Análisis

Las amistades peligrosas de Trump: así actúa la extrema derecha en EE. UU.

Los miembros de Proud Boys se unen a los partidarios del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en su manifestación en Washington, DC, el 12 de diciembre de 2020.
Los miembros de Proud Boys se unen a los partidarios del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en su manifestación en Washington, DC, el 12 de diciembre de 2020. © José Luis Magana / AFP

El nuevo presidente, el demócrata Joe Biden, quiere volver a unir el país. Pero los cuatro años de Donald Trump en el poder dieron legitimidad a facciones de extrema derecha. El fin del 'trumpismo' no hará desaparecer a los Proud Boys, Oath Keepers o Boogaloo Bois, considerados como terroristas domésticos. Al contrario: expertos temen que, bajo las acusaciones de Trump, los extremistas puedan seguir recurriendo a las armas.

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El asalto al Capitolio de Estados Unidos, entre personas disfrazadas y abanderados de las teorías de la conspiración más extremas, fue visto en el mundo con incredulidad e incluso con cierta burla. Sin embargo, bajo la apariencia de espontaneidad, detrás de esa jornada grotesca se encuentra un viejo conocido de la historia: la extrema derecha. Pese a ser menos uniforme que el viejo fascismo, cuenta con personas que se sienten amenazadas por la pérdida de hegemonía y privilegios. De ahí que la mayoría de sus integrantes compartan una característica: son hombres blancos. 

Que la anécdota no nuble la realidad: bajo los cuernos de vikingo o las camisetas freaks hay un peligroso movimiento que ha ganado protagonismo durante los años de Gobierno del republicano Donald Trump, y analistas y expertos aseguran que no va a desaparecer, pese a la victoria del demócrata Joe Biden. 

Para no relativizar el peligro que entraña la extrema derecha en Estados Unidos, basta darle una vistazo a los datos. Uno de los lugares de propagación de ideas conspirativas y extremistas es la aplicación de mensajería Telegram. Un análisis de 'Daily Beast' sobre 20 canales líderes, que forman parte de la red Siege, conocida como 'Terrorgram', reveló que hay más de 120.000 suscriptores que reivindican, entre otras ideas, el legado de terroristas fascistas recientes, como el noruego Anders Breivik, que mató a 72 personas, o del australiano, Brenton Tarrant, que asesinó a 51 personas en dos mezquitas de Nueva Zelanda.

En estos canales, los ultraderechistas consideran que la derrota electoral de Trump desencadena una situación "sin solución política". Una encuesta de Uncensored a miembros del famoso grupo de ultraderecha Proud Boys, tras el asalto al Capitolio, preguntaba: "¿Quieres una guerra total?". Más del 77 % votó 'Sí'.

Los más radicales celebran este viraje cada vez más evidente de Proud Boys hacia la violencia. El día antes del asalto al Capitolio, su líder, Enrique Tarrio, fue arrestado y acusado por posesión de armas y por destruir un letrero de Black Lives Matter (Las Vidas Negras Importan) en una histórica iglesia afroamericana. 

Enrique Tarrio, líder de los Proud Boys, y arrestado un día antes del asalto al Capitolio.
Enrique Tarrio, líder de los Proud Boys, y arrestado un día antes del asalto al Capitolio. © Stepanhie Keith / AFP

Para la profesora de Derecho de la Universidad de Georgetown, Mary McCord, en los próximos meses puede continuar la "radicalización masiva". En su opinión, los extremistas blancos piensan así: si las "élites" están dispuestas a robar elecciones o inventar un virus, "¿por qué hacer política? ¿por qué no tomar las armas?"

¿Quiénes son y qué piensan estos grupos de extrema derecha?

Según el Southern Poverty Law Center (SPLC), organización dedicada a los derechos civiles, los grupos nacionalistas blancos defienden ideologías supremacistas y separatistas, y a menudo se centran en la supuesta inferioridad de las personas no blancas. 

El movimiento supremacista blanco, además, se entremezcla con extremistas antigubernamentales, teóricos de la conspiración, partidarios de Donald Trump, el Ku Klux Klan, neoconfederados, neonazis e incluso integristas cristianos. 

En el punto de mira de los supremacistas blancos ya no solo están los judíos y negros, sino que ahora también están musulmanes, hispanos, izquierdistas, la comunidad LGBTQ+ y todos aquellos considerados como enemigos de los blancos. 

El asalto al Capitolio fue una oportunidad de ver una concentración de todos estos grupos extremistas, con banderas y simbología, desconocidas para la mayoría, pero presentes habitualmente en los círculos ultraderechistas.

Según una clasificación de la organización ACLED, que trata de entender los conflictos mediante los datos, estos grupos se dividen principalmente en tres tipologías: milicias mainstream, como los conocidos Oath Keepers; extrema derecha urbana, como los Proud Boys; y los grupos libertarios de ultraderecha descentralizados, como los Boogaloo Bois.

- Proud Boys: fueron popularizados por el propio Donald Trump en la campaña electoral con la frase: "Proud Boys, den un paso atrás y manténganse preparados". Es un grupo formado exclusivamente por hombres, todos nacionalistas blancos. Fue fundado en 2016 y sus miembros fueron protagonistas de los disturbios de Charlottesville en 2017, cuando un neonazi arrolló con su coche una protesta antirracista, matando a una persona e hiriendo a más de 20. Suelen vestir con polo de la marca Fred Perry con los colores amarillo y negro.

Un miembro de Proud Boys durante una concentración ultraderechista.
Un miembro de Proud Boys durante una concentración ultraderechista. © Stephanie Keith / AFP

Se describen a sí mismos como “chovinistas occidentales” y reivindican el asalto al Capitolio. Su líder, Enrique Tarrio, urgió una estrategia en la red social Parler para que sus miembros no fuesen detectados por las fuerzas de seguridad: “No usaremos nuestro tradicional negro y amarillo. Iremos de incógnito y nos expandiremos por el centro de DC en equipos más pequeños. Y quién sabe... podríamos vestirnos de NEGRO para la ocasión".

- Oath Keepers: esta milicia paramilitar fue fundada en 2009 por Stewart Rhodes, un exsoldado y graduado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale. La milicia forma parte de una red nacional y se ha comprometido a iniciar una nueva guerra civil en nombre de Trump. Asociaciones civiles de monitoreo los consideran como extremistas y radicales.

Miembro armado de la milicia Oath Keepers durante una concentración.
Miembro armado de la milicia Oath Keepers durante una concentración. © Michael B. Thomas / AFP

- Boogaloo Bois: grupo nacido en 2019, es una confederación muy unida de militares antigubernamentales. Su objetivo es intensificar el conflicto dentro de la sociedad política para acelerar la que consideran como una "inevitable segunda Guerra Civil". En su historial está la instigación de múltiples asesinatos y ataques. Por ejemplo, llegaron a planear el secuestro de la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, y se les considera responsables del asesinato de dos agentes de la ley en California. 

Miembros del grupo Boogaloo Bois en una concentración en Michigan de extrema derecha.
Miembros del grupo Boogaloo Bois en una concentración en Michigan de extrema derecha. © Seth Gerald / AFP

¿Qué teorías de la conspiración defienden estos grupos de extrema derecha? 

Tras las elecciones, todos estos grupos no dudaron en sumarse a las afirmaciones de Donald Trump de que las elecciones fueron manipuladas. Además, suelen defender las teorías mundiales de que el virus del Covid-19 no existe. Pero más allá de esto, el pensamiento conspirativo es habitual entre la extrema derecha estadounidense. Unas creencias que cada vez están más presentes en la sociedad, alejándose de la marginalidad de Internet. Entre sus teorías destacan:

- Teoría QAnon: popularizada y defendida por Jacob Anthony Chansley, el vikingo del asalto al Capitolio, esta teoría está ligada a numerosos actos de violencia y complots terroristas, y cada vez tiene más adeptos en el discurso dominante del Partido Republicano. Se trata de un movimiento de conspiración de extrema derecha que tiene como creencia que Trump lucha en secreto contra enemigos del Estado, así como contra un grupo de caníbales adoradores de Satanás que se dedican al tráfico sexual de niños. Es la última teoría de la supremacía blanca y tuvo un papel protagónico en la insurrección del 6 de enero. Desde el 2019, el FBI considera a QAnon como una amenaza terrorista doméstica.

Participantes en el asalto al congreso, entre los que destaca Jacob Anthony Chansley, disfrazado de vikingo, y un gran defensor de la Teoría QAnon.
Participantes en el asalto al congreso, entre los que destaca Jacob Anthony Chansley, disfrazado de vikingo, y un gran defensor de la Teoría QAnon. © Saul Loeb / AFP

- Plan Kalergi: es una idea promocionada por Gerd Honsik, neonazi y negacionista del Holocausto, que sostiene que existe un plan oculto para debilitar a la raza blanca mediante el mestizaje que provoca la migración. Consideran que las consecuencias son mano de obra barata y seres humanos más débiles. 

- Teoría del Gran Reemplazo: en la línea del Plan Kalergi, esta teoría advierte que existen planes secretos para acabar con la demografía y cultura europea a través de la inmigración. En su opinión, las personas musulmanas acabarán instalando la sharia en Europa y diluirán a los blancos, en colaboración con negros e hispanos. 

En un análisis de Shane Burley en 'NBC News', el autor considera que la retórica de Donald Trump ayudó a que todas estas teorías conspirativas hayan pasado de las profundidades de Internet a la popularidad, llegando a millones de personas. De hecho, el 75 % de los republicanos considera que las elecciones fueron robadas. Esto significa, según Burley, que "decenas de millones de personas creen que el mundo no es cómo lo vemos, sino que hay una clase en la sombra moviendo los hilos".

Burley también advierte de que la salida de Trump no acabará con la violencia porque el republicano "ha perdido la presidencia, pero todavía tiene su ejército". De hecho, las encuestas muestran que el 10 % de los estadounidenses creen que es aceptable tener puntos de vista neonazis, mientras que el 12 % apoya el ataque al Capitolio. Esto significa un respaldo de parte de millones de personas.

Sobre las teorías conspirativas, Sarah Hightower, experta en la cultura QAnon, afirmó que "es como si estuvieran virtualmente traumatizándose a sí mismos. Como si estuvieran inventando historias, experimentándolas para vivir un trauma indirecto".

¿Cuál es la base de simpatizantes de la extrema derecha?

El perfil de los asaltantes del Capitolio ha llegado a medios de comunicación de todo el mundo. Es un perfil variopinto: desde militares retirados, pasando por el hijo de un popular juez neoyorquino, una multimillonaria que presumía de haber asistido en su jet particular, hasta gente de clase obrera e integristas católicos. 

Preocupa especialmente entre las agencias de seguridad y los analistas el avance de las ideas de odio entre el personal militar y policial, una tendencia habitual en otros países del mundo. 

El FBI advierte que el terrorismo doméstico es una de las amenazas del país, además de avisar de los vínculos que tiene con fuerzas de seguridad.
El FBI advierte que el terrorismo doméstico es una de las amenazas del país, además de avisar de los vínculos que tiene con fuerzas de seguridad. © Michael M. Santiago / AFP

Jason Crow, oficial retirado y miembro del Comité de Servicios Armados de la Cámara, aseguró que entre las Fuerzas Armadas "hay un problema crítico: el aumento del extremismo y la supremacía blanca en las filas (...) eso ha sido impulsado por el presidente Trump. Hay que abordarlo de inmediato y de forma inequívoca". 

Una encuesta del medio Military Teams desveló en 2020 que más de un tercio de las tropas en activo habían presenciado, en el seno del Ejército, simpatías por el nacionalismo blanco y el racismo. 

Mark Pitcavage, experto en extrema derecha para la Liga Antidifamación, habló en 2020 con el Comité de Servicios Armados de la Cámara, asegurando que "el número de extremistas en el Ejército ha aumentado debido a un mayor porcentaje de supremacistas blancos que intentan unirse al Ejército y al desarrollo de inclinaciones supremacistas blancas entre algunos miembros del personal en servicio".

Pero además de militares, también hay simpatizantes de movimientos ultraderechistas entre la policía. En los hechos del 6 de enero, según el portal de noticias de justicia 'The Appeal', se identificaron a 30 policías. Además, sin conocerse el número, se sabe que hay varios agentes de policía del Capitolio que han sido suspendidos por haber apoyado a los alborotadores. También se ha conocido la suspensión e investigaciones de distintos estados contra agentes que acudieron a la insurrección. 

“Estas son personas a las que les damos armas, que reciben capacitación especializada, que tienen acceso a información sensible (...) y participaron en un plan para revertir la votación a favor de el presidente elegido democráticamente”, dijo Vida B. Johnson, profesora de Derecho de la Universidad de Georgetown y experta en vigilancia.

En una investigación, Johnson encontró que, desde 2009, más de 100 departamentos en 49 estados han enfrentado escándalos con declaraciones abiertamente racistas por parte de oficiales. El FBI ha dicho que los supremacistas blancos son la mayor amenaza terrorista nacional y que los grupos suelen tener "vínculos activos" con la policía.

Las relaciones en el siglo XX entre las grandes fortunas y el fascismo están documentadas. De hecho, se ha documentado que los extremistas radicales de derechas estadounidenses reciben donaciones por parte de multimillonarios. 

Según informa 'The Guardian', el Club for Growth, movimiento antiimpuestos formado por multimillonarios, gastó 20 millones de dólares entre 2018 y 2020 para apoyar a 42 senadores radicales, los cuales votaron para invalidar la victoria de Joe Biden. Entre sus beneficiarios, por ejemplo, está la congresista Lauren Boebert, pro-armas de fuego y seguidora de las teorías QAnon.

La congresista de extrema derecha Lauren Boebert está financiada por los multimillonarios del Club for Growth.
La congresista de extrema derecha Lauren Boebert está financiada por los multimillonarios del Club for Growth. © Jason Connolly / AFP

Además de las fortunas, la extrema derecha ha encontrado un nicho en el extremismo religioso. “No se puede entender lo que pasó hoy sin lidiar con el nacionalismo cristiano”, señaló el 6 de enero Andrew Whitehead, sociólogo de la Universidad de Indiana-Purdue, y agregó que los movimientos evangélicos blancos toleran al extremismo de ultraderecha desde mucho antes de Trump: “Ellos proporcionaron los fundamentos políticos y teológicos de lo sucedido, lo que ha permitido que reine la anarquía”.

¿Desaparecerá la violencia sin Donald Trump en la Casa Blanca?

Antes de los hechos del Capitolio, el investigador Ari Weil ya informó que, entre mayo y septiembre de 2020, hubo más de 100 ataques con automóviles contra manifestantes de izquierdas. 

Sistemas de alerta como ACLED o Crisis Group avisaron en informes del mes de octubre de lo que podía llegar a pasar antes y después de las elecciones. ACLED advertía lo siguiente: "Es concebible que la violencia pueda estallar durante la votación o durante un escrutinio prolongado. Los funcionarios deben tomar precauciones adicionales. Los medios de comunicación y los líderes extranjeros deben evitar proyectar un ganador hasta que el resultado sea seguro".

Entre las causas esgrimían la polarización política ligada a raza e identidad, el surgimiento y visibilidad de grupos armados con agendas políticas y la posibilidad real de impugnación electoral y retórica de uno de los candidatos. Además, el Stanley Center avisó que más allá de las elecciones puede plantearse un escenario de violencia, como demuestran los planes de contingencia que habían diseñado los equipos de campaña de Demócratas y Republicanos.

Son señales preocupantes que no desaparecerán con la derrota de Donald Trump. Por su parte, Joe Biden insiste en sus discursos de unión, mientras que los analistas, por el contrario, creen que una victoria demócrata no cambiará la radicalización. Precisamente, el gran apoyo de Trump entre determinados sectores sociales es la consecuencia del auge de un extremismo, que pone en peligro la democracia estadounidense y que marcará la agenda del nuevo Gobierno. 

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