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Historia

Ochenta años siendo el Dalai Lama, de los cuales sesenta ha vivido en el exilio

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Se cumplen los 80 años de su entronización. El 22 de febrero de 1940, cuando apenas era un niño de cuatro años, el actual Dalai Lama fue entronizado como la decimocuarta reencarnación del "Chenrezig", el buda de la compasión. Pero de ese tiempo, 60 años los ha transcurrido en el exilio, desde el momento en que temió ser secuestrado por los oficiales chinos en la era de Mao Zedong. 

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Una vida en el exilio. De los ochenta años desde que fue entronizado como Dalai Lama, 60 los ha vivido por fuera del Tíbet. En 1959, nueve años después de que la China comunista invadiera el Tíbet, el Dalai Lama escapó de su palacio por sospechas de que oficiales chinos lo iban a secuestrar durante una obra de danza al que lo habían invitado.

Su fuga desató una revuelta popular en Lhasa, ciudad que ha sido el hogar histórico de los Dalai Lama. La rebelión tibetana también buscó recuperar la independencia, pero las tropas chinas extinguieron la revuelta con un baño de sangre. Entre tanto, el Dalai Lama cruzó a la India donde una vez le fue otorgado el asilo, estableció su gobierno en el exilio en la ciudad de Dharamsala, en las estribaciones del Himalaya.

Pero en China, la tensión por el Tíbet nunca cesó. Los brotes de violencia fueron escalando, al punto en que a finales de la década de 1980, al menos 70 tibetanos fueron asesinados a tiros por la policía china, según testigos.

Fue el momento en el que el Dalai Lama hizo un llamado a Beijing: "Apelo a Deng Xiaoping, como uno de mis viejos amigos, así que le estoy apelando personalmente, ya ves, para salvar este tipo de situación triste". 

La lucha internacional del Dalai Lama porque el Tíbet no sea controlado por los chinos 

China hizo caso omiso al Dalai Lama y continuó su intervencionismo. Cuando llegó la muerte del Panchen Lama, es decir, la segunda figura religiosa de más alto rango del Tíbet, hubo que pensar en quién lo reencarnara. El Dalai Lama en 1995 anunció el nombre del sucesor, pero el Gobierno chino rechazó su mandato, puso al niño bajo arresto y desde entonces nunca se supo de él ni de su familia. De modo que escogió al Panchen Lama de su preferencia. 

El Dalai Lama decidió entonces llamar la atención del mundo. Se reunió con líderes mundiales y les explicó la realidad de su pueblo. Clamaba por la liberación del Tíbet, desde la compasión y sin el uso de la violencia, el mismo argumento que le valió el Premio Nobel de Paz en 1989.  

Cuando llegó a Taiwán en 1997, un territorio al que China continental ve como una provincia que se gobierna sola, el Dalai Lama dijo que los taiwaneses deberían ser los dueños de su propio destino. Un comentario que resonó negativamente en Beijing.

11 años después, en marzo de 2008, estallaron las mayores manifestaciones antichina del Tíbet en dos décadas. China acusó al Dalai Lama de orquestar un complot contra los Juegos Olímpicos de Beijing, pero en su defensa argumentó que "los tibetanos en diferentes áreas de autonomía estan llenos de resentimiento. De manera que esta crisis es la expresión de su profundo resentimiento. Por lo tanto estamos buscando un autonomía genuina, no buscamos la independencia". 

En 2011, en el marco de su discurso anual por el levantamiento nacional tibetano de 1959, el Dalai Lama anunció su renuncia como líder político del Tíbet, pero continuó como su líder espiritual.

Aquejado por algunos problemas de salud y, ahora con más de 80 años de vida, muchos tibetanos temen que cuando llegue su muerte, los chinos se interpongan en la elección del nuevo Dalai Lama. Una tradición que por siglos sostiene que el alma del viejo monje budista reencarna en el cuerpo de un niño. 


 

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