El año en el que Italia estuvo al borde del abismo

Algunas regiones italianas entraron en un cierre parcial el 6 de noviembre al entrar en vigor el sistema de tres niveles del gobierno para combatir la propagación del virus.
Algunas regiones italianas entraron en un cierre parcial el 6 de noviembre al entrar en vigor el sistema de tres niveles del gobierno para combatir la propagación del virus. © Reuters

La pandemia puso al mundo en vilo, pero no golpeó a todos por igual. Italia, aún con su sistema de salud gratuito y universal, y una riqueza acumulada durante décadas, ha sido uno de los países que más ha sufrido por la propagación del Covid-19. 

Anuncios

En los meses que han pasado desde el inicio de la pandemia, el virus ha contagiado en Italia a más de dos millones de ciudadanos y ha cobrado la vida de 73.000 personas, siendo esta la tercera tasa de letalidad más alta en el mundo -junto con el Reino Unido-, solo detrás de las de México e Irán.

Los análisis y estudios científicos realizados para responder a los porqués de esto y a las polémicas que ha generado no han dado, como también ocurre en el resto de los países, aún respuestas claras y resolutas. 

El motivo es que, en verdad, las causas podrían ser “múltiples”, como recientemente también dijo Walter Ricciardi, profesor universitario y asesor del ministerio italiano de la Salud.  

“Sin duda”, explicó Ricciardi en un reciente diálogo con los periodistas de la prensa extranjera de Roma, Italia se enfrentó la pandemia con un alto porcentaje de población envejecida y frágil. Además, en este país, “se diagnostica poco de forma temprana y se hace poca prevención y también esto varía de región en región”, criticó Ricciardi.

Un miembro del personal médico examina a una mujer para detectar el coronavirus en una escuela establecida como centro de pruebas en el norte de Italia el viernes 20 de noviembre de 2020.
Un miembro del personal médico examina a una mujer para detectar el coronavirus en una escuela establecida como centro de pruebas en el norte de Italia el viernes 20 de noviembre de 2020. © Antonio Calanni / AP

“Otra razón es que Italia sufrió mucho por las políticas de austeridad aplicadas después de 2008, que recortaron el gasto público. Se estima que tan solo el sector de la salud sufrió recortes por 36.000 millones de euros, lo que significa menos médicos, menos estructuras, menos enfermeros, menos formación. Todos estos elementos, sumados a que Italia fue uno de los primeros países en ser golpeados por sorpresa durante la primera ola, están detrás de ese dato”, añadió Ricciardi.

Sin embargo, hay más explicaciones que se han dado. Entre ellas, la de la alta contaminación ambiental, una hipótesis que ha hecho discutir enormemente, pero que también tiene muchos defensores puesto que las regiones italianas con más muertos y contagios por el nuevo coronavirus son también las más industrializadas. 

En este contexto, la pandemia también ha reabierto discusiones. Entre ellas, las responsabilidades de la política y de la administración pública por no haber actualizado sus protocolos anti-epidemias desde 2006, algo sobre lo que ahora investiga el Tribunal de Bérgamo y que también ha provocado un duro ataque del viceministro de Salud, Pierpaolo Sileri, contra funcionarios de su proprio ministerio. 

Con todo, casi un año después de que todo inició, el balance también incluye un récord de ayudas y subsidios otorgados por el Gobierno a la población para esquivar potenciales revueltas sociales y, más en general, un peor deterioro de la situación social. 

Esto, sin embargo, ha tenido a su vez un alto costo para las cuentas públicas y ha acrecentado aún más la ya abultada deuda que tenía Italia, la cual pasará del 135% del PIB del cierre de 2019 a 161% del PIB este año, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). Otras fuentes, eso sí, hacen estimaciones de un crecimiento menos pronunciado.

Archivo-Un grupo de médicos traslada a un paciente de Covid-19 a una Unidad de Cuidados Intensivos en Milan, Italia, el 27 de marzo de 2020.
Archivo-Un grupo de médicos traslada a un paciente de Covid-19 a una Unidad de Cuidados Intensivos en Milan, Italia, el 27 de marzo de 2020. © Reuters/Flavio Lo Scalzo

La otra cara de la moneda es que Italia, también gracias a la política hiperexpansiva del Banco Central Europeo (BCE), ha logrado mantener en los mínimos los tipos, aligerando así los costos de financiación. 

“Las obligaciones italianas”, escribió recientemente Bloomberg— “rindieron este año el 8%, el máximo en Europa y el doble que Alemania”, explicó la agencia estadounidense, al subrayar que Italia tiene sus bonos a 10 años en terreno positivo.

La razón, según los analistas, se remite también a que Italia es el principal beneficiario del histórico plan de recuperación económica aprobado en mayo pasado por la Unión Europea, del cual Roma podrá captar hasta 209.000 millones de euros. Una victoria teniendo en cuenta que el gobierno de Roma, junto con el de Madrid y el de París, fue uno de los principales impulsores de este plan, cuyo éxito ha mostrado un inesperado nivel de coordinación entre los países de la UE.

Tanto que este triunfo, pese a los altibajos en las negociaciones posteriores, ha parcialmente frenado al mayor partido euroescéptico italiano, la ultranacionalista Liga de Matteo Salvini, que según los últimos sondeos de Termómetro Político suma hoy un 23% de lo consensos, la mitad de lo obtenido en las últimas elecciones masivas, los comicios europeos de 2019.  

Algunas regiones italianas entraron en un cierre parcial el 6 de noviembre al entrar en vigor el sistema de tres niveles del gobierno para combatir la propagación del virus.
Algunas regiones italianas entraron en un cierre parcial el 6 de noviembre al entrar en vigor el sistema de tres niveles del gobierno para combatir la propagación del virus. © Reuters

Aún así, otro partido muy crítico con la UE, el derechista Fratelli d’Italia (Hermanos de Italia), ha sido uno de los partidos que más favor han obtenido este año, lo que le ha permitido de alcanzar el 16% de los consensos.

Otra sorpresa ha sido el crecimiento de popularidad obtenido por el primer ministro de Italia, el abogado Giuseppe Conte quien, gracias a su gestión de la pandemia, es hoy el líder más amado del país, como recordaba el centro Ipsos hace una semana.

Aún así, los momentos en los que se estuvo cerca de sumar catástrofes de proporciones aún mayores no fueron pocos. Por mencionar dos: la revuelta de los internos en varias prisiones italianas en marzo y los saqueos a supermercados en el sur en esos mismos meses. Episodios que hicieron temer lo peor. 

Por ello, en los próximos meses, la mayor preocupación seguirá siendo, además de la campaña de vacunación ya en marcha, la socioeconómica, es decir, el impacto de la crisis sobre la población. 

El preámbulo, de hecho, no es bueno. De acuerdo con los últimos datos de la Comisión Europea divulgados hace un mes, la población italiana ha sufrido en el segundo trimestre de este año un fuerte descenso en el poder adquisitivo (-7,3%), una caída pronunciada de la ocupación de las personas en edad laboral (-2,9%) y un aumento alarmante de los llamados Neet, los jóvenes que ni estudian ni trabajan (+20,7%).

Boletín de noticiasSuscríbase para recibir los boletines de France 24