Análisis

Joe Biden: a gobernar un país profundamente dividido

Joe Biden tiene, entre otros retos urgentes, la difícil tarea de recuperar la concordia en un país donde millones de personas no lo reconocen como presidente.
Joe Biden tiene, entre otros retos urgentes, la difícil tarea de recuperar la concordia en un país donde millones de personas no lo reconocen como presidente. © France 24
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Las escenas del pasado 6 de enero en el Capitolio y el gigantesco despliegue militar para proteger al presidente electo este 20 de enero son solo consecuencias de una confrontación política que sacude a todo el país, pero que genera especial preocupación por la radicalización de determinados sectores del Partido Republicano, y fuera de este, y la dificultad que la situación entraña para la gobernabilidad de los próximos cuatro años. Joe Biden tiene ahora el reto de conducir un país desgajado en medio de una turbulencia histórica.

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La ceremonia de posesión del cargo de este 20 de enero convertirá a Joe Biden en el 46º presidente de Estados Unidos, pero el demócrata recibe un país profundamente polarizado en lo político, lo social y lo económico. Una división que existe desde hace décadas, pero que cuatro años de poder bajo el mando de Donald Trump se acentuó. 

Estas últimas semanas desde las elecciones del 3 de noviembre, que otorgaron la victoria a Biden, han sido de las más anormales en la historia del país. La negativa de Donald Trump a reconocer su derrota, a pesar de que los tribunales a los que impugnó los resultados no le dieran la razón, encendió los ánimos de sus seguidores más fervientes, encuadrados en el sector más radical del Partido Republicano.

Una situación que no solo se ha quedado en palabras y que el pasado 6 de enero se materializó en hechos tras el asalto al Capitolio tras un incendiario discurso del mandatario saliente, Donald Trump. Imágenes sin precedentes de violencia en la sede legislativa estadounidense que desencadenaron en cinco fallecidos, caos y el consecuente ‘impeachment’ contra Trump a falta de unos días para terminar su mandato. El segundo de la legislatura en su contra. 

Estas situaciones abrieron un mar de dudas sobre el panorama político interno de la primera potencia mundial. Parece complejo asegurar que el fin de Trump en el cargo presidencial sea el final de su corriente ideológica. Joe Biden tiene la difícil tarea de sacar adelante una serie de propuestas y recuperar la concordia en un país donde millones de personas no lo reconocen como presidente y donde los puntos de entendimiento entre los dos principales partidos prácticamente desaparecieron.

La radicalización de determinados sectores 

Desde el 6 de enero, lo que más ha llamado la atención fueron las imágenes de personas armadas, ataviadas en modo caza y en completa coordinación y orden, entrando al Capitolio y provocando la paralización de la sesión que certificó la victoria de Joe Biden en las elecciones contra Donald Trump.

Esto ha hecho que de cara al 20 de enero, Washington D.C. se militarice para evitar imágenes similares a las de ese día, pero han surgido una serie de temores en torno al poder, seguimiento y capacidad de estos grupos armados.

Los seguidores de Donald Trump se reúnen frente a la Casa Blanca para rechazar los resultados electorales, el 6 de enero de 2021.
Los seguidores de Donald Trump se reúnen frente a la Casa Blanca para rechazar los resultados electorales, el 6 de enero de 2021. © John Minchillo / AP

Para Mariano Aguirre, investigador asociado del Instituto Chatham House y de la red de seguridad de la Fundación Friedrich Ebert, “Biden llega al poder en un momento en el que los grupos armados y la proliferación de armas en el país está en pleno auge”, un evidente peligro para su presidencia ya que se trata de “grupos profundamente antidemocráticos que no creen en el Gobierno y menos en la legitimidad de Joe Biden”.

Pero Aguirre cree que lo preocupante de cara a los próximos cuatro años es la implicación en estos grupos de determinados sujetos de las fuerzas de seguridad estatales. “Las investigaciones del FBI apuntan a que existe una radicalización de algunos mandos que actualmente operan en determinados cuerpos de seguridad y entre los detenidos por el asalto al Capitolio hay 11 exmiembros de estas fuerzas”, apunta. 

En línea con lo que expone Aguirre, un artículo del 'New York Times' ya advirtió sobre el hecho de que veteranos estuviesen fortaleciendo las filas de estos grupos armados radicales en septiembre. Lo observado el 6 de enero no fueron actos espontáneos, sino totalmente organizados.

Una opinión que también comparte Robert Matthews, profesor de historia y política de Latinoamérica de la New York University, que señala que esto es “lo más preocupante de la situación actual de polarización”. Matthews atribuye la coyuntura a la existencia de “multitud de agentes de la ley que no responden al orden federal y que se radicalizan en el supremacismo blanco”.

Estados Unidos no está acostumbrado a hacer este tipo de llamamientos a sus fuerzas armadas

Esta cuestión ha hecho que el Alto Estado Mayor publicara un comunicado en el que se recuerda a las fuerzas de seguridad su lealtad con la Constitución y con el próximo comandante en jefe, Joe Biden. Para Aguirre esto es algo insólito ya que “Estados Unidos no está acostumbrado a hacer este tipo de llamamientos a sus fuerzas armadas. Estas cosas las hemos visto en otros lugares del mundo para evitar posibles golpes de Estado, pero no aquí”.

Además de este comunicado, entre los altos funcionarios de Defensa existe la preocupación de que algunos miembros de las más de 20.000 tropas desplegadas en Washington D.C. puedan representar una amenaza para la seguridad y contribuir a un ataque interno. Hecho por el cual el FBI ha comenzado un minucioso proceso de investigación de cada uniformado de la Guardia Nacional.

A la supuesta organización de estos grupos hay que sumar otro factor difícil de controlar y es la proliferación de armas. El profesor Matthews señala que en 2020 “se batió un nuevo récord de compra de armas”. Casi 40 millones, 10 millones más que en 2019, cuando también se batió el récord.

El FBI comenzó una investigación de los soldados de la Guardia Nacional presentes en la toma de posesión de Joe Biden ante el temor de ataques internos. En Washington D. C., el 18 de enero de 2021.
El FBI comenzó una investigación de los soldados de la Guardia Nacional presentes en la toma de posesión de Joe Biden ante el temor de ataques internos. En Washington D. C., el 18 de enero de 2021. © Brendan McDermid / Reuters

Matthews también considera que es importante hacer hincapié en el contexto de este aumento de armas: “Antes aumentaban las ventas después de las masacres por miedo a una restricción, pero este aumento es algo más general. Se ha dado porque en determinados sectores ha calado el discurso de que el Gobierno entrante quiere destruir a Estados Unidos”.

¿El ocaso de Trump supone el final de los postulados más radicales?

Los hechos del Capitolio no se pueden cargar sobre todos los votantes del Partido Republicano, pero parece claro que fueron motivados por meses de retórica dura por parte del presidente Donald Trump. La cuestión ahora es saber si la salida del poder del mandatario generará una moderación en las filas republicanas.

Para Álex Maroño, analista en el medio de comunicación español ‘El Orden Mundial’, hay “tres facciones dentro del Partido Republicano: los que siguen defendiendo a Trump, los que han roto con él recientemente y los tradicionales. Está por ver cómo se consolidan estos tres grupos especialmente durante el ‘impeachment’, pero parece que el ‘trumpismo’ sigue siendo mayoritario”.

El ‘trumpismo’ como corriente política no se irá de la noche a la mañana del Partido Republicano porque sigue siendo mayoritario entre sus filas y como indica Mariano Aguirre, “la radicalización del partido viene de antes de la llegada de Donald Trump, sólo que él supo capitalizarla”, por lo que es de esperar que la línea continúe.

El profesor Matthews coincide en esta línea y asegura que “la trayectoria ultraconservadora del partido seguirá hasta que enlacen varias derrotas electorales aplastantes seguidas, algo que está muy lejos de suceder”.

Además, aunque escenas como las del Capitolio causaron estupor en una mayoría de votantes, incluso muchos de ellos republicanos, una encuesta de 'YouGov' del 6 de enero mostró que el 68% de los republicanos no consideraba que los eventos de ese día fuesen una “amenaza para la democracia”. En la escandalosa jornada, un 43% de los republicanos encuestados aprobaron el asalto al Congreso.

Una seguidora de Donald Trump reclama cuatro años más de poder para el presidente saliente en un acto político el 27 de octubre de 2020 en Miami.
Una seguidora de Donald Trump reclama cuatro años más de poder para el presidente saliente en un acto político el 27 de octubre de 2020 en Miami. © Wilfredo Lee / AP

Aunque es cierto que, en otra encuesta del 13 de enero, cuando ya se conocieron con más detalles las consecuencias, el apoyó bajó al 12% y los indecisos llegaron al 20%, las cifras siguen mostrando un apoyo nada despreciable hacia Donald Trump, ya que el 36% de los votantes republicanos se siguen considerando únicamente ‘trumpistas’.  

Aguirre concluye que “aunque hay votantes republicanos que no les gusta las forma que ha tenido Trump durante estos cuatro años, están de acuerdo con su gestión económica, con su discurso en favor del tradicionalismo y de la religión y en contra de políticas sociales o medioambientales”.

Los desafíos que tendrá que afrontar Biden a pesar de la división

El pasado 6 de enero los demócratas lograron una victoria casi tan importante como llegar a la Casa Blanca: Raphael Warnock y Jon Ossoff se hicieron con los dos puestos en el Senado que faltaban y lograron un empate en la Cámara Alta que beneficiará a Joe Biden gracias al voto cualificado de Kamala Harris.

Esta doble victoria en la segunda vuelta de la carrera senatorial de Georgia hace que el Gobierno entrante pueda obtener victorias legislativas gracias al doble control cameral, pero la falta de entendimiento con la oposición parece casi asegurada en algunos asuntos como la ayuda económica y el medio ambiente.

Maroño destaca que “la mayoría de la que goza Joe Biden es la más escasa en décadas y no siempre todos los representantes o senadores demócratas estarán de acuerdo en todo, por lo que se puede romper”. El analista pone ejemplo en representantes o senadores más conservadores de estados como Virginia Occidental, algo que hace que a Biden “le interese una agenda bipartidista”.

El Partido Republicano lleva años con una política fuerte que tiende hacia la desaparición del Estado en la mayoría de los planos de la vida, algo que según Aguirre “llevará a fuertes resistencias con respecto a temas como las ayudas económicas durante la pandemia y los planes verdes”. El investigador sostiene que lo que menos gusta entre la bancada conservadora es “la intención de construir un nuevo ‘New Deal’ adaptado al siglo XXI”.

Además de estas cuestiones más parlamentarias, está la pandemia del nuevo coronavirus, que hasta la fecha ha dejado más de 200.000 fallecidos en Estados Unidos y que también ha sido cuestión de disputa política. Joe Biden prometió 100 millones de vacunas en sus 100 primeros días, pero la cuestión es cómo llegar a esa cifra cuando entre las filas republicanas hay altos porcentajes de negacionistas, antivacunas y detractores del uso del tapabocas.

Un miembro del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) recibe una dosis de la vacuna Moderna Covid-19 en la Academia de Policía de Queens en el distrito de Queens de Nueva York, EE. UU., El 11 de enero de 2021.
Un miembro del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) recibe una dosis de la vacuna Moderna Covid-19 en la Academia de Policía de Queens en el distrito de Queens de Nueva York, EE. UU., El 11 de enero de 2021. © Jeenah Moon / Reuters

Matthews considera que “es imposible que la Administración Biden llegue a obligar a vacunar. El presidente electo ha hecho suyo el argumento de lucha contra la pandemia, pero ahora se enfrenta a varias realidades como son una población muy escéptica en algunos sectores sociales y, sobre todo, un problema logístico y de abastecimiento mayúsculo”.

¿Habrá reconciliación?

Una de las principales promesas de Biden antes y después de su victoria fue la de “devolver la concordia” a una nación que ha experimentado la mayor tensión política de las últimas décadas o incluso del último siglo. Pero los tres analistas consultados por France 24 coinciden en que será un proceso largo y difícil.

Mariano Aguirre considera que el problema “no es que haya una polarización de los dos lados, es que la tradición de la derecha estadounidense se ha radicalizado. El investigador cree que “hay una posibilidad de establecer cierta concordia con el votante preocupado por la situación económica si Biden consigue una recuperación rápida, pero con el republicano más político e influenciado por la ideología es casi imposible”.

Para Maroño, la cuestión pasa por “llevar a cabo un programa a largo plazo de desradicalización de algunos sectores que están ciertamente alejados del Estado”. El gran desafío es llegar a una población que muchas veces es rural y vive en los estados que hay entre las dos costas, alejados de las grandes corrientes de información y tendencias políticas de los polos industriales.

Con todo, Joe Biden afronta este 20 de enero el inicio de su mandato. El 46º presidente en la historia del país tiene por delante grandes desafíos que resolver en medio de una situación interna convulsa que parece estar lejos de resolverse y que tiene el peligro de recrudecer por la radicalización de determinados sectores que se niegan cada vez más a la evidencia, la democracia y la institucionalidad de la que tanto se precia la primera potencia mundial. 

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