Elecciones EE. UU. 2020

Trump y los peligros para la democracia estadounidense por su negativa a aceptar la derrota

Florida le dio su respaldo mayoritario en las urnas a Donald Trump. Y mientras el 7 de noviembre millones festejaban la victoria de Joe Biden, muchos salieron a las calles para protestar contra los resultados, como este hombre en el barrio Westchester, en Miami.
Florida le dio su respaldo mayoritario en las urnas a Donald Trump. Y mientras el 7 de noviembre millones festejaban la victoria de Joe Biden, muchos salieron a las calles para protestar contra los resultados, como este hombre en el barrio Westchester, en Miami. © Marco Bello / Reuters

A falta de pruebas que respalden la acusación de fraude electoral, el presidente saliente Donald Trump diseña otras estrategias para tratar de conservar el poder. Maniobras que en otros países serían catalogadas de golpistas. ¿Cuál es el plan de Trump para lograr reelegirse a pesar de los resultados?, ¿qué riesgos se ciernen sobre la democracia de Estados Unidos? 

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Los siguientes hechos que ocurren en Estados Unidos serían catalogados como un intento de golpe de Estado en cualquier otro país:

Con rifles automáticos colgados al cuello, milicias armadas aliadas de Trump vigilan los centros de votación en ArizonaGeorgiaMichiganPensilvania y Nevada donde se terminan de contar los votos. Los simpatizantes gritan “paren el robo” y denuncian un fraude electoral sin ofrecer pruebas. 

Tras perder las elecciones democráticamente, Trump despide a su Secretario de Defensa, máxima autoridad militar, y ubica en su puesto a Christopher Miller, recién nombrado director del Centro Nacional de Contraterrorismo. Alguien con poca experiencia en cargos ministeriales que sigue la consigna de serle fiel al presidente, como lo resalta Adam Smith, congresista demócrata y director del Comité de Servicios Militares

William Barr, el fiscal general nombrado por Trump, autoriza al Departamento de Justicia empezar una investigación de las elecciones sin tener pruebas del supuesto fraude electoral.

“Habrá una transición pacífica a un segundo mandato del presidente Trump después de que contemos todos los votos legales”, afirma el secretario de estado, Mike Pompeo.

Estos hechos han llevado a varios líderes de opinión a decir que “Trump está intentando un golpe de Estado a plena vista”, como lo afirma Ezra Klein, director y editor en jefe de 'Vox Media'. Klein agrega que hay un intento de autocracia y aunque no sea exitoso, Trump construirá un gobierno en el exilio, paralelo, una “América alternativa en la que él como líder legítimo representa a un pueblo al que le han robado las elecciones unas élites corruptas”. 

Un supuesto fraude sin fundamento

Meses antes del día de la elección, Trump ya exponía su retórica de fraude en caso de que perdiera. Como preparando a sus seguidores, el magnate alegaba que era ilegal que los estados distribuyeran papeletas de votación a sus ciudadanos por correo, a pesar de las limitaciones por la pandemia. Además, el mandatario trató de desfinanciar el Servicio Postal (USPS) para obstaculizar el proceso electoral por esa vía. 

Una retórica que crece con más fuerza a pesar de perder las elecciones: “Paren el fraude”, “gané esta elección, por mucho”, “si se cuentan los votos legales, yo gané la elección, si se cuentan los votos ilegales y los que llegaron tarde, nos pueden robar la elección”, “paren el conteo, exigimos transparencia, a nuestros observadores no les permitieron entrar a los salones de conteo”, ha dicho Trump.  

Varios de estos señalamientos han sido lanzados desde la cuenta oficial en Twitter del presidente, a lo que la red social ha respondido marcando como imprecisos, refutables y sacados de contexto más de 68 tweets de Trump desde mayo de este año.

Además, los observadores de la campaña de Trump juramentaron que tuvieron acceso a los puestos de conteo de votos en Michigan, Pensilvania y Nevada entre otros estados. Un acceso que se permite en la mayoría de los estados en los que las reglas variaron debido a la pandemia y a los riesgos de intimidación y acoso por parte de simpatizantes. 

Una simpatizante del presidente Donald Trump sostiene un cartel que reza "detengan el fraude" después de que Joe Biden fuese anunciado como vencedor. En Phoenix, Arizona, EE. UU. el 7 de noviembre de 2020.
Una simpatizante del presidente Donald Trump sostiene un cartel que reza "detengan el fraude" después de que Joe Biden fuese anunciado como vencedor. En Phoenix, Arizona, EE. UU. el 7 de noviembre de 2020. © Jim Urquhart / Reuters

En los estados en cuestión, las autoridades estatales, lideradas en muchos casos por republicanos, han expresado que no hubo fraude electoral y que el presidente y su campaña no tienen pruebas.

Pensilvania: La campaña de Trump impuso una demanda porque sus observadores no tuvieron acceso a los puestos de conteo. Sin embargo, uno de los abogados de la campaña del republicano aseguró después que sí tuvieron acceso ante el juez del distrito Paul S. Diamond

Tras estas batallas legales, los observadores republicanos lograron que se les permitiera estar más cerca de las máquinas de conteo y separar los votos que llegaron después de la elección, algo que ya había sido aprobado. 

Arizona: Los simpatizantes de Trump alegaron que muchas de sus papeletas de votación no fueron tenidas en cuenta porque les recomendaron usar marcadores Sharpie. Pero según los oficiales electorales del estado, ‘marcar el voto con Sharpie es la mejor opción porque seca rápido y las máquinas reconocen el voto fácilmente'.

Nevada: Un grupo de trumpistas alegó que miles de personas habían votado de forma ilegal en el condado de Clark, donde está Las Vegas. Pero ni la campaña de Trump ni el Partido Republicano han presentado pruebas de los supuestos 10.000 casos de votos ilegales. 

Georgia: El Partido Republicano interpuso una acción legal un día después de las elecciones pidiendo que los votos que llegaron después del 3 de noviembre fueran separados. Alegaron, basados en un documento juramentado, que algunos votos que llegaron tarde se mezclaron con votos que fueron recibidos a tiempo. Un juez estatal falló en contra de la acción legal argumentando falta de pruebas.

Michigan: Trump impuso dos demandas alegando que los votos se habían contado equivocadamente. Pero perdieron las dos acciones porque no tenían pruebas. “La ciudad de Detroit no debe ser afectada cuando no hay evidencia para apoyar las acusaciones de fraude electoral”, escribió el juez Timothy M. Kenny. 

Entonces, ¿cuál es la estrategia de Trump?

Si no hay fundamento legal, ni pruebas para justificar el supuesto robo de la elección y la suspensión del conteo, ¿por qué sigue Trump con la batería de acciones legales y la retórica de fraude? 

La estrategia de la Administración de Trump es ir a las cortes para invalidar los votos de Biden. 

“Estamos esperando que la Corte Suprema de Estados Unidos, en la que el presidente ha nombrado a tres magistrados, se involucre y haga algo. Ojalá Amy Coney Barret también se pronuncie”, dijo Harmeet Dhillon, una de las asesoras legales de Trump.

La campaña de Trump planea promover las demandas legales a través de discursos y “actos de campaña mediáticos” para alargar los litigios, afirmaron cuatro estrategas del equipo de Trump al medio digital 'Axios'. De hecho, Trump creó el fondo ‘Leadership PAC’ para apoyar batallas legales y reconteos en estados que recientemente le dieron la victoria a Joe Biden. Fondo en el que Lindsey Graham, senador republicano por Carolina del norte, ya donó 500.000 dólares

Expertos legales sostienen que los litigios tienen poco chance de prosperar, pero Ben Ginsberg, quien lideró el equipo legal de George W. Bush durante el reconteo en la Florida, aseguró en ‘60 minutes’ que la estrategia es un intento para demorar la certificación de los resultados hasta después del 14 de diciembre, cuando los delegados electorales depositan los votos encomendados por el pueblo.

Algo que le daría la posibilidad a la campaña de Trump de pedirle a las mayorías republicanas en los congresos estatales que desconozcan la voluntad de los votantes y sean ellos los que escojan los delegados electorales que le den la victoria a Trump. 

Por otro lado, hay quienes argumentan que “la estrategia para empezar una batalla legal contra los votos de Biden en Pensilvania y otros estados, es más para proveer a Trump una plataforma para que salga sin aceptar la derrota y no tanto como para cambiar el resultado de las elecciones”, dicen a Associated Press funcionarios bajo condición de anonimato. Trump y su grupo más leal apuntan a mantener su extensa base de simpatizantes cerca, incluso a pesar de la derrota.

Un poder que no quiere perder porque sabe que se puede traducir una gran influencia, económica, regional y en una aspiración presidencial dentro de cuatro años, como lo han sugerido medios locales

Inestabilidad y riesgos para la seguridad nacional 

Pero desconocer los resultados electorales y querer mantenerse en el poder generaría mucha inestabilidad política, algo que asusta a los inversionistas que buscan seguridad y estabilidad en las reglas de juego para invertir en el país.

Potencialmente las bolsas se verían afectadas, la calificación crediticia y el grado de inversión del país también bajarían y esto haría que la tasa de interés con las que prestan los bancos sea mucho más costosa. La inversión y la economía podrían sufrir bajo una inestabilidad que podría generar la no aceptación de los resultados. 

Una demora en la transición del poder también tendría graves consecuencias en la seguridad del país: más de 4.000 puestos son nombrados por el presidente en cerca de 100 agencias estatales. Muchos de estos cargos necesitan el visto bueno de seguridad y autorización por parte de la Oficina de Ética para asegurarse que no hay conflictos de interés. Si Trump no empieza con la transición del poder pronto, muchos funcionarios van a llegar a sus cargos sin la preparación adecuada.

Un escenario así ya tuvo graves consecuencias, como lo describe el reporte del atentado del 9/11. Allí se resalta que la demora en la transición entre los funcionarios de Clinton y George W. Bush, debido al lento reconteo de votos en la Florida, debilitó la seguridad nacional y permitió que los atentados se gestionaran más fácil.

“La unidad es increíble, pero es mejor la libertad” 

La autocracia se asoma al país que pelea guerras alrededor del mundo para deshacerse de dictadores. Frente a esta amenaza, críticos cuestionan el enfoque de unidad del presidente electo, Joe Biden. 

“¿Cómo espera usted trabajar con los republicanos si muchos de ellos no lo reconocen como presidente electo?”, le preguntó una periodista a Biden en su primera rueda de prensa tras ser electo presidente de EE. UU. El presidente electo respondió entre risas: “Ellos lo harán, lo harán”. 

En el mismo encuentro con los medios, Biden dijo que la postura de Trump de no admitir que los demócratas ganaron la elección es "vergonzosa" y que aún así esperaba hablar con el presidente saliente. Una actitud diplomática pero quizás no suficiente ante el embate jurídico del magnate.

“La unidad es increíble, pero la libertad es mejor”, dice Yvette Simpson, presidenta de Democracia por América, un comité de acción política. “Sí queremos compromiso, sí queremos bipartidismo, pero yo quiero el tipo de unidad que lleve a un cambio para la gente que ha esperado por él”.

Aunque Biden superó los 270 votos electorales para conseguir la presidencia luego de un largo conteo, Estados Unidos sigue sin saber si habrá una transición de poder tranquila como la tradición lo ha marcado en distintas y difíciles coyunturas.

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