Elecciones EE. UU. 2020

"De nuevo encabezando la mesa": una mirada a la agenda de política exterior de Biden

Archivo: El entonces vicepresidente estadounidense Joe Biden hace gestos durante una reunión con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, en la Conferencia de Seguridad en Munich, Alemania, el 7 de febrero de 2015.
Archivo: El entonces vicepresidente estadounidense Joe Biden hace gestos durante una reunión con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, en la Conferencia de Seguridad en Munich, Alemania, el 7 de febrero de 2015. © Matthias Schrader / AP

La estrategia diplomática del presidente electo de Estados Unidos Joe Biden es diametralmente opuesta a la del presidente saliente Donald Trump, conocido por lanzar disparos poco diplomáticos a los líderes extranjeros a través de las redes sociales. Pero no se debería esperar una reforma general cuando el veterano demócrata se posesione en enero. France 24 examina la agenda de política exterior del nuevo huésped de la Casa Blanca. 

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El antiguo vicepresidente de Estados Unidos trae consigo a la Casa Blanca una amplia experiencia en política exterior, experticia y, no menos importante, un genuino interés por los asuntos mundiales. El demócrata presidió como presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, y realizaba sin inconvenientes viajes a Irak y a Afganistán para recopilar los hechos en el terreno, antes de ser durante ocho años la mano derecha del presidente Barack Obama (desde 2009 hasta principios del 2017).

La canciller alemana Angela Merkel recordó afectuosamente sus reuniones frecuentes con el vicepresidente Biden bajo la Administración Obama: “Él conoce bien Alemania y Europa. Me acuerdo de tener buenos encuentros y conversaciones con él”, dijo Merkel mientras resaltaba las “décadas de experiencia en política exterior” de Biden y lo felicitaba “muy calurosamente” por su victoria en la elección. 

En efecto, es probable que la conversación transatlántica se suavice, en medio de una prometida pronta ráfaga de movimientos multilaterales por parte de Biden, que se adaptan a prioridades europeas clave y revierten algunas de las maniobras de Trump que dejaron atónitas a las capitales europeas. 

Biden dijo que su agenda exterior “situaría a Estados Unidos de nuevo en cabeza de la mesa, en una posición para trabajar con sus aliados para movilizar la acción colectiva en cuanto a las amenazas globales”. La palabra clave en esa declaración es “mesa”: Biden reconoce que debería haber una. Después de cuatro años de “Estados Unidos Primero”, con el errático Trump sacudiendo las tradicionales mesas de negociación con sus arranques iconoclastas, Biden llamará la atención al juntar de nuevo las piezas. 

Reparando, reafirmando alianzas

“Durante 70 años, Estados Unidos, bajo presidentes demócratas y republicanos, jugó un papel de primer nivel escribiendo las reglas, forjando los acuerdos y animando a las instituciones que guían las relaciones entre las naciones y promueven la seguridad y la prosperidad colectivas –hasta la llegada de Trump—", escribió Biden en la revista 'Foreign Affairs' durante la primavera pasada que parece un manifiesto de política exterior.

“Si continuamos con su abdicación de esa responsabilidad, ocurrirá una de dos cosas: o alguien más tomará el lugar de Estados Unidos, pero no de una manera que promueva nuestros intereses y valores, o nadie lo hará y se producirá un caos. De cualquier manera, no es algo bueno para Estados Unidos”, se lee en el texto. 

Biden dice que volverá a unirse al Acuerdo Climático de París “el primer día”, y “en sus primeros 100 días de Administración” convocará a una cumbre mundial sobre el clima para incitar a que los principales emisores de carbón se unan a Estados Unidos, realizando compromisos nacionales más ambiciosos que los que se hicieron en la capital francesa en 2015. 

Durante la campaña electoral, el presidente electo también se comprometió a volver a ser parte de la Organización Mundial de la Salud en su primer día de Administración, después de que Trump rompiera vínculos y abandonara la institución con sede en Ginebra en medio de la crisis de salud pública global por Covid-19. “Los estadounidenses están más seguros cuando Estados Unidos está comprometido con el fortalecimiento de la salud global”, argumenta Biden. 

Durante su primer año de Administración, el presidente electo también se comprometió a ser el anfitrión de “una Cumbre global para la democracia, para renovar el espíritu y el objetivo compartido de las naciones del Mundo Libre”. El objetivo declarado de la reunión es obtener compromisos sobre la lucha contra la corrupción, el combate contra el autoritarismo, en particular a través de la seguridad electoral y el fomento de los derechos humanos a nivel global. 

Biden también prometió volver a unirse al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Como candidato presidencial, Biden hizo campaña por restablecer el respaldo de Estados Unidos a la OTAN, llamando como “sagrado, no transaccional” el compromiso de su país con los 70 años de alianza política y militar, en contraste con la visión de su predecesor que veía al organismo como un club de protección con deberes. 

“La OTAN se encuentra en el centro del corazón de la seguridad nacional de Estados Unidos y es el bastión del ideal liberal democrático, una alianza de valores que lo hace mucho más duradero, confiable y poderoso que las alianzas construidas sobre la coerción o el dinero”, escribió Biden. Se ven señales de alivio en las capitales bálticas. 

Contrarrestando “la agresión rusa”

Naturalmente, parte del argumento de Biden en su apoyo a la OTAN es el mensaje que este le enviará a Moscú. “Para contrarrestar la agresión rusa, debemos mantener agudas las capacidades de las alianzas militares mientras expandimos su capacidad para ocuparse de amenazas no tradicionales, como la corrupción armada, la desinformación y el ciber-robo”, explicó Biden en 'Foreign Affairs'. 

Fue vicepresidente en 2014, cuando Rusia realizó la anexión de Crimea, situada en Ucrania, hundiendo los lazos entre Moscú y Washington hacia una post-Guerra Fría. 

Los observadores constatan que Washington no ha sido complaciente con Moscú en los años intermedios: le impuso sanciones a Rusia durante la Administración Trump, incluso cuando el hombre detrás del escritorio en la Oficina Oval parecía ávido por mirar hacia otro lado. Pero bajo Biden, el mensaje confuso de amistad con Vladimir Putin expresado por Trump –quien se negó a abordar afrentas como las recompensas que supuestamente Moscú ofreció por las cabezas de las tropas estadounidenses en Afganistán— seguramente será asunto del pasado. 

“Debemos imponer consecuencias reales a Rusia por sus violaciones de las normas internacionales y respaldar a la sociedad civil rusa, que se ha levantado una y otra vez contra el sistema cleptocrático y autoritario del presidente Vladimir Putin”, declaró Biden. 

Archivo: Vladimir Putin, durante la reunión por videoconferencia con miembros del gobierno ruso mantenida desde de su residencia de Novo-Ogaryovo, el 11 de agosto de 2020 a las afueras de Moscú.
Archivo: Vladimir Putin, durante la reunión por videoconferencia con miembros del gobierno ruso mantenida desde de su residencia de Novo-Ogaryovo, el 11 de agosto de 2020 a las afueras de Moscú. Alexey Nikolsky Sputnik/AFP

A pesar de su desconfianza en relación con Moscú, Biden prometió realizar una extensión del acuerdo 'New START' que su campaña denominó como “un ancla de estabilidad estratégica entre Estados Unidos y Rusia”, y utilizar ese acuerdo de reducción de armas nucleares como una base para futuros acuerdos sobre control de armas. 

Uniendo aliados para enfrentar a China

Entretanto, Biden considera a China como la amenaza más clara para los intereses a largo plazo de Estados Unidos, una postura que goza de relativos acuerdos bipartitos poco frecuentes en Washington. Esto significa que el cambio de las relaciones con Beijing será principalmente de tono y método. 

Biden ha acusado a China de robar la tecnología y la propiedad intelectual de las empresas estadounidenses y de otorgarle a sus empresas estatales una ventaja injusta a través de subsidios. 

En vez de abordar las preocupaciones de Estados Unidos de manera unilateral como lo hizo Trump, Biden propuso construir una coalición de aliados para enfrentar a China en puntos sobre los que las naciones no están de acuerdo (prácticas comerciales injustas, abuso de derechos humanos), y llevar a cabo una cooperación en los puntos donde sea necesario (asuntos climáticos, salud pública mundial, no-proliferación, en particular en relación con Corea del Norte).

“Estados Unidos por sí solo representa alrededor de un cuarto del PIB global. Cuando nos unimos con democracias compañeras nuestras fuerzas hacen más que duplicarse. China no puede darse el lujo de ignorar más de la mitad de la economía global”, escribió Biden en 'Foreign Affairs'. “Eso nos da un margen sustancial para moldear las reglas del juego en todo, desde el medioambiente hasta el empleo, el comercio, la tecnología y la transparencia, para que sigan reflejando intereses y valores democráticos”, argumentó. 

El demócrata de Delaware acribilló la propensión de Trump por designar las importaciones de la Unión Europea y Canadá, —los “aliados más cercanos” de Estados Unidos— como amenazas a la seguridad nacional, dañando relaciones largamente afianzadas con “tarifas insensatas”.

“Al dejarnos al margen de la influencia económica de nuestros compañeros, Trump afectó la capacidad de nuestro país para enfrentar la verdadera amenaza económica”, escribió Biden, señalando a China. 

No más “guerras eternas” en el Medio Oriente

Biden aseguró “regresar” al Acuerdo Nuclear con Irán, “negociado por la Administración Obama-Biden junto con nuestros aliados y otras potencias mundiales”, en particular Francia, Alemania, Reino Unido, Estados Unidos, China y Rusia. Reconoce que el acuerdo le impidió a Irán obtener armas nucleares y culpa a Trump de dejarlo a un lado, pues incitó a que Irán reavivara sus ambiciones nucleares y adoptara una postura más provocativa.

Biden se comprometió a volver a ser parte del acuerdo “si Teherán regresa al cumplimiento” y hacer uso de “diplomacia y respaldo fuerte de nuestros aliados para fortalecer y extender el acuerdo, mientras se hacen retroceder de manera más efectiva las otras actividades desestabilizantes de Irán”. 

Además, el antiguo vicepresidente también dijo que “acabaría con el apoyo a la guerra liderada por Arabia Saudita en Yemen”. 

Archivo: El entonces aspirante demócrata a la presidencia, el senador Barack Obama, demócrata por Illinois (derecha) habla al entonces presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el senador Joe Biden, demócrata por Delaware, (izquierda) en el Capitolio en Washington, durante la audiencia del comité sobre Irak el 31 de enero de 2007.
Archivo: El entonces aspirante demócrata a la presidencia, el senador Barack Obama, demócrata por Illinois (derecha) habla al entonces presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el senador Joe Biden, demócrata por Delaware, (izquierda) en el Capitolio en Washington, durante la audiencia del comité sobre Irak el 31 de enero de 2007. © Susan Walsh, AP Photo/File

Aunque ha dicho que el enfoque unilateral de Trump sobre el conflicto Israel-Palestina ha hecho la solución de dos estados para Israel –que Biden respalda—más difícil, afirmó que mantendría en su lugar la embajada que Trump desplazó a Jerusalén en 2018. Biden le dio la bienvenida a la normalización de relaciones que la Administración Trump ayudó a negociar entre Israel y los estados del golfo en los últimos meses. 

El demócrata se comprometió a mantener “un férreo compromiso con la seguridad en Israel”. También previno al país sobre su trato hacia los territorios palestinos, declarando a principio de este año que “Israel necesita detener las amenazas de anexión y acabar con la actividad de asentamiento porque ahogará cualquier esperanza de paz”. 

En términos de los compromisos militares de Estados Unidos en la región, Biden abogó por traer de regreso a la nación una vasta mayoría de las tropas estadounidenses presentes en Medio Oriente y Afganistán, con el fin de reducir el objetivo de Al-Qaeda y del Grupo Estado Islámico. En síntesis quiere acabar las “guerras eternas” que Estados Unidos ha llevado a cabo en la región. 

“Debemos mantener nuestra atención en combatir el terrorismo, en el mundo y en casa, pero seguir atrincherados en conflictos que no es posible ganar drena nuestra capacidad para liderar en otros asuntos que requieren nuestra atención y nos impide reconstruir los otros instrumentos del poder estadounidense”, escribió en 'Foreign Affairs'. 

No al Brexit con frontera dura 

Sería inexacto contar el Brexit como uno de los puntos álgidos de los asuntos políticos de Biden. En efecto, mientras el aliado de Trump, Boris Johnson, y su liderazgo conservador en Londres alguna vez anhelaron negociar un “ambicioso” acuerdo post-Brexit con Estados Unidos, ni el resumen de las prioridades de política exterior que aparecen en la página de Internet de la campaña de Biden, ni el casi-manifiesto del antiguo vicepresidente en 'Foreign Affairs'.  mencionan al Reino Unido per se o sus procesos de divorcio con la Unión Europea. Hay algo claro: Biden no está listo para hacerse cargo de la llamada “Relación Especial” bajo ninguna circunstancia. 

“No podemos permitir que el Acuerdo de Viernes Santo que le trajo paz a Irlanda del Norte se convierta en una víctima del Brexit”, tuiteó en septiembre el presidente electo, notable estadounidense-irlandés. “Cualquier acuerdo de comercio entre Estados Unidos y el Reino Unido debe estar supeditado a respetar el Acuerdo y a prevenir el regreso de una frontera dura. Punto”. 

No es tan similar a la diplomacia en Twitter que Trump llevaría a cabo, pero mientras pasa la página de Europa, Downing Street no debe haber pasado por alto la opinión del presidente electo. 

 

Este artículo fue adaptado de su original en inglés 

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