Caso de avión desviado por Belarús, una posición incómoda para Vladimir Putin

La tan difamada decisión del presidente bielorruso Alexander Lukashenko de interceptar un avión para arrestar a un oponente deja a su aliado ruso Vladimir Putin en una posición incómoda.
La tan difamada decisión del presidente bielorruso Alexander Lukashenko de interceptar un avión para arrestar a un oponente deja a su aliado ruso Vladimir Putin en una posición incómoda. AP

Moscú se demoró 48 horas en reaccionar después de que Belarús desviara el vuelo de Ryanair y arrestara en Minsk al opositor Roman Protasevich. El Kremlin terminó por apoyar a regañadientes a Alexander Lukashenko.

Anuncios

La sombra de un avión de Ryanair planeará sobre la reunión de este viernes 28 de mayo en Sochi, entre el presidente ruso Vladimir Putin y su homólogo bielorruso, Alexander Lukashenko. Entre las discusiones en la agenda están la integración política, las relaciones económicas y la amistad entre los dos países. Nada extraordinario para dos aliados de larga data. Pero la decisión del hombre fuerte de Minsk de desviar un avión el 23 de mayo y arrestar al opositor bielorruso Roman Protasevich que se encontraba a bordo amenaza con conmocionar la discusión.  

Esta demostración de fuerza de Alexander Lukashenko, que le significó una ferviente condena por parte de la comunidad internacional, puso efectivamente al hombre del Kremlin en una situación delicada. Vladimir Putin fue rápidamente asociado por los demócratas occidentales con la operación relámpago del autócrata bielorruso, a menudo presentado como una especie de vasallo más o menos consensuado de Moscú. 

¿Vladimir Putin estaba al tanto?

“Es muy difícil pensar que semejante acción pueda ser llevada a cabo sin tener por lo menos el consentimiento de las autoridades rusas”, declaró Dominic Raab, el ministro británico de Asuntos Exteriores. Otros fueron más lejos al sugerir que el Kremlin podría haber hecho más que estar de acuerdo. “No es imposible que Rusia haya jugado un papel activo en este asunto”, consideró Artyom Shraibman, un analista político ucraniano, entrevistado por la AFP.

La hipótesis de un Vladimir Putin que organiza tras bambalinas el desvío de un avión comercial “parece un poco descabellada”, considera por su parte Zachary Paikin, especialista en Rusia y Belarús del Centro Europeo de Estudios Políticos (CEPS), contactado por France 24. “No lo creo tampoco, pero los rusos pueden perfectamente haber sido puestos al tanto un poco antes”, añade Benno Zogg, experto en Rusia del Centro de Estudios sobre la Seguridad Internacional de la Escuela Politécnica de Zúrich, contactado por France 24. 

El Boeing 737-8AS de Ryanair aterrizó en Vilnius, Lituania, el 23 de mayo de 2021 después de ser interceptado por Belarús.
El Boeing 737-8AS de Ryanair aterrizó en Vilnius, Lituania, el 23 de mayo de 2021 después de ser interceptado por Belarús. © AFP - Petras Malukas

En efecto, es difícil dejar a Moscú de lado ahora que Rusia y Belarús comparten el espacio aéreo. Por otro lado, la colaboración “entre ambos países en el ámbito de la información se intensificó mucho desde la represión de las manifestaciones en contra de Lukashenko en Minsk en agosto de 2020”, resalta Rihor Nizhnikau, experto en Belarús del Instituto finlandés de Relaciones Internacionales, contactado por France 24. 

Pero el hecho de que Vladimir Putin haya podido estar al tanto previamente no significa que la operación le alegre. De hecho, Moscú se tardó alrededor de 48 horas para expresarse sobre el desvío del avión. Sergueï Lavrov, el jefe de la diplomacia rusa, finalmente le declaró su apoyo a Minsk el martes, pero en términos mucho más mesurados en comparación con los medios oficiales rusos, quienes desde el lunes habían estimado que Alexander Lukashenko “lo había hecho bien”. 

Putin no puede soltar a Lukashenko

“Desde el punto de vista de la agenda del presidente ruso esta crisis llega en un mal momento”, analiza Astrid Sahm, especialista en Belarús del Instituto alemán de Asuntos Internacionales (SWP), contactada por France 24. En efecto, Vladimir Putin debe reunirse con su homólogo estadounidense Joe Biden en un poco más de dos semanas, para tratar de aligerar un poco el ambiente entre los dos países. Probablemente habría preferido no tener que explicarle a su interlocutor por qué no impidió que uno de sus aliados más cercanos cometiera un acto que sorprendió profundamente a una buena parte de la opinión pública internacional. 

En realidad, Vladimir Putin difícilmente puede hacer algo distinto a dejar que Alexander Lukashenko exprese de manera cada vez más abierta sus tendencias autoritarias. Belarús tiene una posición geopolítica demasiado importante ante los ojos de Moscú como para correr el riesgo de enemistarse con el autócrata de Minsk. Es el último país tampón entre Rusia y Europa occidental y el Kremlin está haciendo todo lo posible por mantener el país en su esfera de influencia. 

En realidad, Vladimir Putin se ha creído suficientes historias para poder conservar un cierto dominio sobre el presidente bielorruso, en el poder desde hace más de 25 años. Alexander Lukashenko jugó durante mucho tiempo la carta de un posible acercamiento con Occidente para obtener concesiones financieras de parte de Rusia. Además, siempre se ha negado a reconocer la anexión rusa de Crimea.

Después de la sangrienta represión de las manifestaciones en agosto de 2020 en Belarús, Lukashenko parecía haber perdido toda su simpatía en Occidente. Pero durante los últimos meses “hubo de nuevo voces en Europa que militaban por una normalización de las relaciones con Belarús, con el fin de tratar de liberar al país del peso ruso”, recuerda Rihor Nizknikau. Al permitir que el presidente bielorruso pueda hasta desviar un avión para arrestar a un opositor, el Kremlin puede estar seguro de que “esos partidarios de un acercamiento de Europa con Belarús ya no serán escuchados durante un tiempo”, apunta el experto del Instituto finlandés. 

Archivo: Cientos de manifestantes en las calles de Minsk, Belarús, el domingo 11 de octubre de 2020, protestan contra el presidente Alexander Lukashenko y piden su renuncia.
Archivo: Cientos de manifestantes en las calles de Minsk, Belarús, el domingo 11 de octubre de 2020, protestan contra el presidente Alexander Lukashenko y piden su renuncia. © Stringer / Reuters.

El presidente ruso tampoco puede soltar a su homólogo bielorruso “por razones de política interna”, considera Astrid Sahm. Eso sería sugerir que las presiones internacionales funcionan, lo cual “constituiría un peligroso precedente para el momento en el que el presidente ruso deba enfrentar una oposición cada vez más fuerte incluso en la propia Rusia”, apunta la experta alemana. 

“Ahora todo el mundo va a necesitar a Moscú”

Este escándalo también podría resultar siendo un negocio para Vladimir Putin, quien “siempre ha sabido reaccionar de manera muy oportunista ante las situaciones que se le presentan”, recuerda Zachary Paikin, el experto del CEPS. “En un sentido, esta crisis es práctica para él porque ya no aparece como el peor villano de la región”, anota Benno Zogg, quien resalta que desde el comienzo de la semana ya no se habla, por ejemplo, de la situación del opositor ruso Alexeï Navalny.

Ahora todo el mundo va a necesitar a Moscú porque Alexander Lukashenko sólo escucha a Vladimir Putin

Además, esto vuelve a situar a Vladimir Putin en el centro del juego diplomático en el rol de “mediador independiente”, añade Rihor Nizhnikau. “Ahora todo el mundo va a necesitar a Moscú porque Alexander Lukashenko sólo escucha a Vladimir Putin. Esto le da una buena carta para jugar tanto ante Europa como ante Estados Unidos”, precisa el experto. 

Finalmente, Lukashenko se encuentra un poco más a merced de su vecino ruso. El autócrata bielorruso le ha dado largas desde hace años a los planes de integración económica y política de Belarús en el seno de Rusia, pero al quemar los puentes con Occidente y poner a Moscú en una posición cómoda, le da a Vladimir Putin “argumentos para hacer que Minsk acepte concesiones”, concluye Astrid Sahm.

Si Moscú logra extender su dominio sobre el juego político bielorruso, esto podría permitirle establecer un partido pro-ruso menos imprevisible que Alexander Lukashenko. Y eso último podría acelerar el final de la carrera política del presidente bielorruso.

 

Este artículo fue adaptado de su original en francés 

Boletín de noticiasSuscríbase para recibir los boletines de France 24

Lleve las noticias internacionales a todas partes con usted. Descargue la app de France 24