Vacunación en Alemania: entre el optimismo y las críticas por los retrasos

Un grupo de ancianos espera en el centro de vacunación contra el coronavirus para el turno de su inmunización en Colonia, Alemania occidental, el 8 de febrero de 2021.
Un grupo de ancianos espera en el centro de vacunación contra el coronavirus para el turno de su inmunización en Colonia, Alemania occidental, el 8 de febrero de 2021. © AFP
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El plan de vacunación del Gobierno alemán prioriza a los mayores de 80 años y quienes viven en geriátricos, además de quienes trabajan en ellos o en cuidados intensivos. Y aunque más de cuatro millones de ciudadanos ya han sido vacunados contra el coronavirus, el programa de inmunización ha sido recibido con críticas y ha estado marcado por demoras.

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Cuando a finales del 2020 comenzó la distribución de la vacuna del coronavirus en Alemania, muchos describieron el momento como un 'regalo de Navidad' para la población.

El país se encontraba en una de las fases más difíciles de la pandemia, con más muertos por coronavirus (16.823) en diciembre que el total entre marzo y noviembre.

La vacuna llegó para muchos como un motivo de esperanza o, como dijo el ministro de salud Jens Spahn, una "luz al final del túnel".

“Esta vacuna es la clave para recuperar nuestras vidas”, dijo Spahn al comenzar la campaña de vacunación, que él describió como la más grande en la historia de Alemania.

El ministro también expresó su particular orgullo de que la primera vacuna aprobada en la Unión Europea fuera la de Pfizer con la empresa alemana BioNTech.

Eso sin contar que compañías alemanas han estado involucradas en la producción de las ampolletas para las vacunas y de los contenedores para transportarlas por el mundo.

Y aunque para muchos esa participación alemana sigue siendo un motivo de orgullo y de esperanza, también es claro que la vacunación se ha convertido para las autoridades en un dolor de cabeza.

A pesar de que hasta mediados de febrero han sido vacunadas más de cuatro millones de personas, la distribución ha estado marcada por problemas logísticos, controversias políticas y confusión en sectores de la población.

El enfoque comunitario y los cuellos de botella en la producción de vacunas

Parte de la controversia tiene que ver con la forma en que fueron aprobadas y adquiridas las vacunas, es decir, a nivel europeo y no por el Gobierno en Berlín.

Esto quiere decir que fueron negociadas por la Comisión Europea, en cabeza de la alemana Ursula von der Leyen, aprobadas por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) y distribuidas luego a los 27 miembros del bloque de acuerdo con la población de cada país.

El Gobierno alemán ha defendido este enfoque como una señal de solidaridad y de trabajo en conjunto en momentos de crisis. “La decisión fundamental de ordenar las vacunas conjuntamente como Unión Europea es y fue la correcta”, explicó la canciller Angela Merkel tras una reunión con el presidente francés Emmanuel Macron.

La mayoría de los alemanes también apoya a la canciller en este punto, según una encuesta de este mes.

Pero a nivel político, el Gobierno ha recibido críticas desde varios puntos: ya sea quienes creen que el país debería haber tenido un plan nacional, o quienes apoyan el enfoque europeo pero creen que el Gobierno debería haber presionado más para que la Comisión Europea obtuviera mejores resultados en sus negociaciones.

Tres viales con diferentes vacunas contra el Covid-19 (Moderna, Pfizer-BioNTech y AstraZeneca) se ven sobre una mesa en la farmacia del centro de vacunación del hospital Robert Bosch en Stuttgart, sur de Alemania, el 12 de febrero de 2021.
Tres viales con diferentes vacunas contra el Covid-19 (Moderna, Pfizer-BioNTech y AstraZeneca) se ven sobre una mesa en la farmacia del centro de vacunación del hospital Robert Bosch en Stuttgart, sur de Alemania, el 12 de febrero de 2021. © AFP

De cualquier manera, esto ha hecho que Alemania, como los otros países del bloque, se haya visto afectada por cuellos de botella en la producción y disputas con farmacéuticas como AstraZeneca.

Y esto a su vez ha significado que los 16 estados federados de Alemania, que tienen la responsabilidad de entregarlas a la población, han visto demoras en la distribución y han tenido que cerrar parcialmente algunos de los centros de vacunación.

La crítica frecuente de parte de las autoridades regionales es que no están recibiendo suficientes vacunas ni a un ritmo adecuado. Y el 68 por ciento de los alemanes también cree que la campaña de vacunación ha sido demasiado lenta.

Pero no todas las dificultades responden a la política de compra a nivel europeo. A nivel local también se han reportado problemas en el registro de los vacunados, fallos en el transporte o el almacenamiento de las dosis, así como demoras en la entrega de las citas para la vacunación, líneas telefónicas ocupadas o mensajes de error en los formularios en línea.

Estos problemas técnicos han generado particular confusión entre la población mayor de Alemania, que tiene la prioridad en la política de vacunación. El plan del Gobierno establece que los primeros en ser vacunados son los mayores de 80 y quienes vivan en ancianatos, además de quienes trabajan en ellos o en cuidados intensivos.

Los mayores de 65 años, sin embargo, no recibirán la vacuna de AstraZeneca, la tercera aprobada en la Unión Europea pero que, según la comisión de vacunas de Alemania, no cuenta con suficientes datos para poder verificar su eficacia en ese sector de la población.

Críticas al Gobierno por los retrasos

Todas estas dificultades logísticas y políticas han puesto al Gobierno a la defensiva en un proyecto que, más bien, esperaba fuera una historia de éxito con la que podría ganar puntos en las encuestas, en particular en momentos en que el país se prepara para las elecciones federales de septiembre.

A nivel europeo, Alemania tuvo que dar explicaciones luego de que llegara a un acuerdo bilateral con BioNTech/Pfizer para adquirir 30 millones de dosis adicionales, a pesar de que Ursula von der Leyen asegurara que los países de la UE habían acordado no hacer “negociaciones o contratos paralelos”.

El Gobierno aseguró que la compra es “compatible con los acuerdos europeos”, pero la controversia igual afectó su argumento en favor de la solidaridad europea.

Y a nivel nacional también ha debido responder a las cada vez más fuertes críticas de la oposición.

Millones de ciudadanos desesperados hacen filas durante horas ¡Y ustedes dicen que no ha pasado nada!

“Hemos pasado de ser los campeones de la pandemia durante la pasada primavera a ser los rezagados con la vacunación en Europa hoy,” dijo Dietmar Bartsch, del partido de la Izquierda, en el Parlamento.

“Nuestros centros de vacunación llevan muchas semanas vacíos. Millones de ciudadanos desesperados hacen filas durante horas ¡Y ustedes dicen que no ha pasado nada! En materia de vacunación nos ubicamos detrás de Rumania, de Grecia, de Eslovaquia,” añadió.

Para cambiar la situación, la canciller Angela Merkel organizó a principios de este mes una “cumbre sobre la vacunación”, que juntó a líderes regionales, federales y de la industria farmacéutica. El principal resultado fue el anuncio de un “plan dinámico” que tiene previsto ayudar a manejar mejor las fechas de distribución de las vacunas. La reunión, sin embargo, fue criticada por la oposición como una “cumbre placebo”.

Merkel también ha dado el paso -inusual en ella- de ofrecer varias entrevistas televisivas para explicar las prioridades del Gobierno tanto en la vacunación como con el confinamiento, que fue extendido hasta el 7 de marzo a pesar de que los números de muertos y nuevos infectados están cayendo.

La canciller defendió como un “gran logro” que haya varias vacunas aprobadas tras apenas un año y explicó que “en términos generales, nada salió mal” sobre la compra de las dosis a nivel europeo.

Y también reiteró que a todos los adultos interesados en Alemania, donde la inoculación es voluntaria, se les ofrecerá una vacuna hasta el final del verano.

Se trata de una promesa ambiciosa de la canciller, que seguramente será seguida de cerca en Alemania, sobre todo porque el final del verano es el 21 de septiembre, cinco días antes de que los alemanes vayan a las urnas en las elecciones federales que marcarán el final de la era de Merkel.

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