Quinta noche de apoyo a Pablo Hasél, el encarcelamiento que rebasa los problemas de España

Los partidarios del rapero catalán arrestado, Pablo Hasél, levantan las manos durante una protesta contra su sentencia en Madrid, España, el 20 de febrero de 2021.
Los partidarios del rapero catalán arrestado, Pablo Hasél, levantan las manos durante una protesta contra su sentencia en Madrid, España, el 20 de febrero de 2021. © Susana Vera / Reuters

Ya han pasado cinco días desde que el rapero catalán fuera detenido y puesto en prisión. Y por quinto día, numerosos ciudadanos se han manifestado contra su sentencia y contra un país que es el número uno en aprisionamientos de artistas por el contenido de sus trabajos. Apoyado por unos y rechazado por otros, el rapero catalán, juzgado por enaltecer el terrorismo e injuriar a la monarquía y a la policía española, se ha convertido en un símbolo de descontento social, rechazo a la realeza, desconexión de la política y jaque a la libertad de expresión.

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La imagen de un maniquí en el suelo de Paseo de Gracia, la avenida de las tiendas de lujo de Barcelona, desmembrado, con vidrios de una vitrina rota, simboliza lo que está aconteciendo en España este febrero, con un matiz añadido para Cataluña. El torso de ese cuerpo de plástico es el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél, el tronco que articula y ha motivado la exigencia de una auténtica libertad de expresión en el país con mayor número de artistas en prisión.

Mientras que brazos, cabeza y piernas representan esas problemáticas no resueltas, que datan más allá de la pandemia: desempleo, desconexión política, violencia policial, monarquía, falta de expectativas para los jóvenes, corrupción, independentismo catalán, otros aprisionamientos políticos... Juntos, una exhibición de hartazgo, canalizado a través de las letras y tuits de Hasél.

No toda la ciudadanía lo apoya. Ni siempre caía bien, ni gustaba que a un alcalde como Àngel Ros, de la ciudad de Lleida, le dedicara versos incluyendo "te mereces un tiro" o que hubiera insultado al político español Julio Anguita el día de su muerte. Pero esta quinta noche de protestas no pregonó eso, sino la libertad constitucional de poder cantar, ofender y criticar a cualquiera de las instituciones de manera pública, aunque no se esté de acuerdo. Incluidas la policía y la realeza española.

Partidarios del rapero catalán arrestado Pablo Hasél protestan en Barcelona, España, el 20 de febrero de 2021.
Partidarios del rapero catalán arrestado Pablo Hasél protestan en Barcelona, España, el 20 de febrero de 2021. © Albert Gea / Reuters

Por ello, esta noche del sábado al domingo cerca de 6.000 personas se movilizaron de nuevo en Barcelona en contra de la sentencia de nueve meses de prisión para el rapero antisistema, originario de la comunidad de Cataluña. Y la misma imagen de Barcelona y Lleida se replicó en ciudades como Pamplona y Madrid, donde distintas organizaciones de derechos humanos han denunciado una reiterada falta de libertad de expresión.

Saqueos, detenidos e interrogantes sobre el trasfondo de la "violencia"

Anoche, solo Madrid fue la única urbe en concluir su marcha con tranquilidad. En Pamplona se produjeron cargas policiales, mientras que el grueso de los enfrentamientos tuvieron lugar en la capital catalana, con implicación de un grupo de jóvenes y de la policía autonómica, nombrada regionalmente Mossos d'Esquadra.

Según agencias como Reuters y medios nacionales como El País, los manifestantes arrojaron botellas, incendiaron contenedores de basura, y destrozaron y saquearon algunas tiendas. El cuerpo de los Mossos alega que dichos manifestantes les lanzaron proyectiles y bengalas, por lo que respondieron disparando balas de goma para dispersarlos. Mientras que el diario señala que edificios emblemáticos como el Palau de la Música y la Bolsa de Barcelona terminaron con algunos daños, con cristales rotos en el caso del primero.

No obstante, en esta quinta noche –tras la detención y encarcelamiento de Pablo Hasél el 16 de febrero– no hubo tantos incidentes en comercios y sucursales bancarias como en el resto de días. En Barcelona, 35 personas fueron arrestadas (en Tarragona otras dos y en Lleida una), y los servicios de emergencia atendieron a 13 heridos, con dos de ellos trasladados al hospital.

Manifestantes y policías se enfrentan durante una manifestación partidaria del rapero catalán encarcelado Pablo Hasél, en Barcelona, España, el 20 de febrero de 2021.
Manifestantes y policías se enfrentan durante una manifestación partidaria del rapero catalán encarcelado Pablo Hasél, en Barcelona, España, el 20 de febrero de 2021. © Albert Gea / Reuters

Sin justificar estas acciones, el debate en redes sociales en España no solo es sobre libertad expresión. También contiene una crítica al gran protagonismo de los altercados (¿importa más el descontento social o un contenedor quemado?) y a las causas que los motivan, con jóvenes que, tal vez nacidos en el año 2000, no saben qué significa un futuro seguro. En el caso catalán se añade además un clima electoral reciente, con un anhelo, de una parte de los catalanes, de alcanzar una independencia respecto de España, sin que esto tenga atisbo de solución.

Un maniquí de problemáticas que la política, en particular la catalana, ha pasado de entender a condenar. Durante los últimos cinco días, el Gobierno español "ha condenado la violencia, que no puede justificarse como libertad de expresión". En paralelo, ha anunciado que eliminaría las penas de prisión por delitos relacionados a la libertad de expresión, como han reclamado otras personalidades de la cultura como el oscarizado actor Javier Bardem.

En cambio, el Gobierno catalán ha mermado la defensa de reformar el cuerpo policial regional, que lleva años en discusión por su proceder excesivo y violento –una mujer perdió un ojo en los actuales enfrentamientos en Barcelona, debido a un proyectil de foam– para decir este domingo que "el derecho a la libertad de expresión y por la injusticia de una sentencia" ha derivado en "actos de puro vandalismo y pillaje en las tiendas", en palabras del consejero del Interior de la Generalitat, Miquel Sàmper. 

Cárcel y 30.000 euros de multa por hablar de los Borbones y los policías

Este domingo, Sàmper se reunirá con los sindicatos del cuerpo policial, tras prometer días atrás una "reforma urgente e inaplazable" del modelo de seguridad pública. Por la vía legislativa el Gobierno de coalición del Partido Socialista y Podemos encara una propuesta que modifique los artículos del código penal ligados a la libertad de expresión, para que toda manifestación del arte no lleve a su creadora o creador a la cárcel.

Hoy por hoy, allí se encuentra Pablo Hasél, con una multa adicional de 30.000 euros, por hablar de "enaltecimiento del terrorismo e injurias a la corona y a instituciones estatales" mediante rap y tuits, según la sentencia del juicio iniciado en 2018 y finalizado en junio de 2020.

Esta no es su primera condena. En 2014 fue declarado culpable de aupar a grupos terroristas como ETA o Al Qaeda en unas canciones en YouTube. Pero entonces la sentencia fue anulada por no tener antecedentes y porque la condena no superaba los dos años. Ahora sí supera ese tiempo, lo que ha permitido a las autoridades del Tribunal Supremo ratificar la sentencia.

Su detención no calmó los ánimos. Contrario a la naturaleza de su veredicto, Hasél se negó a entregarse a las autoridades el día 12 de febrero y el día 15 se encerró en la Universidad de la ciudad de Lleida, su ciudad natal, junto a otros jóvenes. Que la policía lo sacara por la fuerza de un lugar público y educativo no hizo más que avivar las ganas de salir a manifestarse.

Ciudadanos, artistas y organizaciones como Amnistía Internacional denuncian que la decisión de la Justicia es "injusta y desproporcionada". Una decisión que sitúa a España en el número uno de los estados del mundo "que más artistas han represaliado por el contenido de sus canciones".

Con Reuters y medios nacionales

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