Medio Ambiente

El daño ambiental por el derrame en Isla Mauricio podría tardar años en determinarse

© France 24

El 25 de julio, un buque de carga japonés se encalló en aguas poco profundas de Isla Mauricio, en el océano Índico. El barco, que transportaba unas 4.000 toneladas de combustible, fue quebrándose poco a poco, al tiempo que cientos de miles de kilos de petróleo se escapaban contaminando las turquesas aguas insulares. En total se calcula que unas mil toneladas se han derramado en un área que afecta unos 15 kilómetros de costa.

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Poco más de un mes después del accidente, las labores de limpieza continúan y poco a poco se van evaluando los daños ambientales. Un equipo de expertos japoneses viajó a la isla para ayudar en el estudio del impacto en manglares y arrecifes de corales de la zona.

Según la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (JICA), aún no se ha "visto ningún coral que haya muerto directamente por el derrame de petróleo ni tampoco lugares donde se haya acumulado aceite en los corales o en el fondo marino. Ahí donde la contaminación es severa, las raíces por donde respiran los manglares puede que estén cubiertas de petróleo y eso hará que se asfixien y mueran, o que mueran por el veneno liberado por la contaminación del derrame".

Aunque por ahora no se ha registrado ninguna muerte en los manglares, los equipos no lo descartan ya que este tipo de derrames suele demorar meses o años en mostrar su verdadero impacto y tienen miedo que los esfuerzos que llevan haciendo durante los últimos 40 años se vean opacados por este desastre ambiental. Según Vikash Tatayah, director de la Fundación de Vida Silvestre de Mauricio, "los impactos pueden volverse visibles en un año o en varios, así que va a ser muy difícil predecir la magnitud exacta del impacto de este desastre ecológico, pero no va a ser positivo".

La muerte en los últimos días de al menos 40 delfines en la zona afectada por el derrame es otro de los posibles impactos, pero aún se están esperando los resultados de la autopsia de los animales. Los delfines habían aparecido sin vida en las orillas de la isla y se teme que el número de cetáceos fallecidos sea mucho mayor. Estas muertes levantaron la ira de la población, que salió a las calles a pedir que se investiguen los decesos.

Hasta el momento de la publicación de este programa, las únicas dos autopsias que se habían realizado no mostraban restos de combustible en los delfines, solo varias contusiones y heridas superficiales. Estas pesquisas fueron realizadas por una agencia gubernamental y algunas ONG locales estaban pidiendo que los resultados sean publicados en su totalidad para evitar que parte de la información sea censurada.

La contaminación por plomo persistía meses después del incendio de Notre Dame

Cuando la catedral de Notre Dame en París se incendió el 15 de abril de 2019, la aguja y el tejado del edificio desaparecieron y, con ellos, las 460 toneladas de plomo que los recubrían, un material altamente tóxico y que puede derivar en problemas neurológicos si es ingestado o respirado.

Las llamas hicieron que parte del metal se esparciera con el humo y el viento por las zonas aledañas a la catedral. Los estudios del Gobierno francés tras el accidente mostraban que la concentración de partículas de plomo en el aire a una distancia de 50 kilómetros en la dirección del viento el día del incendio era 20 veces superior a la habitual.

Un reciente informe publicado en el portal científico GeoHealth, que analizó 100 muestras de tierra recolectadas entre 9 y 10 meses después del incendio de diversos lugares situados en un radio de 1 km desde Notre Dame, concluye que la zona directamente en la dirección del viento el día del incendio muestra niveles de plomo seis veces mayor al depositado en las áreas más allá de los mil metros. Aseguran que estos resultados reflejan una exposición mucho mayor de la que publicaron las autoridades francesas en las semanas y meses posteriores al incendio.Sin embargo, el estudio asegura que es difícil confirmar la magnitud del impacto en la población en esa área, ya que las autoridades no tomaron suficientes muestras de sangre, ni tampoco del polvo o de la tierra que rodeaban a la catedral en los días que siguieron al incendio.

Otro estudio muestra que hay rastros de plomo en la miel producida por abejas que viven en colmenas urbanas de la capital francesa.

La OMS deja claro que no existen niveles seguros de exposición al plomo y que, incluso niveles muy bajos de contaminación, pueden afectar al desarrollo del cerebro, al funcionamiento de los riñones y desencadenar hipertensión.

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