Rusia y Estados Unidos, tensar sin romper

Esta combinación de imágenes creadas el 17 de marzo de 2021 muestra al presidente de Estados Unidos, Joe Biden (izq.), y al presidente de Rusia, Vladimir Putin (der.).
Esta combinación de imágenes creadas el 17 de marzo de 2021 muestra al presidente de Estados Unidos, Joe Biden (izq.), y al presidente de Rusia, Vladimir Putin (der.). © AFP

La relación entre Rusia y Estados Unidos bajo la era Biden supuso varios cambios en la retórica de ambas potencias; una mediada por acusaciones de injerencia electoral, una rivalidad personal imposible de ignorar y una competencia geopolítica activa. A pesar de la tensión y un embajador en consultas, los canales entre Moscú y Washington siguen abiertos. 

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Cuentan que el periodista Bill O'Reilly le dijo una vez a Donald Trump que Putin era un “asesino”. Trump respondió: “Tenemos muchos asesinos. Y bueno, ¿crees que nuestro país es inocente?”.

La escena se repitió, con actores distintos, el 17 de marzo pasado. Biden, en una entrevista con la cadena 'ABC News', respondió de manera afirmativa a la pregunta de si "cree que Putin es un asesino", y amenazó con hacerle pagar por su supuesta interferencia en las elecciones de noviembre de 2020. 

La respuesta rusa al incidente no tardó en llegar: Anatoli Antonov, embajador ruso en EE. UU., fue llamado a consultas a Moscú.

Pero en realidad Putin no se ha tomado tan mal las palabras de Biden. 

Desde el punto de vista de Barack Obama, Rusia era un país absolutamente irrelevante. Incluso una potencia en declive. Ahora Gran Bretaña y Estados Unidos señalan a Rusia como una gran amenaza. Rusia prefiere ser malinterpretada a no ser tenida en cuenta en absoluto. Por eso en su primera reacción, el presidente ruso le deseó buena salud a Biden y afirmó que "cuando se da una valoración a otras personas o a otros Estados, es como si uno se mirara en el espejo". Incluso propuso un debate abierto a su colega estadounidense, que lo ha rechazado. 

Biden siempre ha tenido claro el interés de Moscú en la reelección de Trump. El compromiso de Biden con el concepto de "excepcionalismo estadounidense” —la bula para hacer y deshacer fuera de sus fronteras— siempre fue más claro que el de Trump. Y el Kremlin lo considera peligroso. 

Influencia rusa y guerra de información  

Este mes, el diario ‘The Washington Post’ reveló que, según un informe secreto de la CIA, Putin podría encontrarse detrás de una campaña de 2020 que tuvo como objetivo desacreditar al entonces candidato demócrata a la Presidencia de EE. UU. Ya a principios de agosto pasado, el director del Centro Nacional de Contrainteligencia y Seguridad, William Evanina, aseguró que Rusia estaba dando pasos para intentar denigrar a Joe Biden en las elecciones presidenciales.

Todo indica que se trataba de acciones para moldear actitudes públicas y, posiblemente, para influir en el comportamiento de los votantes a través de una campaña de relaciones públicas negativa contra uno de los candidatos y una campaña positiva en apoyo del otro. Se trataría de una guerra de información, esta vez sin robo de datos. 

 

Pero antes que los norteamericanos, son “los rusos los que creen que Estados Unidos interfiere de manera similar en las elecciones rusas y que esto es simplemente parte de la competencia geopolítica”, escribe Vladimir Frolov, analista político y columnista de ‘The Moscow Times’. 

Biden tiene razones para considerar su rivalidad con Putin como algo personal. Cree que el Kremlin está detrás de grabaciones manipuladas de conversaciones telefónicas entre el vicepresidente Biden y el presidente ucraniano Petro Poroshenko que intentaron manchar su campaña. 

A la espera de sanciones 

EE. UU. prepara unas sanciones que afectarán a los líderes rusos, aunque la mayoría de esas personas ya son objeto de vetos. 

Moscú considera que las afirmaciones de los medios occidentales de que el presidente ruso dirigió una campaña mediática en contra del candidato presidencial Joe Biden es un ejemplo de "estupidez desenfrenada", declaró este jueves a la agencia 'Sputnik' el viceministro de Exteriores ruso Serguei Riabkov. Si la situación se deteriora aún más, el embajador Antonov podría permanecer en Moscú por tiempo indefinido. 

Moscú busca una respuesta moderada al "golpe de Biden" porque aún no ha perdido la esperanza de establecer un diálogo estable sobre, al menos, el control de armas.

Los canales entre Rusia y EE. UU. siguen abiertos 

Pese a las duras palabras, Washington y Moscú mantendrán, en todo caso, los canales abiertos. “Creemos que podemos trabajar con Rusia en temas clave, incluida la cuestión nuclear, donde solo en las últimas semanas, hemos extendido el acuerdo Nuevo START por cinco años”, dijo el lunes el asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan. Y el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, ha invitado al ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, a asistir a una conferencia sobre Afganistán en abril.

Lavrov, mientras tanto, mira hacia Oriente. Visitó China este lunes y martes, en lo que parece ser el preámbulo de un giro estratégico compartido para hacer frente al desafío estadounidense. Ante los medios Lavrov destacó que Rusia y China fortalecerán la "cooperación estratégica" para encarar la "hegemonía, el acoso y la arbitrariedad" de países como EE. UU. Los dos países tratarán de contrarrestar la hegemonía estadounidense a nivel global en un frente que consiste en quitar protagonismo al dólar. 

Los medios rusos escriben estos días que todavía están por ver los resultados de trasladar la batalla para acabar con la hegemonía estadounidense del campo ideológico al económico-financiero. Rusia de momento mira hacia China. Pero sabe que no puede ignorar a EE. UU... 

 

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