La cultura en Reino Unido lucha por no bajar el telón ante el Covid-19

El Royal Ballet presenta "The Nutcracker" en un ensayo general, antes de las presentaciones para el público en vivo bajo las pautas seguras de Covid-19 durante todo diciembre. En Londres, Reino Unido, el 9 de diciembre de 2020.
El Royal Ballet presenta "The Nutcracker" en un ensayo general, antes de las presentaciones para el público en vivo bajo las pautas seguras de Covid-19 durante todo diciembre. En Londres, Reino Unido, el 9 de diciembre de 2020. © Toby Melville / Reuters

Teatros y museos empiezan a abrir sus puertas tímidamente, mientras siguen transformando sus instalaciones para hacerlas seguras para público, elencos y trabajadores. Sin espectáculos, muchos artistas han perdido sus trabajos. El 2020 obligó a repensar el futuro de una industria que requiere público masivo para su supervivencia.

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El West End en Londres es sinónimo de cultura, arte y una vida bohemia en el que los minutos no corren tanto como en el resto de la ciudad. Esta es conocida como la zona de los teatros.

Solo aquí, están concentrados 300 teatros que reviven cada noche desde los musicales más conocidos y las más fastuosas producciones, hasta las que tienen un perfil más independiente. 

En esta zona siempre hay luces enormes, cientos de personas haciendo fila, ruido, mucho ruido, vida y olores de comida de todo el mundo.

Pero desde marzo el West End está prácticamente apagado. El efecto del Covid-19 en la industria creativa del Reino Unido, pero, en especial, de la capital británica, ha sido devastador y con un futuro impredecible.

Cada noche, un promedio de 93 mil personas acudía a un espectáculo de teatro en el país. De estos, 37 mil solo en el West End. La audiencia anual del teatro en Londres es de 15 millones y de 34 millones en todo el país. El musical que más ha durado, desde 1985, es Les Miserables.

En diálogo con France 24 en Español, el vocero de la Society of London Theatre describió el impacto del Covid-19 como “una amenaza como ninguna otra experimentada antes”. 

“Si bien la situación sigue siendo terrible para muchos, la industria del teatro también ha demostrado ser extraordinariamente resiliente, ingeniosa y con mentalidad comunitaria”, señaló.

Bailando digitalmente

Una situación similar ha padecido el ballet en Londres. En tiempos de distancia social, bailar ha estado casi prohibido.

El mexicano Isaac Hernández, la estrella masculina del English National Ballet, no baila con público desde febrero. Se reconoce “afortunado de poder seguir haciendo lo que nos gusta dentro de una situación tan difícil” porque su edad, 30 años, aún le permite hacer esta pausa obligada de los escenarios, aunque mantiene sus exigentes ensayos diarios para mantener su nivel profesional.

“He pensado que a mucha gente se le acabó la carrera. Si esta situación te agarra a los 35 años y pierdes uno o dos años de incertidumbre, en lo que se abren los teatros”, afirma Isaac a France 24.

El English National Ballet tiene 150 actuaciones al año, más las giras por escenarios de todo el mundo y 12 espectáculos a la semana en la época de navidad. “Pero la última vez que nosotros actuamos fue en enero de 2020. Ha sido muy largo”, afirma la directora creativa del English National Ballet, la talentosa bailarina Tamara Rojo.  

El confinamiento en el que entró el país en marzo fue un desafío para todos. El ballet encontró un nuevo capítulo en el mundo digital tanto para mantener en forma a sus bailarines con rutinas diarias de yoga y pilates, como para abrir las puertas a los espectadores y aprendices.

“Nosotros compartimos clases, yo desde mi cocina, todos los días gratuitamente por nuestros canales. Tuvimos cuatro millones de participantes en diez semanas”, cuenta Rojo.  

Se lanzaron además cinco ballets y se liberó el archivo de los espectáculos de la compañía. “Dependemos mucho de las actuaciones para sobrevivir. Dos tercios del dinero que necesitamos todos los años viene de vender entradas”.

Desde agosto, cuando el país empezó a relajar el confinamiento, los bailarines volvieron a reunirse, pero en burbujas de no más de once personas y las mascarillas ya son otra parte del vestuario.   

Isaac volverá a ser el Príncipe de Cascanueces en el espectáculo que abrirá la temporada de navidad. La versión de 2020 será de solo 75 minutos y con un aforo de mil personas y ya no de 2.500.

Futuro e incertidumbre

Los desafíos del sector dependen no solo del control de la pandemia sino de ofrecer al público la confianza suficiente de volver a los espectáculos sin tener miedo de ser contagiado. Esto significa adaptar los teatros, escenarios y museos con medidas de protección y estrategias de salud pública.

Para apoyar esta industria, el Gobierno británico creó una comisión de expertos, entre ellos Tamara Rojo. El sector recibió 1,2 billones de libras esterlinas. Y muchos trabajadores recibieron el apoyo salarial estatal mientras no podían actuar.

Explica Rojo que los resultados han sido positivos porque se reconoció el rol de la industria creativa en la sociedad y el soporte que ofrece a sectores como los restaurantes y los hoteles. 

Lo cierto es que los casos de contagio en Reino Unido no dan tregua, obligando a que la mayoría de los eventos masivos sigan prohibidos.

“Abrir teatros con distanciamiento social es un paso clave para demostrar cuán seguros son nuestros lugares y ayudar a generar confianza en la audiencia, pero no es sostenible a largo plazo, ya que los espectáculos aún funcionan con pérdidas”, resalta el vocero de la Society of London Theatre.  

Las producciones previstas para estrenarse este año han sido canceladas o pospuestas. Seguramente, en 2021 el teatro y las artes retratarán el año en el que el mundo se detuvo por una pandemia.

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