¿Qué significa la victoria demócrata en el Senado en Georgia para Joe Biden?

El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, durante una intervención pública, en Wilmington, Delaware, EE. UU., en una imagen de archivo del 22 de diciembre de 2020.
El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, durante una intervención pública, en Wilmington, Delaware, EE. UU., en una imagen de archivo del 22 de diciembre de 2020. © Leah Millis / Reuters

Gracias a la victoria de dos senadores demócratas en una segunda vuelta electoral en Georgia, el partido azul empieza el 2021 con el control de las dos cámaras legislativas en Estados Unidos, un inicio favorable para la Administración de Joe Biden. Sin embargo, con cada partido sumando 50 senadores y la vicepresidenta Kamala Harris a cargo del desempate, es una mayoría mínima que, aunque abre camino a su agenda, no estará libre de obstáculos para el nuevo presidente. 

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Después de cuatro años de gobierno del republicano Donald Trump, Estados Unidos deja atrás el rojo radical y entra en una etapa azul demócrata. No se trata solo de la victoria de Joe Biden en las elecciones presidenciales, finalmente certificada el 6 de enero por el Congreso, sino también del dominio demócrata en ambas cámaras legislativas, tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes, algo que no ocurría hace años.  

El triunfo del partido de Biden en las elecciones para el Senado en el estado de Georgia fue crucial para confirmar el viraje político de Estados Unidos. Los demócratas Raphael Warnock y Jon Ossoff ocuparán sus escaños en la cámara alta para dibujar un dividido tablero político: 50 senadores republicanos y 50 senadores demócratas.

El presidente electo Joe Biden junto a los aspirantes al Senado Jon Ossoff y Raphael Warnick en un acto de campaña realizado este 4 de enero en Georgia, Estados Unidos.
El presidente electo Joe Biden junto a los aspirantes al Senado Jon Ossoff y Raphael Warnick en un acto de campaña realizado este 4 de enero en Georgia, Estados Unidos. © Carolyn Kaster / AP

Sin embargo, la vicepresidenta electa Kamala Harris, que también ocupará el cargo de presidenta del Senado, tiene la llave del desempate en el Legislativo para confirmar que, a partir de este 2021, la cámara será azul.

Así, Biden, que iniciará su mandato el 20 de enero, lo hará con la Cámara de Representantes y el Senado a su favor, algo que no sucedía para el Partido Demócrata desde hace diez años y que asegura ciertas facilidades para la gobernabilidad del país. Es un buen comienzo, probablemente mejor de lo esperado por los propios demócratas, pero el país sigue dividido y al nuevo presidente no le faltarán los obstáculos.

Luz verde para el Gabinete de Biden

La victoria demócrata en el Senado facilita, de entrada, el primer paso que tiene que dar cualquier presidente en Estados Unidos: formar su Gobierno. Las nominaciones de Biden para integrar el Ejecutivo deben ser aprobadas en la cámara alta, pero solo con mayoría simple, es decir, con 51 votos. Eso significa que el demócrata tendrá luz verde para nombrar a sus candidatos, sin que el Senado pueda boicotear sus decisiones.

Además, las nominaciones para el poder judicial también tendrán vía libre, ya que requieren la misma mayoría simple. Trump nombró 234 jueces federales durante su mandato, entre los cuales se cuentan los tres que llevó a la Corte Suprema. Este legado republicano en la Justicia podrá ser objeto de contrapesos con nominaciones demócratas durante los próximos años, incluso, si se presenta el caso, en la Corte Suprema.

Otra gran ventaja es que los republicanos perderán el control de importantes comisiones del Senado, como las que investigan y fiscalizan al Ejecutivo. Eso conlleva que cualquier intento de investigación sobre Biden o sobre escándalos demócratas que puedan estallar en los próximos años probablemente no prosperarán.

La presidenta de la Cámara de Representantes de EE. UU., Nancy Pelosi, y el vicepresidente Mike Pence convocan una sesión conjunta del Congreso para certificar los resultados de las elecciones de 2020 en el Capitolio en Washington, EE. UU., 6 de enero de 2021.
La presidenta de la Cámara de Representantes de EE. UU., Nancy Pelosi, y el vicepresidente Mike Pence convocan una sesión conjunta del Congreso para certificar los resultados de las elecciones de 2020 en el Capitolio en Washington, EE. UU., 6 de enero de 2021. © REUTERS/Jim Lo Scalzo / Pool

En lo referente a la legislación, el panorama no será tan fácil para el Gobierno demócrata. Hay leyes y decisiones que se podrán aprobar solo con los 51 votos azules, como por ejemplo nuevos paquetes de ayuda a la población a raíz de la pandemia de Covid-19, como el cheque de 2.000 dólares, algunas reformas de educación o legislación menor en torno al medio ambiente.

Las grandes reformas legislativas podrán ser bloqueadas

El Senado ostenta mayoría demócrata, pero es una mayoría mínima. El grueso de las grandes reformas legislativas que lleva Biden en su agenda requieren 60 votos en el Senado para impedir el llamado 'filibuster', la práctica de prolongar interminablemente los debates y evitar así la aprobación de ciertas leyes por parte de la minoría, por lo que los demócratas deberán generar acuerdos con la orilla republicana para aprobar algunos de los proyectos de Joe Biden.

Por ejemplo, puede ser especialmente difícil que triunfen iniciativas como el "Green New Deal", un proyecto para combatir el cambio climático, o las reformas previstas para caminar hacia unos seguros de salud públicos, dos grandes pilares de la campaña de Biden. 

Además, 50 asientos demócratas no siempre significan 50 votos demócratas. Hay senadores muy centristas que podrían votar en contra de iniciativas que consideren demasiado progresistas (o de izquierda, que podrían hacer lo mismo por razones contrarias), de la misma manera que hay republicanos que podrían oscilar hacia el voto favorable a Biden en ocasiones puntuales. 

Las victorias demócratas no sanan la fractura social

No hay duda de que la Administración Biden empieza con vientos a favor. Sin embargo, el poder demócrata en las instituciones no borra la profunda fractura que divide la sociedad estadounidense y que ha sido avivada en los últimos cuatro años del gobierno Trump. 

Solo hace falta recordar el insólito asalto al Capitolio que sucedió el miércoles durante la certificación de la victoria electoral de Biden, cuando centenares de seguidores de Trump irrumpieron violentamente en el edificio en un episodio que era impensable hace solo algunos años y que no se borrará de la memoria colectiva del país. 

Seguidores del presidente Donald Trump se enfrentan a la policía dentro del Capitolio el 6 de enero de 2021 en Washington D.C., Estados Unidos.
Seguidores del presidente Donald Trump se enfrentan a la policía dentro del Capitolio el 6 de enero de 2021 en Washington D.C., Estados Unidos. © Manuel Balce Ceneta / AP

De hecho, esta fractura se ha vivido con intensidad en el Senado y en la Cámara de Representantes en los que uno y otro partido han tenido enfrentamientos duros y el margen para acuerdos ha sido mínimo, algo que incluso se vio en la sesión de confirmación del miércoles 6 de enero. Tender puentes y tratar de superar esas fracturas, tanto en la sociedad como en el Congreso, es quizá el principal desafío de los demócratas. Algunos de los cuales no ocultan su satisfacción, así haya sido estrecho el margen con que la victoria en Georgia los deja al mando en ambas cámaras del Congreso.

Así lo mostró Hillary Clinton, con un trino elocuente: “Mitch McConnell, líder de la minoría en el Senado”. Irónica referencia a quien hasta ahora ha sido el líder de la mayoría republicana en la cámara alta y durante los pasados cuatro años, uno de los principales aliados y escuderos de Donald Trump.

Las heridas y resquemores generados bajo la presidencia de Trump no se cerrarán con facilidad. Y la mayoría de los demócratas no solo es mínima. Además, solo está asegurada durante dos años, ya que la mitad de las dos cámaras se renovará en los comicios legislativos de 2022. 

Con EFE y medios locales

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