Agricultores del nevado Illimani, obligados a adaptarse por el cambio climático

Por los efectos del cambio climático, el agricultor boliviano Gervasio Mamani pasó del cultivo tradicional de papas al de manzanas y duraznos, que antes solo eran posibles en un valle cercano.
Por los efectos del cambio climático, el agricultor boliviano Gervasio Mamani pasó del cultivo tradicional de papas al de manzanas y duraznos, que antes solo eran posibles en un valle cercano. © Javier Aliaga / France 24

A las faldas del Illimani, el segundo nevado más importante de Bolivia por su altitud, los agricultores dan cuenta de que debido al cambio climático ya nada es como antes: el agua para riego escasea y se raciona por comunidades provocando choques; los cultivos de frutas reemplazan a los de papas por el aumento de la temperatura y también han aparecido plagas, por lo que los campesinos se han visto obligados a usar pesticidas, lo que antes no hacían.

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Una visita de France 24 a la comunidad de Khapi, situada a los pies del nevado y a 60 kilómetros de La Paz, constató los cambios que viven los campesinos aymaras en el lugar por las elevadas temperaturas que afectan a la emblemática montaña paceña de la Cordillera de los Andes y cuyo pico más elevado está a 6.460 metros sobre el nivel del mar.

El glaciar del nevado había perdido más del 21,3 % de su superficie y 22 metros de espesor en el período de 1963-2009, según un estudio científico publicado en 2011. Si bien no hay investigaciones nuevas sobre ese retroceso, expertos consideran que la deglaciación ha aumentado, una percepción compartida por las comunidades que viven en el lugar.

Así, a la comunidad de Khapi y a las localidades aledañas como Pinaya, Challarsirca, Cebollullo, Tahuapalca y La Granja –que viven de la microcuenca de Sajhuaya, del Illimani– no les queda más alternativa que adaptarse a las nuevas condiciones climáticas.

En La Paz, la montaña, una mole de ocho kilómetros de longitud y tres picos por encima de 6.000 metros, es considerada una guardiana de “La Hoyada”, apodo de la ciudad al estar en un cráter.

Las apetecidas manzanas del Illimani

Uno de los campesinos que transformó su agricultura es Gervasio Mamani Condori, de 74 años, que ha pasado del cultivo tradicional de papas al de manzanas y duraznos, que antes solo eran posibles en un valle cercano, pero que ahora cultiva a los pies del Illimani en tal cantidad que el productor es un proveedor habitual en el mercado callejero Rodríguez de La Paz y donde las manzanas de Khapi son populares y demandadas por haber sido bañadas por aguas glaciares.

“Antes no se producían manzanas y duraznos aquí, solo del camino hacia abajo. Ahora ya está produciendo lindas manzanas”, dijo Gervasio, orgulloso de su producción, pero cuyas parcelas no rinden al máximo porque se riegan solo dos veces a la semana con aguas del deshielo debido al racionamiento aplicado por las comunidades bajo amenaza de multas equivalentes a 70 dólares por infracción.

Desde el lugar puede apreciarse el punto del macizo denominado Nido del Cóndor con una fuerte luminosidad que cae sobre la humilde vivienda del agricultor, en cuyo patio se deshidratan manzanas y duraznos cortados que podrá vender luego para hacer refrescos. 

Para regar sus plantaciones, los campesinos desvían un curso de agua que baja desde el Illimani, pero a algunos ya no les llega el flujo y se han visto obligados a trabajar durante la noche para recibir algo cuando los otros agricultores duermen. Según cuenta Gervasio, en las comunidades se considera un robo desviar el agua cuando a uno no le toca el turno.

Niños agricultores ayudan en las labores de riego, a los pies del nevado Illimani, en Bolivia.
Niños agricultores ayudan en las labores de riego, a los pies del nevado Illimani, en Bolivia. © Javier Aliaga / France 24

La falta de agua y el calentamiento también impactó en la familia de Gervasio ya que sus seis hijos, tres varones y tres mujeres, migraron a la sede del Gobierno boliviano. 

“Se han ido a La Paz, forzosamente, porque hemos luchado por agua y no hay mejores sembradíos, ni con qué. La mitad de esta comunidad está en La Paz”, sostuvo Gervasio sobre Khapi, con una población que ronda los dos centenares y está dispersa en las zonas de cultivo.

“No había tanto problema y convivíamos en tranquilidad”

La población de Khapi y de las comunidades aledañas es consciente de los problemas que conlleva el cambio climático y la baja productividad de las tierras y muchos han migrado a La Paz, pero también fuera como Wilder Loza, que trabajó durante seis años como costurero en los talleres de San Pablo, en Brasil, pero ha vuelto para sembrar papa cerca del nevado.

El agricultor recuerda que de niño había suficiente agua para las comunidades, pero ha disminuido provocando disputas entre ellas. “El agua fluía, no había tanto problema y todos convivíamos en tranquilidad. Hoy en día, como hay calentamiento y el Illimani se va deshielando, el agua va bajando poco a poco y las comunidades de abajo ya no tienen agua”, dijo.

Los campesinos de Khapi pueden regar solo los días viernes y sábado y el control está a cargo del sindicato agrario, aunque es una tarea difícil debido a la dispersión.

Además, según cuenta Wilder, los campesinos enfrentan la aparición de plagas propias de climas cálidos que están atacando los árboles frutales y, aunque no quieran, deben usar plaguicidas para curar las “enfermedades”.

El Illimani es el segundo nevado más importante de Bolivia por su altitud: 6.460 metros sobre el nivel del mar. A las faldas de la imponente montaña, miles de familias que viven de la agricultura se adaptan para sobrevivir.
El Illimani es el segundo nevado más importante de Bolivia por su altitud: 6.460 metros sobre el nivel del mar. A las faldas de la imponente montaña, miles de familias que viven de la agricultura se adaptan para sobrevivir. © Javier Aliaga / France 24

Cerca del lugar, Adrián Chura, un joven que trabaja junto a sus padres en unas tierras con verduras, maíz y manzanas, dice que también les preocupa el rendimiento de la tierra porque debido a las plagas están usando “mucho químico” para combatirlas.

Chura es uno de los agricultores que no duerme para poder regar de noche sus tierras porque el agua casi no llega hasta su parcela si los otros campesinos hacen los desvíos aguas arriba.

“De noche ya no dormimos, de día un rato dormimos, pero también hay que trabajar. Así es 'nomas' la vida del campo”, dice Adrián, que piensa migrar hacia La Paz, aunque no de momento porque le preocupa que sus padres vivan solos.

Lo único que les queda hacer es adaptarse”

La experta en recursos hídricos Paola Pacheco, de la ONG Agua Sustentable, que ha colaborado con proyectos para la gestión de ese recurso en Khapi, afirma que “Bolivia es uno de los países que sufre el impacto de los efectos del cambio climático” provocado por el problema global de la emisión de los gases de efecto invernadero desde las naciones industrializadas.

En ese contexto, según Pacheco, a las poblaciones como Khapi y otras de la cuenca del Sajhuaya “lo único que les queda hacer es adaptarse” para tratar de resolver sus problemas, entre ellos la falta de agua para riego y el aumento de plagas que afectan sus cultivos.

Entre las medidas de adaptación que plantean las comunidades, agrega la experta, destaca la necesidad de trabajar de forma articulada con el Gobierno, la academia, la comunidad y los campesinos individualmente para fortalecer instituciones, construir normativas, políticas y diseñar estrategias que hagan foco en los problemas causados por el cambio climático.

Por ejemplo, los campesinos necesitan ayuda para combatir las plagas y corregir el déficit de agua con proyectos de gestión ya que sus costos de producción suben haciendo difícil que compitan incluso con productos importados en los mercados de La Paz. Unas políticas que claman los habitantes de Khapi, pero que de momento no tienen eco. 

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