.

El aspirante a la reelección, en cambio, se ha comprometido a "impedir que los inmigrantes ilegales sean elegibles para recibir asistencia social, atención médica y matrícula universitaria gratuita financiada por los contribuyentes".

Para el próximo 10 de noviembre está prevista una audiencia en la Corte Suprema de Justicia sobre el Obamacare, que Trump promete derogar en un tribunal que ahora cuenta con una mayoría conservadora de 6 a 3 entre los jueces, tras el reciente nombramiento de su nominada Amy Coney Barrett.

Cambio climático

Esta parece ser la revolución verde de Joe Biden versus la guerra de Donald Trump contra las regulaciones para contener una de las crisis más fuertes que afronta la humanidad. El enfrentamiento en esta materia es entre un político que planea vincular la recuperación económica del país a un plan para abordar el calentamiento global y otro decidido a eliminar la mayor cantidad posible de obstáculos regulatorios para la producción de petróleo, gas y carbón.

Atendiendo a los llamados de los progresistas de su partido para una transición más rápida lejos de los combustibles fósiles, Biden ha propuesto emplear 2.000 millones de dólares en gastos durante su eventual primer mandato y apunta a lograr un 100% de electricidad limpia para 2035.

Por su parte, el mandatario promueve la defensa del fracking, formalmente denominado fractura hidráulica, un proceso que posicionó a Estados Unidos como una súper potencia de gas y petróleo durante la última década. Situación que ha despertado el apoyo hacia el mandatario por parte de los votantes blancos de clase trabajadora que se han visto beneficiados de este auge industrial en su país.

Trump ha aprovechado algunas confusas declaraciones de Biden en esta materia para señalar que un eventual Gobierno suyo prohibiría esta práctica, que ha visto un surgimiento en estados como Pensilvania, Ohio, Texas, Colorado y California. Algunos de estos estados representan un gran peso en la emisión de votos para los al menos 270 sufragios que un candidato debe obtener del colegio electoral para ganar el Ejecutivo.

Pensilvania, por ejemplo, según la Administración de Información de Energía, produce más gas natural seco que todos los estados de la nación excepto Texas y después de la crisis económica de 2008, su economía se recuperó parcialmente debido a la afluencia del fracking. No obstante, los críticos del método de extracción de combustibles fósiles dicen que su impacto dañino en el medio ambiente supera sus beneficios, pues temen que los productos químicos introducidos en el suelo puedan penetrar los suministros de agua locales.

En el último debate presidencial del 22 de octubre, Biden dijo que haría una "transición de la industria petrolera", un comentario sobre el que Trump se abalanzó, diciendo que destruiría el negocio. Más tarde, el demócrata dijo a los periodistas que los combustibles fósiles existirán durante mucho tiempo y que se había referido a un plan para eliminar los subsidios a los combustibles.

Las propuestas de Biden incluyen la mejora de 4 millones de edificios para la eficiencia energética, la construcción de 1,5 millones de hogares y viviendas públicas de bajo consumo de energía eléctrica e inversión en transporte público en ciudades con más de 100.000 residentes.

Biden apoya la investigación sobre energía nuclear de alta tecnología que estaría prácticamente libre de emisiones tóxicas pero que aún podría tener riesgos de proliferación.

Más allá de las promesas, el cumplimiento o bloqueo de estos proyectos dependerá del respaldo o no que el ganador de los comicios del próximo 3 de noviembre obtenga de las bancadas políticas en el Congreso. Pero solo la elección por uno o por otro dibuja un país completamente distinto.

Con Reuters y medios locales 

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