El demócrata Joe Biden es elegido nuevo presidente de Estados Unidos

El candidato presidencial demócrata Joe Biden habla con sus partidarios la noche de las elecciones en el Chase Center en Wilmington, Delaware, a principios del 4 de noviembre de 2020.
El candidato presidencial demócrata Joe Biden habla con sus partidarios la noche de las elecciones en el Chase Center en Wilmington, Delaware, a principios del 4 de noviembre de 2020. © AFP

Después de cuatro días de suspense sobre quién se haría con los comicios presidenciales, este 7 de noviembre de 2020 se declaró al candidato demócrata Joe Biden como vencedor, tras quedarse con los 20 votos del Colegio Electoral que aporta el estado de Pensilvania. En cuestión de poco tiempo, también se hizo con Nevada, reafirmando así un frenético pero contundente triunfo que supone el fin de la era Trump. El magnate republicano es el primer presidente en ejercicio en perder la reelección en 28 años.

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El candidato demócrata Joe Biden fue elegido este 7 de noviembre como el próximo presidente de Estados Unidos, el número 46, tras superar con creces la cifra mágica de los 270 votos electorales gracias a los 20 que le otorgó el estado de Pensilvania y los 6 de Nevada. Agencias de noticias como AP, y cadenas estadounidenses como 'CNN', 'ABC' o 'CBS', alzaron al demócrata como ganador, que ahora obtiene un total de 290 votos electorales. 

Llegar a estos números no ha sido una tarea fácil. Esta semana, Estados Unidos vivió unas jornadas históricas de conteo de votos anticipados, tildados sin pruebas como "fraudulentos" por el mandatario Donald Trump, y que tuvieron en vilo al país sobre quién sería su próximo presidente y ante la posibilidad de hechos violentos.

Según los resultados, Trump es el primer presidente en ejercicio que pierde la reelección en más de un cuarto de siglo.

Esta es la historia de cómo Biden logró hacerse con la Presidencia de Estados Unidos, que asumirá el 20 de enero de 2021.

Así se inclinó la balanza hacia el lado demócrata

Cerraron las urnas y la polarización salió una vez más a la luz. Mientras Biden se mostraba optimista con los resultados, Trump se autoproclamaba el ganador de los comicios, a pesar de que por delante había toda una carrera electoral en suspense.

Y es que estas fueron unas de las elecciones más atípicas en los últimos años en Estados Unidos. Fue necesario esperar cuatro días para conocer los resultados finales de quién había sido el ganador, en gran parte por la cantidad de votos anticipados que hubo. Si bien los estadounidenses estaban acostumbrados al modelo de voto por correo o voto anticipado, nunca antes en la historia del país tantas personas lo habían utilizado para unas presidenciales. Pero esta vez, la pandemia hizo que más de cien millones de ciudadanos optaran por enviar sus balotas por correo o las depositaran antes del 3 de noviembre. Y fue ese conteo posterior el que tuvo en vilo a Estados Unidos.

La victoria de Joe Biden en algunos estados se confirmó de una forma ajustada. Horas después de que cerraron las urnas, en la mayoría del país ya se habían contado todos los votos, tanto de quienes acudieron el 3 de noviembre como de quienes lo enviaron de manera anticipada. Pero siete estados todavía no estaban pintados de manera definitiva de ningún color.

Los resultados todavía eran incompletos en Wisconsin, Michigan, Pensilvania, Carolina del Norte, Georgia, Nevada y Alaska. Y, en casi todos, Trump aventajaba por mucho a Biden. Los números hacían ver más posible la reelección del actual presidente, que la llegada a la Casa Blanca del demócrata.

Pero en la tarde del 4 de noviembre, la suerte comenzó a cambiar para Biden. El primero de los estados en pintarse de azul fue Wisconsin, acercándolo 10 votos electorales más a la meta de los 270 delegados necesarios para ser el presidente electo. Dos horas después, la agencia estadounidense AP declaró que el demócrata también había ganado Michigan, y sus 16 votos del Colegio Electoral.

Las victorias en ambos estados cambiaron todo el panorama de las elecciones. Primero, porque con ellas los demócratas habían recuperado dos lugares de la región del cinturón del óxido (el cinturón industrial) que solían votar demócrata, pero que Trump les había arrebatado en las presidenciales del 2016. Segundo, y lo más importante, con esos 26 votos del Colegio Electoral, Biden quedó a un paso de hacerse con las mayorías necesarias para ocupar la Casa Blanca. El demócrata contaría con el apoyo de 264 delegados, frente a los 214 de Trump.

Y aunque la historia ya parecía definida, el republicano todavía tenía posibilidades de ser reelegido. Trump llevaba una amplia delantera en Pensilvania, Carolina del Norte, Georgia y Alaska. Si las tendencias se concretaban y el republicano se quedaba con todos esos estados, estaría por encima de Biden y solamente a dos votos de ganar las elecciones.

Pero, de nuevo, las cuentas de los votos anticipados cambiaron el panorama. El 6 de noviembre, Biden dio la estocada final cuando se voltearon los resultados en Pensilvania y Georgia. Por primera vez durante todo el escrutinio, los estados se pintaron de azul dado que, como mostraban las tendencias, los demócratas fueron quienes más votaron por anticipado. En la práctica, esto significa que Biden solo necesitaba que se confirmase la victoria en Pensilvania para declararse presidente de Estados Unidos, porque con los 20 votos electorales que otorga el estado superaría los 270 necesarios.

Una victoria azul que se ha hecho rogar

Fue entonces cuando se crisparon más los ánimos en el país. Aunque la victoria ya estaba cantada, Donald Trump se rehusó a llamar a su contrincante para reconocer la derrota como usualmente hacen los candidatos presidenciales. Así lo hicieron al menos Al Gore y John Kerry con George Bush en 2000 y en 2004; John McCain y Mitt Rommey con Barack Obama en 2008 y 2012; y Hillary Clinton con el propio Donald Trump en 2016.

Pero esta vez el teléfono de Biden no sonó. Al contrario, el republicano dio una rueda de prensa desde Washington D. C. en el que reiteró, sin mostrar pruebas, que había un fraude electoral en su contra. Trump pidió que no se contaran más sufragios, explicó varias de las medidas legales que estaba adelantando para pedir el recuento en varios estados, incluyendo Michigan y Wisconsin donde ya había perdido. Sus intentos fueron desestimados por la justicia.

Así, su discurso no fue el reconocimiento de la derrota ni mucho menos la declaración de la victoria. Todas sus palabras las enfocó en atacar el método de votación anticipada e incluso en calificarlo de "corrupto". El hecho de que no probara las irregularidades que denunciaba generó una reacción por parte de varios medios de comunicación, que cortaron la transmisión en vivo del discurso del presidente.

Mientras los periodistas explicaban que era una información falsa e infundada, algunos republicanos como el mismo Mitt Romney estuvieron de acuerdo con las críticas y se apartaron de las palabras de su copartidario. Otros como los mismos hijos del presidente, no solo respaldaron a Trump, sino que pidieron rodearlo en sus denuncias de supuesto fraude.

Y mientras el republicano buscaba la manera de revertir las tendencias que lo desfavorecían, Biden adelantaba su plan presidencial. En la noche del 6 de noviembre, cuando Estados Unidos seguía sin saber quién sería el próximo mandatario, el candidato anunció una rueda de prensa y se especulaba que en ella se auto-denominaría como el ganador.

Al final, hizo un llamado a la paciencia para esperar con calma que todos los votos fueran contados. Sin embargo, también explicó que su fórmula vicepresidencial, Kamala Harris, y él, ya se estaban reuniendo con expertos en salud pública para hablar de cómo sería el manejo de la pandemia durante su eventual mandato.

"Mientras esperamos los resultados finales, quiero que la gente sepa que no estamos esperando para hacer el trabajo", explicó el candidato, a pesar de que para entonces todavía no se habían confirmado los resultados de Pensilvania, Georgia, Carolina del Norte, Nevada y Alaska.

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Sin embargo, en la práctica ya era casi irreversible su victoria, lo que explicaba en parte los discursos de ambos candidatos. Y mientras cada uno de ellos mostraba actitudes derrotistas o victoriosas, en las calles las tensiones subían por los votantes que defendían que se contabilizara hasta el último voto y los que pedían parar el conteo.

Ese ambiente, indudablemente, siguió este 7 de noviembre hasta conocer que el estado de Pensilvania pasará a la historia como el que otorgó la victoria final a Joe Biden. Después de días de riña, el candidato demócrata obtuvo Pensilvania –con un 99% de los votos escrutados–, por una diferencia de menos de un punto.

Sin completar la hora, la agencia AP otorgó de forma seguida el estado de Nevada, que dio otros 6 votos electorales a favor de Biden. Este apoyo confirmó el creciente peso demócrata en los estados del suroeste del país, que en 2016 fue clave para la aspirante demócrata Hillary Clinton, aún cuando la población latina es del 30%.

De este modo, Biden se volvió a alzar sobre Trump por 290 delegados a 214, y al superar la mitad de los 538 votos del Colegio Electoral más uno (la cifra mágica de 270), se consagró como el nuevo presidente electo.

Una campaña plagada de falsas informaciones

Las profundas divisiones que se evidenciaron en las calles, en las urnas y en los discursos de Trump y de Biden también marcaron toda la campaña electoral. Cuando ambos eran candidatos, se enfrentaron en un primer debate en el que prevalecieron los ataques personales. Mientras el demócrata le decía "payaso" al presidente y se refería a él como "el peor de la historia", Trump arremetía contra la inteligencia del demócrata asegurando que había sido "el último de su clase".

En el último encuentro antes de las elecciones, los insultos disminuyeron, pero Trump se enfocó en atacar la vida personal de Biden refiriéndose a unas supuestas financiaciones extranjeras que había recibido su hijo, financiaciones que no están probadas pero que le han traído más de un dolor de cabeza a Biden.

En últimas, las falsas informaciones que hubo durante los debates fueron un reflejo de las mentiras que circularon durante la campaña y que en los últimos años han contribuido a las profundas divisiones que hoy enfrenta Estados Unidos y que son el contexto en el que Joe Biden asumirá la Presidencia.

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