Análisis

Nord Stream 2, el problemático gasoducto entre Rusia y Alemania

Archivo: Un especialista trabaja a bordo del barco de tendido de tuberías de aguas profundas de Allseas Solitaire para preparar la tubería para el oleoducto Nord Stream 2, en el Mar Báltico, el 13 de septiembre de 2019.
Archivo: Un especialista trabaja a bordo del barco de tendido de tuberías de aguas profundas de Allseas Solitaire para preparar la tubería para el oleoducto Nord Stream 2, en el Mar Báltico, el 13 de septiembre de 2019. © Stine Jacobsen / Reuters

A pesar de la crisis entre Rusia y la UE, Moscú y Berlín defienden la construcción del controvertido gasoducto submarino Nord Stream 2. El corresponsal de France 24 en Berlín, Thomas Sparrow, explica la disputa geopolítica en ciernes y analiza lo que está en juego.

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En las aguas del mar Báltico se ha estado construyendo una de las disputas geopolíticas más significativas de los últimos años.

Se trata del gasoducto Nord Stream 2, la segunda fase de un megaproyecto energético que pretende aumentar el gas natural ruso que llega a Alemania y de ahí a otros países europeos.

Pero lejos de ser un tema bilateral entre Moscú y Berlín, el gasoducto submarino ha generado el rechazo de Estados Unidos, tiene dividida a la Unión Europea, en vilo a Europa del Este y es criticado por ecologistas.

Aunque cada país involucrado tiene sus propios intereses, en general se pueden distinguir dos bandos. Por un lado, están quienes consideran que Nord Stream 2 es sobre todo un proyecto comercial que contribuirá a la seguridad y diversificación energética de Europa. Por el otro están quienes aseguran que generará una dependencia negativa hacia Moscú, sobre todo en momentos en que la relación está en crisis tras el envenenamiento en Rusia de Alexéi Navalny, un líder opositor en ese país.

El año pasado, Navalny se recuperó del envenenamiento en un hospital en Berlín, tras lo cual decidió volver a su país de origen, donde fue detenido y condenado a tres años y medio de cárcel

Su caso llevó a la Unión Europea a imponer sanciones a funcionarios rusos, mientras Moscú -que niega cualquier responsabilidad en el envenenamiento- expulsó a tres diplomáticos de Alemania, Suecia y Polonia. 

Alemania respondió este lunes declarando “persona non grata” a un funcionario de la embajada rusa en Berlín, mientras Polonia y Suecia tomaron decisiones similares.

Los defensores del proyecto

En el bando defensor de Nord Stream 2 está, para comenzar, el Gobierno ruso. El presidente Vladimir Putin aseguró en diciembre, en su rueda de prensa anual, que Nord Stream 2 es “sin duda alguna un proyecto absolutamente beneficioso para la economía entera de Europa”.

Nord Stream 2 es financiado por seis compañías, principalmente la estatal rusa Gazprom, pero también cinco sociedades europeas: OMV, Wintershall Dea, Engie, Uniper y Shell. El proyecto estima transportar suficiente gas para abastecer a 26 millones de hogares

Sus defensores también dicen que lo hará de manera directa, sin la necesidad de contar con países de tránsito, lo que no obstante ha generado el descontento de naciones como Ucrania, situada estratégicamente entre Rusia y la UE y tradicionalmente un país por el que pasa el gas ruso.

Los trazados de los gasoductos Nord Stream y Nord Stream 2 entre Rusia y Alemania.
Los trazados de los gasoductos Nord Stream y Nord Stream 2 entre Rusia y Alemania. AFP

Las autoridades alemanas también defienden el proyecto. Lo ven primordialmente como uno comercial y han dicho que debe separarse de las actuales disputas diplomáticas con Rusia, por ejemplo en el caso Navalny.

Sin embargo, también son conscientes de que ofrece la posibilidad de mantener canales de comunicación abiertos con el Gobierno en Moscú.

El presidente alemán Frank-Walter Steinmeier, quien es el jefe de Estado alemán, aseguró por ejemplo este mes que las relaciones energéticas con Moscú son “casi el último puente entre Rusia y Europa”, añadiendo que “destruir puentes no es señal de fortaleza”.

Merkel también defiende como “deber diplomático” ese diálogo con Rusia, a pesar de las relaciones tensas. Este es, por cierto, un tema que ha sido constante en su gobierno: Merkel habla ruso y Putin, alemán. Son dos de los líderes más longevos del continente y se conocen bien. Para Merkel, hablar con Putin es una decisión “estratégica”, no sólo en temas bilaterales sino para discutir crisis internacionales como la de Libia o Siria. 

Archivo: Angela Merkel y Vladimir Putin, durante una cumbre del G20 en Hamburgo, el 7 de julio de 2017.
Archivo: Angela Merkel y Vladimir Putin, durante una cumbre del G20 en Hamburgo, el 7 de julio de 2017. AFP/Archivos

Pero políticos de oposición en Alemania han pedido que la canciller frene el gasoducto de manera inmediata en señal de protesta hacia Rusia por su trato hacia Navalny. Y a esta petición se han unido medios de comunicación como la revista 'Der Spiegel'.

Un editorial reciente de la publicación, una de las más influyentes del país, definió el gasoducto como “la mayor vergüenza en política exterior de Alemania”. 

'Der Spiegel' afirmó que Alemania “se está aislando en Europa, está alienando a Estados Unidos y los costos políticos serían demasiado altos si completa el proyecto.”

Y añadió que “supone una afirmación para los críticos que ven a Alemania como un país hegemónico de dos caras, que habla de valores europeos pero que impone sus propios intereses”.

La revista también mencionó brevemente otro punto que en Alemania ha resultado particularmente problemático: el hecho de que el predecesor de Merkel en la cancillería, Gerhard Schroeder, no sólo sea amigo personal de Putin sino también el presidente de la junta de accionistas de Nord Stream.

¿Amenaza energética?

En Europa son más los críticos que los defensores del proyecto. La gran mayoría de parlamentarios europeos, por ejemplo, votó en enero una resolución no vinculante pidiendo la detención del gasoducto “de una vez y por todas”. 

Al escepticismo también se han sumado varios países del bloque. Polonia y Lituania, por ejemplo, lo describieron como una amenaza a su seguridad energética. 

E incluso Francia, que normalmente actúa en tándem con Berlín a nivel continental, ha mostrado su reticencia. El ministro de Asuntos Europeos, Clement Beaune, aseguró que su país tiene las “mayores dudas” sobre el gasoducto y confirmó que París quisiera que Alemania lo dejara.

El presidente francés, Emmanuel Macron, presentó un tono menos directo tras su reunión con Merkel a principios de febrero, asegurando que “no se puede decir nada sobre este proyecto, que ya está casi terminado, sin una coordinación muy estrecha entre Alemania y Francia”.

Pero más allá de las dudas a nivel energético, Nord Stream también se está convirtiendo en un problema para Europa de cara al relanzamiento de la relación con Washington tras la elección de Joe Biden.

La llegada del nuevo mandatario fue recibida con esperanza en Europa, pero entre los puntos aún críticos en la relación está Nord Stream 2, al que se opuso Donald Trump y al que se opone Biden.

 

El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, regresar a su vehículo después de asistir a una misa en Wilmington, Delaware, el 7 de febrero de 2021.
El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, regresar a su vehículo después de asistir a una misa en Wilmington, Delaware, el 7 de febrero de 2021. © MANDEL NGAN AFP

El Congreso de Estados Unidos también ve con escepticismo el gasoducto submarino, cuya construcción debió suspenderse en diciembre de 2019 tras las sanciones estadounidenses que fueron rechazadas por Moscú y Berlín, además de la Unión Europea

En particular, Washington considera que el gasoducto aumentaría la influencia rusa sobre Europa y afectaría de manera negativa tanto la seguridad energética del continente como el mercado del gas en Europa del Este. Pero también hay intereses comerciales propios, pues Estados Unidos quiere abrir el mercado europeo a su gas natural licuado. 

En enero, el presidente Biden aseguró que Nord Stream es “un mal negocio para Europa” y dijo que revisaría las restricciones que impuso Trump. 

A pesar de las críticas, el operador del proyecto anunció recientemente que retomaría los trabajos para tender las tuberías submarinas y añadió que el 94 por ciento está terminado y sólo faltan unos 150 kilómetros.

Es una distancia corta para un proyecto de gran envergadura, uno de los gasoductos marítimos más largos del mundo que, incluso cuando esté terminado, no dejará de generar polémica a ambos lados del Atlántico.

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