Yemen: autopsia de un desastre, diez años después de la revolución

Un manifestante yemení, en el centro, reacciona al anuncio de la partida del presidente Ali Abdalá Saleh a Arabia Saudita, en Sanaa, Yemen, el 5 de junio de 2011.
Un manifestante yemení, en el centro, reacciona al anuncio de la partida del presidente Ali Abdalá Saleh a Arabia Saudita, en Sanaa, Yemen, el 5 de junio de 2011. © Hani Mohammed, AP

Diez años después del levantamiento en Yemen que expulsó del poder al antiguo presidente Ali Abdalá Saleh durante la Primavera Árabe, el país es el escenario de una guerra devastadora y de la peor tragedia humanitaria del mundo. Retrospectiva de un “encuentro político fallido”.

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Yemen sigue hundiéndose en silencio mientras este miércoles 27 de enero cumple diez años el inicio de una protesta que comenzó siguiendo los pasos de los levantamientos conocidos como la “Primavera Árabe”.

Nacida el 27 de enero de 2011, esta esperanza por un cambio vio movilizarse durante varios meses, decenas de miles de manifestantes, antes de conducir en 2012 a la salida del presidente Ali Abdalá Saleh, en el poder desde 1978.

A pesar de esta victoria del pueblo, la esperanza se mantendría al nivel de una promesa. Desde entonces el país más pobre de la península arábiga se enredó en interminables crisis políticas y en una guerra devastadora con duras consecuencias humanitarias para Yemen. 

“El fracaso del levantamiento yemení era, por desgracia, previsible, pues el país está minado por las divisiones ilustradas por la ausencia de consolidación de la unidad nacional entre el Norte y el Sur, por las multiplicaciones de pertenencias mantenidas por el factor tribal, muy presente, y por las rivalidades alrededor de Yemen”, le explica a France 24 el politólogo especialista en Medio Oriente, Khattar Abou Diab.

Una revolución confiscada

Lo cierto es que en esa época la manifestación pacífica contra el régimen autoritario del presidente Saleh, acusado de corrupción y nepotismo, comienza por la iniciativa de estudiantes y miembros de la sociedad civil, una de las más dinámicas de la región. 

La universidad de Sanaa se convierte en el epicentro de la protesta que se extiende desde la capital hasta la ciudad de Taëz, y en particular hasta Aden, gran puerto en el sur del país. En unas cuantas semanas, a los jóvenes manifestantes se unen importantes tribus, luego movimientos de oposición y oficiales del Ejército. 

Según Maged al-Madhaji, director del Sana’a Center for Strategic Studies, entrevistado por la AFP, la protesta se explica por “las fracturas de cincuenta años de sub-representación política, de desigualdades sociales, de pobreza y de corrupción, además de las luchas identitarias”. 

En un primer momento, el presidente Saleh, quien sería finalmente asesinado en 2017, se niega a irse y cuenta con el apoyo de los países del Golfo, confiando en su temor por un contagio de las manifestaciones en sus territorios. Mientras apela al diálogo, le ordena a sus fuerzas de seguridad, controladas por su hijo mayor Ahmed, que estaba programado para sucederlo, reprimir el movimiento. La campaña de represión resultaría en varias centenas de muertos y varias decenas de miles de heridos entre los manifestantes. 

Archivo: el expresidente Ali Abdalá Saleh.
Archivo: el expresidente Ali Abdalá Saleh. © Mohammed Huwais / AFP

Arrinconado después de haber perdido toda legitimidad a nivel internacional, luego herido tras un ataque contra su palacio en junio, Ali Abdalá Saleh tira la toalla. El 23 de noviembre de 2011 firma en Riad un acuerdo de transición apadrinado por las monarquías árabes del Golfo, en virtud del cual debe entregarle el poder a su vicepresidente Abd Rabbo Mansour Hadi. Esto último a cambio de la inmunidad para sí mismo y sus cercanos. 

El 27 de febrero de 2012 cede oficialmente el poder, pero eso no impide que el país se deslice hacia la inestabilidad y luego hacia el caos, a causa de cálculos políticos que habrían triunfado sobre la inexperiencia política de los jóvenes revolucionarios. “Las personas simplemente querían ver la llegada de otro sistema. Pero la recuperación de la revuelta por los partidos políticos lo desfiguró”, lamenta el investigador Maged Al-Madhaji. 

“Al igual que otros levantamientos árabes, el de Yemen fue recuperado por fuerzas políticas, en particular por los islamistas del partido Al-Islah, quienes en cierta medida confiscaron la revolución para hacer avanzar sus propios peones, incluso sus ideologías, sin contar con la intervención de vecinos como Qatar, Arabia Saudita e Irán, que complejizaron aún más la situación”, explica Khattar Abou Diab. 

Y resalta: “A nivel político el encuentro fracasó, en vez de aprovechar la manifestación para proceder a cambios reales, el país se desvió hacia guerras internas y regionales”. 

De la esperanza al caos

Desde hace más de seis años una guerra devastadora fractura el país. El principal conflicto armado opone las fuerzas gubernamentales a los rebeldes hutíes, apoyados por Irán. Aprovechando la inestabilidad y las divisiones políticas, lanzaron en julio de 2014 una ofensiva contra el presidente Abd Rabbo Mansour Hadi. Ese movimiento rebelde, cuya rama política lleva el nombre de Ansarullah, pertenece a la comunidad zaidí. Surgida del chiismo, ha estado involucrada en un pulso con el poder central desde comienzos de los años 2000.

Archivo: Un niño yemení recibe ayuda donada por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) en la tercera ciudad del país, Taez, en octubre de 2020.
Archivo: Un niño yemení recibe ayuda donada por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) en la tercera ciudad del país, Taez, en octubre de 2020. AHMAD AL-BASHA AFP/File

El conflicto se regionalizó el 25 de marzo de 2015, cuando Arabia Saudita tomó las riendas de una coalición constituida por una decena de países árabes y apoyada por Estados Unidos para tratar de reestablecer el poder al presidente Hadi en exilio, expulsado de Sanaa por los hutíes. 

Esta guerra, que ha dejado decenas de miles de muertos y millones de desplazados, transformó a Yemen en el escenario de la “peor crisis humanitaria del mundo”, según la ONU. Aún hoy en día, “la distancia entre el precio de los alimentos y lo que los yemeníes pueden permitirse comprar sigue aumentando”, lo cual incrementa el riesgo de hambruna para millones de personas en los próximos meses, se alarman las Naciones Unidas. 

“Actualmente las familias se ven obligadas a escoger entre adquirir los medicamentos necesarios para tratar la enfermedad crónica de algún familiar y la comida”, indicó recientemente Wafa’a al Saidy, coordinadora general de la misión Yemen de Médicos del Mundo, durante un discurso en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. 

Mientras las ONG siguen alertando sobre la gravedad de la situación, la Administración Biden, recién llegada al poder en Estados Unidos, dio un aire de esperanza al declarar su determinación por detener los combates.

“El presidente electo dijo claramente que le pondríamos fin a nuestro apoyo a la campaña militar llevada a cabo por Arabia Saudita en Yemen”, afirmó el 20 de enero el nuevo secretario de Estado estadounidense Antony Blinken. “Lo haremos muy rápidamente”, prometió. 

 

Este artículo fue adaptado de su original en francés 

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