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Medio Ambiente

La crisis climática sigue siendo la amenaza más grave a la que nos enfrentamos

© France 24

La cumbre sobre cambio climático más importante del año ha sido pospuesta por el brote de Covid-19. Expertos están de acuerdo en que la postergación del evento es necesaria, pero recuerdan que la crisis climática es la amenaza más grave a la que nos enfrentamos y que hacerse cargo de la crisis sanitaria no debe significar dejar que otra crisis empeore.

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La COP26 también ha sucumbido a la pandemia. La cita, prevista para noviembre de este año en la ciudad escocesa de Glasgow, en Reino Unido, ha sido pospuesta. Así lo anunció el Gobierno británico el 1 de abril que espera que este retraso ayude a una mejor preparación para cuando se reúnan en 2021 e "incrementar la ambición climática, construir resiliencia y reducir emisiones."

Esta cumbre tenía como objetivo definir algunos puntos inconclusos de la COP25 celebrada en Madrid. Entre ellos, los mercados de carbono y una mayor ambición por parte de los países más contaminantes a la hora de mantener a raya las emisiones de gases de efecto invernadero.

La crisis climática es la mayor amenaza a largo plazo

Aunque todos los expertos, políticos y organizaciones están de acuerdo en que este cambio de fecha era necesario, también están de acuerdo en que la crisis climática sigue siendo la amenaza más grave a la que nos enfrentamos. El presidente del Grupo de Países Menos Desarrollados (47 naciones especialmente vulnerables al cambio climático pero que, a su vez, son las que menos han contribuido al problema) se pronunció al respecto. El butanés, Sonam Wangdi, recordó que el retraso de la COP26 "no debe significar posponer una acción global sobre el cambio climático" y que "a medida que el mundo responde a una crisis, no podemos permitir que otra crisis empeore". Añadió que la solidaridad internacional que ha florecido para combatir el Covid-19, demuestra que una respuesta global urgente para frenar el cambio climático sí es posible. Algo con lo que está de acuerdo la secretaria de Cambio Climático de la ONU, la mexicana Patricia Espinosa.

También la Organización Meteorológica Mundial (OMM) insistió en que el parón industrial causado por la pandemia, y que ha supuesto una reducción de algunos elementos contaminantes, no exime a la comunidad internacional de continuar con su responsabilidad frente a la crisis climática. En su cuenta de Twitter, la OMM publicó que esta reducción en actividad industrial y económica como resultado del Covid-19 "no puede sustituir a la acción climática necesaria para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a largo plazo".

Clare Nullis, de la OMM, recordó que el dióxido de carbono ha estado presente en la atmósfera y océanos durante siglos y que una caída temporal de emisiones no va a cambiar este hecho. Incluso señaló que en varios puntos de observación de concentración de emisiones en Hawái, Australia o España se midieron niveles mayores de CO2 en estos primeros meses de 2020, que los registrados el año pasado.

La pandemia se deriva de la destrucción de hábitats y el tráfico de especies

Aunque el brote de Covid-19 es una crisis sanitaria, tiene su origen en al menos dos prácticas humanas contra el medio ambiente: el tráfico de especies y la destrucción de sus hábitats. La ministra de Medio Ambiente de Alemania, Svenja Schulze, aseguró que "sabemos que la destrucción de la naturaleza lleva a la destrucción de hábitats y esta es una de las causas de las pandemias (…) Buenas políticas ambientales y en concreto buenas políticas de conservación de la naturaleza ayudarán a reducir el riesgo para una próxima crisis, o una próxima pandemia."

Cuando el ser humano arrasa con bosques, selvas, o cualquier tipo de ecosistemas, los animales se ven obligados a huir hacia otros lugares. Si escasea la comida por la sobreexplotación de recursos, es posible que los animales se muevan hacia zonas pobladas donde haya alimentos, lo que acerca a humanos y especies que, de otra manera, hubieran estado alejados.

Esta cercanía hace que aumenten las posibilidades de transmisión de enfermedades. Ponerle fin a estas prácticas podría ayudar a respetar ecosistemas enteros -que como hemos visto estos días, florecen sin la presencia humana- y a evitar que surjan nuevas pandemias como la presente.

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