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Líbano cumple un año de "revolución", sin una salida para sus múltiples crisis

Manifestantes libaneses se reúnen para encender la 'antorcha del 17 de octubre' que marca el primer aniversario del inicio de un movimiento de protesta antigubernamental a nivel nacional, frente al devastado puerto de la capital, Beirut, donde en agosto tuvo lugar una explosión masiva.
Manifestantes libaneses se reúnen para encender la 'antorcha del 17 de octubre' que marca el primer aniversario del inicio de un movimiento de protesta antigubernamental a nivel nacional, frente al devastado puerto de la capital, Beirut, donde en agosto tuvo lugar una explosión masiva. © Anwar Amro / AFP

Con recuerdos, marchas y un monumento de una antorcha, los libaneses celebran el primer aniversario de su 'Thaoura', el estallido popular iniciado en octubre, que en algunos pervive en forma de llama y esperanza. El panorama no es el mejor, ya que en este año poco se ha podido sacudir a la clase política y su corrupción, o a la economía, que sigue empobreciendo al pueblo. El coronavirus y la explosión en el puerto de Beirut no han hecho más que retrasar que haya un verdadero cambio.

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Cuenta en Twitter el corresponsal de EFE para Medio Oriente, Isaac J. Martín, que hace un año en Beirut vio "una gran humareda (...) Había comenzado la revolución en el Líbano". Son los ojos de Martín los que vuelven a ese recuerdo, pero este vive desde hace 365 días en la mente de los casi siete millones de libaneses en el país.

Entonces, en octubre de 2019, ese humo fue señal del inicio de un levantamiento popular contra la clase dirigente y todo el sistema político, enfangado de corrupción, comodidad desigual e incompetencia. De hecho fue algo más sencillo: un impuesto sobre las llamadas de WhatsApp, en una especie de tasa a la red, fue el detonante del estallido de las protestas. Pero lo que Martín llamó "revolución", lo que muchos querían que fuera, ha terminado siendo una alegría incompleta.

El hartazgo social, y por una grave crisis económica, ha resultado en un año libanés en el que todo ha empeorado: pese a la dimisión de tres figuras relevantes, entre ellos el primer ministro Saad Hariri el 29 de octubre, los principales personajes políticos siguen ocupando puestos de poder. Las protestas, como la crisis financiera, persisten porque la pobreza persiste. Mientras que el Covid-19 y la explosión en el puerto de Beirut, con otras pequeñas detonaciones, no han hecho más que agravar el paisaje.

Informe desde Beirut: Primer aniversario de estallido social en Líbano
02:24

Una llama de lucha vive desde aquel octubre de 2019

Los hay como el activista Mohamed el Draihi que sienten que todo empezó antes de aquel 17 de octubre de 2019: "El cambio empezó incluso antes, pero ahora todo es más rápido. El 17 fue solo una estación para la gente de salir a la calle, pero como cambio comenzó antes y todavía continúa y no terminará".

Esto relata a la agencia EFE Draihi, originario de una de las localidades que peores enfrentamientos con las fuerzas se llevó, la septentrional Trípoli, durante esa fecha. Si bien en sí siente, y otros de sus colegas sienten, que la forma en la que viven es "todo revolución" frente al "régimen", el actual despertar de las manifestaciones ha sido la devastación de parte de la capital Beirut, por la combustión de más de 2.000 toneladas de nitrato de amonio que no debían estar en el puerto.  

El hecho de que más de 6.500 personas resultaran heridas, unas 200 fallecieran y otras 300.000 quedaran sin hogar, no ha ayudado a calmar los ánimos. Tal es así, tal es la "enorme ira" por la negligencia, que hoy, en este aniversario, ha despertado a los que eran "neutrales" y ha motivado al resto a proseguir esa llama de lucha.

Activistas libaneses erigen un monumento cerca del lugar de la devastadora explosión de agosto, en el puerto de Beirut, para conmemorar el primer aniversario de las protestas en pro de una profunda reforma política, Líbano, 17 de octubre de 2020.
Activistas libaneses erigen un monumento cerca del lugar de la devastadora explosión de agosto, en el puerto de Beirut, para conmemorar el primer aniversario de las protestas en pro de una profunda reforma política, Líbano, 17 de octubre de 2020. © Joseph Eid / AFP

Durante la jornada, manifestantes han ocupado las calles de varias ciudades −con ciertos enfrentamientos con la policía y el ejército− en protesta por los últimos acontecimientos. Un monumento símbolo de la deflagración marca en el puerto la efeméride de la "revolución" para no olvidarla: "Seguimos sin considerar aún a nuestros dirigentes políticos como legítimos (...) seguimos en las calles, juntos, frente al Gobierno corrompido", afirma a AFP Melissa de 42 años, implicada como Draihi en el movimiento.

De acuerdo con la corresponsal de France 24 en el Líbano Zeina Antonios, pese a que la movilización sigue activa "se le reprocha haber sido demasiado amable, muy pacífica, incapaz de haberse podido transformar en movimiento político para hacer frente a una clase política que ha demostrado ser muy sólida. Este sistema político no se agita fácilmente (...) pero los manifestantes dicen estar determinados a seguir marchando".

El reclamo de Francia es evitar "el caos y la parálisis"

Así como Mohamed el Draihi transmite a EFE su interés por resistir, el comediante y también activista Ghayd Chammas percibe desesperanza. No es que no crea que el "sistema es corrupto", pero ha visto "cómo la gente creía en ello, he visto cómo yo creía en ello, estábamos empujando hacia delante y llegando a un lugar. Sentíamos que, si no hacíamos algo, quién lo iba a hacer entonces", pero ahora esa gente que estaba "frustrada" ya no se manifiesta "de forma espontánea".

Sin lugar a duda, la voluntad de hace un año se ha deteriorado, aunque no la rabia. Mientras que la represión de las fuerzas que denuncia Chammas, sumado al nuevo coronavirus, tampoco han ayudado a salir, estando prohibido por las autoridades que han vetado marchas y reuniones públicas bajo el argumento de la epidemia. En ese estado de cosas, la clase política se ha permitido estar "ausente" en la reconstrucción de Beirut, liderada solo por oenegés y la propia sociedad civil.

Por ello, países como Francia han vuelto a reclamar a las fuerzas políticas del país que "carguen con sus responsabilidades" para evitar "caos y parálisis". Una quietud que a ciudadanos como Chammas les ha advertido que "no hay Estado, nosotros somos el Estado", pero que al poder le ha servido para mantenerse y posponer la designación de un nuevo primer ministro, provocando "un bloqueo prolongado, que impide toda respuesta a las demandas expresadas por la población libanesa".

El exprimer ministro libanés Saad Hariri (izquierda), aquí presente con el presidente francés Emmanuel Macron, anunció que será nuevamente candidato al cargo para conformar Gobierno en Líbano.
El exprimer ministro libanés Saad Hariri (izquierda), aquí presente con el presidente francés Emmanuel Macron, anunció que será nuevamente candidato al cargo para conformar Gobierno en Líbano. © Gonzalo Fuentes / AP

"Cuando la crisis económica y social, agravada por las consecuencias del 4 de agosto (la explosión en el puerto), afecta cada vez más duramente a los libaneses, la formación de un Gobierno capaz de llevar a cabo reformas se sigue retrasando, aun cuando el conjunto de las fuerzas políticas se ha comprometido", dio a saber el ministro de Asuntos Exteriores francés.

Un año de múltiples crisis. ¿Tendrán solución?

En ese echar la vista atrás, el periodista Isaac J. Martín afirma que el "Líbano no se merece todo lo que ha ocurrido este año por décadas de corrupción".

Y es que en realidad, desde hace décadas, el país enfrenta su peor crisis económica tras la guerra civil de 1975-1990. Y cada vez más libaneses malviven en la pobreza, el hambre y el desempleo prolongado que, en algunos casos, los empujan a buscar mejores opciones de vida en el extranjero.

En esa intersección por el cambio se vislumbran dos caminos: el de desencantados como la profesora Youmna Hammoud, que no piensa participar más en las marchas y que ha dejado de creer en su propia gente −"la gente perdió sus casas y empleos y todavía están haciendo fila en los bancos, farmacias, panaderías y gasolineras, y aun así no están reaccionado ni tomado acciones, ni tratan de hacer algo excepto quejarse". O está el camino de la esperanza y de la "revolución".

Este segundo lo prefiere el periódico libanés L'Orient-Le Jour, que ha titulado este aniversario como 'El año II de la Thaoura'. Es decir, el segundo año de "revolución", en alusión al deseo que pervive en el movimiento. De hecho, a la ciudad libanesa Trípoli se la sigue llamando "la novia de la revolución", por el entusiasmo que los habitantes sienten ante las protestas, iniciadas allí desde este viernes.

"Saludamos nuestra revolución que, de verdad lo creemos, continuará y no morirá hasta que nuestras exigencias no se den por satisfechas (...) Queremos que todos, (los dirigentes), se vayan", afirma a AFP Taha Ratl, un manifestante de 37 años. 

Por ello, no parece que la solución en el Líbano sea volver a octubre de 2019. Es decir, volver al pasado y volver al tiempo en el que Saad Hariri era primer ministro. Este, forzado a la dimisión por los libaneses, ha vuelto a postularse para el cargo, erigiéndose como candidato para la conformación de un nuevo Gobierno.

Con EFE y AFP

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