El lento programa de vacunación pone a prueba la eficiencia alemana

El ministro de Salud alemán, Jens Spahn, observa al médico Tim Ratzloff vacunar a Rosemarie Langwald, de 80 años, con la segunda dosis de la vacuna contra la enfermedad por coronavirus de Pfizer-BioNTech en el recinto ferial de Berlín, Alemania, el 5 de abril de 2021.
El ministro de Salud alemán, Jens Spahn, observa al médico Tim Ratzloff vacunar a Rosemarie Langwald, de 80 años, con la segunda dosis de la vacuna contra la enfermedad por coronavirus de Pfizer-BioNTech en el recinto ferial de Berlín, Alemania, el 5 de abril de 2021. © Michael Kappeler / Reuters / Pool

Alemania es un país conocido a nivel mundial por su eficiencia y rigurosidad, pero la tercera ola de la pandemia de Covid-19 y la problemática campaña de vacunación están revelando una cara menos positiva del país.

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La campaña de vacunación en Alemania ha sido descrita por el Gobierno como la “luz al final del túnel” y “la clave para salir de la pandemia”.

Pero el túnel es aún largo y la luz todavía tenue si se juzga la rapidez y la efectividad con la que se ha llevado a cabo ese programa.

Mientras otros países desarrollados como Estados Unidos o Reino Unido hacen anuncios positivos sobre sus campañas y sobre el tan anhelado regreso a la normalidad, en Alemania sólo cerca del 6 por ciento de la población ha sido vacunada completamente en los más de 100 días que lleva el programa. 

El rezago se evidencia también en que hay más de 3 millones de dosis que están en manos de las autoridades sanitarias, pero que todavía no han sido entregadas a la población.

Los problemas se deben a una mezcla entre trabas burocráticas, demoras en la distribución, mensajes confusos y disputas políticas que han impedido al país darle el impulso necesario a la vacunación.

Y se debe también a que el país está inmerso en una muy difícil tercera ola de contagios, con casos en aumento y un debate cada vez más centrado en la posibilidad de imponer nuevas y más estrictas restricciones para contener el virus.

Todo esto afecta el clima político y social, así como la imagen de Alemania a nivel internacional, y pone a prueba la muy difundida idea de que el país es eficiente y riguroso.

Descontento generalizado

Los alemanes claramente están descontentos con el desempeño de las autoridades en los últimos meses.

Una encuesta de este mes reveló que el 79 por ciento está insatisfecho con el manejo de la crisis, mientras el 83 por ciento ve de manera crítica la campaña de vacunación. 

A esto se suma que la mayoría tampoco cree que el Gobierno podrá cumplir con su promesa de ofrecer la vacuna del coronavirus a todos los adultos del país hasta finalizar el verano, algo que la canciller Angela Merkel ha reiterado.

Son cifras sorprendentes pues hace justo un año, durante la primera ola, el Gobierno tenía niveles de aprobación muy positivos y en el plano internacional Alemania era descrita como un posible modelo a seguir.

Incluso, en esos primeros meses, medios como el tabloide Bild se preguntaron si Merkel reconsideraría su decisión de dejar la cancillería tras las próximas elecciones para poder seguir al mando de Alemania.

Hoy la imagen de Merkel es distinta, mucho menos favorable. Su poder se ha visto disminuido tras constantes disputas con los líderes de las 16 regiones del país, que tienen bajo su responsabilidad la aplicación práctica de las medidas contra el virus, pero que en muchos casos han privilegiado decisiones locales sobre nacionales. 

Esto ha dado lugar a un confuso popurrí de mensajes y restricciones, así como acusaciones frecuentes entre los diferentes líderes.

Merkel incluso debió salir a ofrecer disculpas públicas -un hecho muy inusual- por haber anunciado un cierre durante Semana Santa que fue recibido con muchas críticas y con aún más incertidumbre por la población.

Y si bien algunos aplaudieron la valentía de Merkel de ofrecer disculpas, otros interpretaron su perdón como evidencia de que está perdiendo influencia en Alemania en el último tramo de sus 15 años de gobierno.

De cualquier manera, lo cierto es que está creciendo la discusión sobre cómo Alemania podrá salir de esta crisis y, sobre todo, en qué condición recibirá el país quien suceda a Merkel en la cancillería.

Elecciones federales en septiembre

Por supuesto todavía no está claro quién liderará el Gobierno tras las elecciones federales de septiembre. En la lenta carrera política alemana, ni siquiera está claro quiénes serán todos los candidatos.

Pero el manejo deficiente de la tercera ola de la pandemia sí se está reflejando claramente en las encuestas y está haciendo aún más difíciles los pronósticos electorales.

Antes de los problemas actuales parecía evidente que el bloque conservador de Merkel seguiría en el poder sin ella, formando quizás una coalición con el ascendente Partido Verde.

Pero los conservadores han perdido tanto terreno en las últimas semanas, que ya se ha empezado a discutir si la crisis podría incluso costarles la Cancillería.

De ahí que esté aumentando seriamente la presión sobre Merkel y su Administración para enderezar el camino y para demostrar, a pesar de las críticas, que Alemania sí puede ser eficiente y rigurosa en la vacunación.

El lema es: ¡vacunar, vacunar y vacunar!

Para agilizar la campaña, las autoridades tienen puestas sus esperanzas en el apoyo de los médicos de familia, que a partir de esta semana pueden empezar a aplicar las vacunas alrededor del país. Hasta el momento, éstas estaban siendo distribuidas básicamente en grandes centros regionales.

“Queremos que la proverbial y, por cierto, probada rigurosidad alemana se complemente con una mayor flexibilidad”, dijo el mes pasado la canciller.

“El lema es: ¡vacunar, vacunar y vacunar!”, añadió.

En parte gracias a ese apoyo de los médicos de familia, las autoridades sanitarias anunciaron una buena noticia esta semana: más de 700.000 personas vacunadas en un día, un nuevo récord diario.

Esta cifra es un impulso incipiente para la campaña, que ha llevado a que cerca del 15 por ciento de los alemanes haya recibido al menos una de las dosis.

Menos evidente es cómo las autoridades podrán frenar la tercera ola. Hay una indudable confusión en la población por ese popurrí de reglas, hasta el punto que el 63 por ciento de los alemanes asegura no tener claro qué medidas aplican dónde.

La canciller se ha mostrado a favor de imponer restricciones uniformes más estrictas para reducir los contagios, pero es incierto si las pueda acordar con los líderes regionales durante su próxima reunión, prevista inicialmente para la semana entrante.

Estas reuniones han demostrado ser cada vez más tensas, largas y menos eficientes en la búsqueda de consensos. Tras la última, que duró 12 horas, Merkel aseguró que la situación no podía seguir así e incluso habló de “un punto de inflexión”.

Se trata indudablemente de un momento difícil para Alemania y para su canciller, a falta de pocos meses para las elecciones federales, en una sociedad descontenta, con un programa de vacunación que apenas despega y en medio de una tercera ola muy compleja.

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