Alemania: cómo el manejo de la pandemia puede afectar el legado de Angela Merkel

La canciller alemana, Angela Merkel, ofrece una conferencia de prensa con el gobernador del estado de Baviera, Markus Soeder, y el alcalde de Berlín, Michael Mueller (fuera del marco), luego de las conversaciones por videoconferencia con líderes estatales sobre la extensión de las restricciones actuales del Covid-19, en Berlín, marzo 3 de 2021.
La canciller alemana, Angela Merkel, ofrece una conferencia de prensa con el gobernador del estado de Baviera, Markus Soeder, y el alcalde de Berlín, Michael Mueller (fuera del marco), luego de las conversaciones por videoconferencia con líderes estatales sobre la extensión de las restricciones actuales del Covid-19, en Berlín, marzo 3 de 2021. © AFP

Un escándalo por la compra de tapabocas y un plan de vacunación demasiado lento están afectando el liderazgo de la canciller Angela Merkel, a falta de seis meses para que deje la Cancillería en Berlín.

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Nikolas Löbel era, hasta hace pocos días, un parlamentario alemán poco conocido a nivel nacional, miembro del partido cristiano demócrata (CDU), al cual también pertenece la canciller Angela Merkel. Pero el político de 34 años ahora está en el centro de un escándalo que no sólo le puso fin inmediato a su carrera política sino que también amenaza con afectar a la CDU durante este 'superaño' electoral en el que habrá seis comicios regionales –dos de ellos esta semana– además del voto que determinará el sucesor de Merkel en septiembre.

Löbel reconoció, según medios alemanes, que su compañía recibió una comisión de 250.000 euros por intermediar en contratos de venta de tapabocas durante la pandemia, lo que fue calificado por miembros de su partido como “profundamente indecoroso” y llevó a su renuncia del partido y del Parlamento.

Como si fuera poco, un segundo diputado conservador también está inmerso en la controversia. Georg Nüsslein, de la Unión Socialcristiana (CSU), el partido bávaro aliado de la CDU, fue puesto bajo investigación por los presuntos delitos de cohecho y fraude fiscal en relación con la adquisición de tapabocas. Nüsslein ha negado las acusaciones en su contra, pero anunció su retiro del partido. 

Todo esto se produce en momentos en que el Gobierno federal, liderado por Merkel y los conservadores, está siendo fuertemente criticado por su manejo de la pandemia durante la segunda ola y por un plan de vacunación que ha sido demasiado lento.

De ahí que en los últimos días se esté discutiendo cómo esta “debacle”, como la calificó el diario popular 'Bild', podría afectar el legado de Merkel y las posibilidades electorales de su partido cuando sólo faltan seis meses para las elecciones federales.

La “pesadilla alemana”

'Bild' ha sido uno de los medios locales más críticos con la canciller, pero está lejos de ser el único que ha puesto el dedo en la llaga sobre el manejo de la pandemia. A nivel internacional, el 'Financial Times' habló de una “vergüenza nacional”, el portal 'Politico' lo definió como la “pesadilla alemana” y 'CNN' usó términos similares cuando escribió “una pesadilla burocrática con consecuencias mortales”.

Estos titulares representan un contraste significativo con la primera ola, cuando Alemania en general y Merkel en particular fueron descritos como modelos a seguir por la forma en que el país luchó contra el virus, mantuvo un número de muertes bajo e hizo seguimiento a las infecciones. El mismo 'Financial Times' había titulado en junio “Cómo Alemania acertó con el coronavirus”.

Los últimos meses han resultado mucho más difíciles que esos momentos favorables de 2020. Alemania ha estado desde diciembre bajo restricciones estrictas, con ciertas variaciones dependiendo de la incidencia, para contener primero los altos números de infectados y muertes y más recientemente las variantes.

 

La canciller alemana, Angela Merkel, el gobernador de Baviera, Markus Soeder, y el alcalde de Berlín, Michael Mueller, abandonan una conferencia de prensa tras las conversaciones con los líderes estatales para discutir las medidas contra el Covid-19 en la Cancillería en Berlín, Alemania, el 2 de diciembre de 2020.
La canciller alemana, Angela Merkel, el gobernador de Baviera, Markus Soeder, y el alcalde de Berlín, Michael Mueller, abandonan una conferencia de prensa tras las conversaciones con los líderes estatales para discutir las medidas contra el Covid-19 en la Cancillería en Berlín, Alemania, el 2 de diciembre de 2020. © Markus Schreiber / Pool vía Reuters

 

Merkel y los 16 líderes regionales, que se reúnen regularmente para decidir los siguientes pasos, han tenido dificultades para llegar a acuerdos mínimos. Con frecuencia, los compromisos terminan convertidos en una mezcla de medidas regionales que llevan, por ejemplo, a que en un distrito ciertos establecimientos reabran y en el siguiente, no. 

Tras la más reciente ronda de negociaciones, que duró nueve horas, los políticos presentaron un detallado plan de apertura que sin embargo fue criticado por ser confuso. Un medio local berlinés bromeó asegurando que resultaba “más fácil explicar las reglas del béisbol” que el nuevo plan gubernamental.

Pero no todo han sido críticas. Andrea Roemmele, profesora de comunicación política del Hertie School, una universidad privada en Berlín, le dijo a France 24 que “en general, el manejo de la crisis (de Merkel) ha sido bueno”.

Römmele, sin embargo, añadió que esa coordinación federal se ha tornado “más difícil a medida que empiezan las campañas electorales”.

La distribución de las vacunas

A esta situación se añade la lenta distribución de las vacunas. Sólo alrededor del 7 por ciento de los alemanes han recibido una primera dosis desde que comenzó el programa en diciembre, una cifra mucho menor que la de países como Estados Unidos, Israel o Reino Unido, pero también menor en comparación con otros miembros de la Unión Europea.

 

 

Parte del problema recae en la Comisión Europea, que estuvo a cargo de la consecución de las vacunas y ya admitió errores concretos. Pero acá también Merkel ha recibido críticas de quienes esperaban un mayor liderazgo alemán, no sólo por la cercanía entre Merkel y la presidenta de la Comisión, la alemana Ursula von der Leyen, sino también porque Alemania presidió el Consejo de la Unión Europea entre julio y diciembre del año pasado.

En una columna en el diario británico 'The Times', el comentarista Filipp Piatov, que normalmente trabaja para 'Bild', escribió que “debería haber sido la historia de dos líderes alemanas que salvaron Europa”, pero “lo único destacable de su plan fue su abyecto fracaso”.

Pero el problema con las vacunas también tiene que ver con la situación local, con burocracia, con problemas en la digitalización y fallas organizativas que han dificultado la entrega de citas para vacunación y han llevado a que, por ejemplo, millones de dosis hayan sido entregadas a Alemania pero aún no hayan sido distribuidas a la población. 

El último gran desafío de Merkel

Para Merkel, todo esto se ha convertido en el gran dolor de cabeza en los últimos meses de su gobierno. Y no ayuda que al problema de las vacunas y al cansancio generalizado por las restricciones ahora se sume también el escándalo de los tapabocas en su bloque conservador.

Es claro que la canciller, que ha negociado tantas crisis, no podrá solucionar esta por completo: su sucesor también tendrá que lidiar con las consecuencias del coronavirus.

Pero en un año electoral, Merkel sí tiene la presión de asegurar que los problemas actuales no empañen su legado tras casi 16 años al frente de Alemania, que esta no sea la imagen con la que se queden muchos alemanes cuando deje la Cancillería. 

Según la experta Andrea Roemmele, “siempre nos preguntamos qué representaría (Merkel) al final, y pasará a la historia como gestora de la crisis del coronavirus”.

La pregunta es cómo evaluarán los alemanes esa gestión. Por el momento, según una encuesta de marzo, la mayoría no está satisfecha con el manejo de la crisis, incluidas la comunicación política, la consecución y la distribución de las vacunas. Los niveles de favorabilidad de la canciller también se han visto afectados, aunque sigue siendo la líder más popular del país.

Y su partido también está perdiendo puntos en las encuestas, si bien sigue siendo el favorito a nivel federal. Merkel no es la líder de la CDU, pero es claro que su desempeño repercute en cómo los votantes califiquen al partido. 

Una primera calificación concreta llegará el próximo fin de semana con las elecciones regionales en los estados de Baden Württemberg y Rheinland Pfalz. La situación no parece muy favorable para la CDU e incluso se habla de una posible derrota “histórica”. 

Sería un castigo de los electores por el manejo de la pandemia y una llamada de atención para Merkel y sus colegas faltando un semestre para el comienzo de una nueva era en Alemania.

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