Israel celebra nuevas elecciones, las cuartas en menos de dos años

Un hombre deposita su voto en un colegio electoral móvil especial para israelíes en cuarentena o infectados con la enfermedad de coronavirus. Cerca de una playa en Ashdod, Israel, el 23 de marzo de 2021.
Un hombre deposita su voto en un colegio electoral móvil especial para israelíes en cuarentena o infectados con la enfermedad de coronavirus. Cerca de una playa en Ashdod, Israel, el 23 de marzo de 2021. © Amir Cohen / Reuters

Estos comicios están marcados por la profunda división en la política israelí en torno a la figura del primer ministro Benjamin Netanyahu. La oposición lo acusa por su gestión de la pandemia y los casos de corrupción que lo han llevado a juicio, pero él defiende el éxito que ha supuesto para el país la vacunación masiva.

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La profunda inestabilidad política ha sido la protagonista en Israel durante estos últimos meses y ha obligado a los israelíes a acudir a las urnas cuatro veces en menos de dos años. Esta vez, los comicios están marcados por la pandemia y por la exitosa campaña de vacunación que Israel ha tenido, algo que es la principal línea de campaña del primer ministro Benjamin Netanyahu.

Para estas elecciones, el eje de coaliciones ha girado en torno a la figura de Netanyahu. Los partidos que se presentan han basado su campaña electoral en pregonar si negociarán con el partido del primer ministro o no, y las condiciones que tienen para hacerlo.

El derechista Likud de Netanyahu sigue siendo la opción preferida de la población y las encuestas le otorgan unos 30 escaños de los 120 que posee el parlamento. El objetivo de Netanyahu es poder llegar a la mayoría junto con los ultraortodoxos y los ultranacionalistas, algo que no ha podido conseguir en los últimos tres comicios y que ha hecho que no existan mayorías claras en el país.

Para conseguir este objetivo será clave el voto final de los indecisos. Las encuestas muestran un alto porcentaje de personas en este grupo, que será fundamental para determinar las mayorías de gobierno.

De las más de 40 listas, se estima que puedan entrar al parlamento unas 12, de las cuales solamente han confirmado un futuro apoyo a Netanyahu tres. Todas estas formaciones son ultraortodoxas y de ultraderecha. Dentro de la oposición al primer ministro hay desde partidos de izquierda a ultraderechistas laicos, pasando por partidos proárabes.

Estas serán las elecciones más caras de la historia del país debido al gran despliegue efectuado para garantizar el voto de todos los ciudadanos a pesar de la pandemia. 

 

Un hombre contagiado por coronavirus recibe las instrucciones para votar desde el hospital en Ramat Gan, Israel, el 23 de marzo de 2021.
Un hombre contagiado por coronavirus recibe las instrucciones para votar desde el hospital en Ramat Gan, Israel, el 23 de marzo de 2021. © Nir Elias / Reuters

 

Aunque las cifras de contagios han bajado vertiginosamente durante las últimas semanas, se han habilitado carpas especiales para el voto de personas contagiadas o sospechosas de estarlo y se han llevado urnas a los hospitales para que puedan ejercer su derecho al voto las personas más graves a causa de la enfermedad. 

Reconfiguración en la oposición

El principal cambio en estas elecciones se verá en una distribución diferente del voto contrario a Netanyahu. El hasta ahora mayor rival del primer ministro, el centrista Benny Gantz, apenas recibirá apoyos por haber accedido a formar un Gobierno en mayo del año pasado con Netanyahu. Este pacto, que ha estado marcado por la profunda inestabilidad y división entre los líderes, puede costarle a su partido, Azul y Blanco, no entrar en el parlamento.

Si entrara a la cámara legislativa sería con tan solo cuatro escaños, según las encuestas, pero si no lo lograra, dejaría el camino más libre para Netanyahu poder pactar solo con ultraortodoxos.

La mayoría de este voto se repartirá en dos partidos: el centrista Yesh Atid, liderado por Yair Lapid, y el derechista Nueva Esperanza, comandado por el exministro de Netanyahu Guideon Saar. Estas dos formaciones sumarían juntas unos 29 escaños.

Saar, a pesar de haber sido compañero de Ejecutivo con Netanyahu, es uno de sus mayores críticos por la gestión y la corrupción. La formación de este nuevo partido responde a la necesidad de crear algo similar al Likud pero sin estar salpicado por los delitos de soborno, fraude y abuso de confianza.

El problema para estos dos líderes es que la estimación de voto a partidos progresistas y árabes ha caído. El hartazgo de los votantes es visible y eso afecta sobre todo a las áreas más progresistas de Tel Aviv, que dejan de acudir a las urnas. Esto se da en contraposición del voto ultraortodoxo, que generalmente es masivo entre esas comunidades.

La vacunación como bandera

El principal baluarte para ganar las elecciones y poder formar Gobierno que tiene Netanyahu es su espectacular plan de vacunación. El primer ministro ha puesto a Israel como ejemplo global de lo que se puede hacer con la vacunación masiva en plena pandemia y de sus resultados.

Con más de la mitad de la población totalmente inmunizada y el 80 % con al menos una dosis, el país se está abriendo poco a poco a una nueva normalidad en la que los casos de contagio y, en especial, los casos graves y fallecimientos se han desplomado.

Esta gestión se ha podido realizar gracias al envío masivo de dosis de la alianza de Pfizer / BioNTech y una rápida actuación del sistema sanitario.

 

El primer ministro, Benjamin Netanyahu, vota en un colegio electoral junto a su esposa, Sara Netanyahu, en Jerusalén, el 23 de marzo de 2021.
El primer ministro, Benjamin Netanyahu, vota en un colegio electoral junto a su esposa, Sara Netanyahu, en Jerusalén, el 23 de marzo de 2021. © Ronen Zvulun / Reuters

 

Sin embargo, muchos siguen culpando a Netanyahu de los más de 6.000 fallecidos en el país. La oposición lo acusa de no haber sido lo suficientemente estricto con las medidas contra el virus durante buena parte de la pandemia y de haber dejado en libertad a los ultraortodoxos para celebrar reuniones masivas y no usar mascarilla.

A esto hay que sumar la controversia internacional que ha tenido la falta de acceso a vacunas por parte de la población palestina en contraste con Israel. Para varias organizaciones, las poblaciones palestinas que se encuentran en territorios ocupados por Israel deberían ser vacunadas por su gobierno.

Corrupción y enfriamiento de relaciones con EE. UU.

Otro de los factores clave para entender estos comicios son los numerosos casos de corrupción que le han sido imputados a Netanyahu. Él es el primer jefe de Gobierno de Israel procesado en activo por algo así y esto ha hecho que las protestas contra su figura se hayan replicado durante estos meses en muchas ciudades del país.

Tres casos han salpicado su carrera política. En el caso 1.000 y el 2.000, los tribunales lo acusan de fraude y abuso de confianza y en el caso 4.000, se acusa al primer ministro de soborno y fraude. Este último es el más grave y asegura que el líder derechista promovió decisiones regulatorias que favorecieron a una compañía de telecomunicaciones.

 

 

Además, en estos comicios Netanyahu no contará con el apoyo explícito de Estados Unidos, a diferencia de los tres anteriores, que se celebraron durante la era Donald Trump. Joe Biden se ha mostrado muy tibio con el líder israelí desde su entrada a la Casa Blanca y esto ha sido recíproco. En el momento más bajo de Netanyahu, en marzo del año pasado, el apoyo de Trump en campaña fue fundamental para no ceder el gobierno ante Benny Gantz.

Benjamin Netanyahu se enfrenta así a otros comicios donde confía sumar los apoyos necesarios entre las fuerzas más ultraortodoxas para formar un Gobierno estable que le permita dirigir Israel sin problemas. Con más de 12 años en el poder, ‘Bibi’ es el primer ministro que ha estado más tiempo a cargo del país a pesar de las constantes polémicas por su gestión y las acusaciones de corrupción que lo acorralan. Las urnas que se abrieron hoy serán todo un veredicto sobre su gestión.

Con AP, Reuters y EFE

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