Persisten las protestas en Belarús, donde la policía lanzó disparos al aire

La policía detiene a un manifestante durante un mitin de la oposición para protestar por los resultados oficiales de las elecciones presidenciales en Minsk, Belarús, el domingo 1 de noviembre de 2020.
La policía detiene a un manifestante durante un mitin de la oposición para protestar por los resultados oficiales de las elecciones presidenciales en Minsk, Belarús, el domingo 1 de noviembre de 2020. © AP

Los manifestantes siguen manteniendo el pulso con el mandatario Alexander Lukashenko, quien se resiste a abandonar el poder a pesar de ser señalado por cometer fraude en las elecciones presidenciales del pasado 9 de agosto. Lukashenko ya advirtió que endurecería la represión policial contra los opositores.

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Un nuevo fin de semana de protestas sacudió Belarús. Este ya es el decimotercer fin de semana consecutivo en que los opositores salen a pedir la renuncia del presidente Alexander Lukashenko, por cometer fraude en las elecciones del 9 de agosto. Hasta 20.000 personas salieron a las calles de Minsk a protestar contra el oficialismo y se encontraron con la dura respuesta de las autoridades.

Grandes multitudes de personas se reunieron en la parte oriental de la capital bielorrusa y se dirigieron hacia Kurapaty, una zona boscosa en las afueras de la ciudad donde más de 200.000 personas fueron ejecutadas por la policía secreta soviética durante las purgas de la era estalinista. El 2 de noviembre es un día tradicional de protestas por parte de la oposición, que recuerda estos hechos.

Lukashenko es un admirador y nostálgico de la época soviética, y aunque defiende la independencia de Belarús de Rusia, mantiene fuertes lazos políticos y económicos con Moscú. Además, desde su llegada al poder en 1994, se adoptaron símbolos de la era soviética, como la propia bandera del país o el escudo.

Durante la marcha, los manifestantes portaban pancartas que decían: "La memoria del pueblo dura más que la vida de una dictadura" y "¡Dejen de torturar a su pueblo!". Los cánticos también alentaban, una vez más, a que el presidente abandonase su cargo. En las elecciones celebradas el pasado 9 de agosto obtuvo la victoria con el 81% de los votos, pero estas no fueron reconocidas ni por la oposición, ni por organizaciones como la Unión Europea.

Un hombre es arrastrado por tres agentes de policía al ser detenido en Minsk, Belarús, el 1 de noviembre de 2020.
Un hombre es arrastrado por tres agentes de policía al ser detenido en Minsk, Belarús, el 1 de noviembre de 2020. © AP

Durante estos casi tres meses, la represión contra los opositores ha sido constante y se han producido más de 15.000 detenciones y exilios forzados. La propia líder del movimiento opositor, Svetlana Tikhanovskaya, se vio forzada a abandonar el país al día siguiente de los comicios, por miedo a ser detenida por las autoridades. A pesar de ello, las protestas han seguido manteniendo su pulso.

Todos los miembros prominentes del Consejo de Coordinación de la oposición, que se formó para impulsar una transición de poder, han sido encarcelados u obligados a abandonar el país.

A pesar de las llamadas al diálogo, Lukashenko se burló de esta posibilidad y, en cambio, intensificó la represión contra los manifestantes, ordenando a los funcionarios expulsar a los estudiantes de las universidades por participar en manifestaciones y tomar medidas contra los trabajadores de fábricas que se declaren en huelga.

El jueves, el Gobierno cerró las fronteras de Belarús con Letonia, Lituania, Polonia y Ucrania. Dijeron que la medida tenía la intención de detener la propagación del coronavirus, aunque los funcionarios acusaron previamente a los países vecinos de intentar desestabilizar a Belarús.

Desde el oficialismo en Minsk se mantiene que las movilizaciones están financiadas y apoyadas por agentes extranjeros y acusan de ello especialmente a la Unión Europea y Estados Unidos.

Desde este domingo, todos los extranjeros, con la excepción de diplomáticos, funcionarios gubernamentales, personas con permisos para trabajar en Belarús y personas de otras categorías limitadas, tienen prohibido cruzar las fronteras terrestres del país.

Varias personas protestan frente a policías armados con munición real en Minsk, Belarús, el 1 de noviembre de 2020.
Varias personas protestan frente a policías armados con munición real en Minsk, Belarús, el 1 de noviembre de 2020. © AP

Armas de fuego por parte de las autoridades

Estas protestas han supuesto un golpe para el oficialismo de Lukashenko, que lleva instalado en el poder desde 1994 y que varias organizaciones internacionales han señalado que, desde entonces, ha amañado todos los comicios. El presidente advirtió que endurecería su represión y hoy varios agentes de policía han disparado munición real al aire para disuadir las protestas.

Los vehículos blindados todoterreno, equipados con ametralladoras, fueron vistos en Minsk por primera vez en casi tres meses de protestas, junto con vehículos con cañones de agua y otros equipos antidisturbios. Se cerraron varias estaciones de metro y el servicio de Internet móvil no funcionó.

La policía detuvo a más de 200 personas en Minsk y otras ciudades bielorrusas donde se llevaron a cabo protestas el domingo, según la organización en defensa de los derechos humanos Viasna. Varios periodistas se encontraban entre los detenidos y muchos de ellos fueron golpeados, dijeron activistas de derechos humanos.

El futuro político de Belarús parece incierto, pero después de casi tres meses de protestas parece difícil que Lukashenko pueda renunciar al poder porque cuenta con el apoyo explícito de las fuerzas armadas del país y de Rusia, su principal socio y aliado.

Con AP y EFE

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