Afganistán: las ONG continúan sus actividades a pesar de una situación de seguridad “preocupante”

Hombres armados listos para luchar contra los talibanes participan en una manifestación en apoyo de las fuerzas de seguridad afganas en las afueras de Kabul el 23 de junio de 2021.
Hombres armados listos para luchar contra los talibanes participan en una manifestación en apoyo de las fuerzas de seguridad afganas en las afueras de Kabul el 23 de junio de 2021. © Reuters

Aumenta la inquietud en Afganistán ante la progresión relámpago de los talibanes en varias zonas y el riesgo de ver al país caer en una guerra civil. Sin embargo, las ONG y las instituciones de ayuda humanitaria mantienen su presencia en el lugar. Algunos lamentan la partida de sus empleados afganos.

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A un poco más de dos meses de la salida anunciada de las tropas estadounidenses de Afganistán, establecida para el 11 de septiembre, los talibanes multiplican sus ofensivas en el terreno. Actualmente, están presentes en casi todas las provincias afganas y rodean varias grandes ciudades, como lo hicieron durante los años 1990 para apoderarse casi de la totalidad del país e instaurar un régimen islámico autoritario. Más de 50 de los 370 distritos ya cayeron en sus manos desde el anuncio de Joe Biden del retiro de las tropas estadounidenses en mayo, según la ONU. Una ofensiva fulgurante que aumenta la inquietud entre los colaboradores afganos de las estructuras francesas en el país y de ciertas ONG.

Sobre todo porque se franqueó un nuevo límite la semana pasada, con la progresión relámpago de los talibanes en el noreste del país y con el sitio de la ciudad estratégica de Kunduz, que ha dejado más de 5.000 desplazados desde el 21 de junio.

“La mayor parte de los distritos que fueron tomados rodean las capitales provinciales, esto sugiere que los talibanes se posicionan para tratar de tomarse estas capitales una vez que las fuerzas extranjeras estén completamente retiradas”, alertó la representante del Consejo de Seguridad de la ONU en Afganistán, Deborah Lyons, al día siguiente del asalto de Kunduz y considerando “los recientes avances” militares “preocupantes” por parte de los talibanes.

El personal de seguridad afgano patrulla durante los combates entre los talibanes y las fuerzas de seguridad afganas en la ciudad de Kunduz, al norte de Kabul, Afganistán, el jueves 24 de junio de 2021.
El personal de seguridad afgano patrulla durante los combates entre los talibanes y las fuerzas de seguridad afganas en la ciudad de Kunduz, al norte de Kabul, Afganistán, el jueves 24 de junio de 2021. © Samiullah Quraishi / AP

“La situación en Afganistán se volvió extremadamente inquietante”, reconoce Étienne Gille, vicepresidente de la asociación Afrane, presente desde hace más de 40 años en Afganistán. En unas cuantas semanas, esta ONG especializada en educación perdió casi la totalidad de sus 23 empleados afganos, a punto de exiliarse a Francia. “La partida del personal afgano de Afrane es inminente”, se lamenta Étienne Gille. En total, alrededor de 80 colaboradores junto con sus familias aprovecharán una vasta operación financiada por el Quai d’Orsay, que desde mayo autoriza a 600 afganos que hayan trabajado para Francia y a sus familias a obtener asilo en el territorio francés.

Exilio masivo de los colaboradores afganos

Esta medida debería provocar que la embajada de Francia en Kabul y sus satélites cierren la mayor parte de sus servicios, reveló el periódico Le Monde a mediados de mayo, informando sobre “la turbación de los colaboradores europeos” de Francia en Afganistán, entre los cuales la embajada alemana en Kabul, “ante una decisión considerada precipitada, no concertada” y “tomada a espaldas de las autoridades afganas”.

Este impulso de Francia tampoco fue del gusto de la Coordinación de las ONG francesas en Afganistán (COFA), de la que Afrane es parte. Las quince ONG fueron recibidas por el gabinete del ministro de Asuntos Extranjeros a principios de junio, después de haber enviado un correo expresando sus inquietudes.

Principalmente, habrían sido los temores de ver el aeropuerto de Kabul fuera de servicio los que precipitaron la repatriación de la centena de empleados afganos. Pero, entretanto, Washington prometió mantener una fuerza residual de 650 soldados para proteger el aeropuerto, con el apoyo del ejército turco. “Francia aplicó el principio de precaución y contempló el peor escenario”, considera Étienne Gille.

Afrane, que trabajó durante mucho tiempo con expatriados, constituyó un equipo significativo de profesores afganos desde 2002. La ONG apoya 48 escuelas, repartidas en cuatro provincias del país, para realizar intervenciones ante 96.000 jóvenes afganos. Los profesores de matemáticas, ciencias y lenguas (dari y pashto) estaban en proceso de convertirse en formadores a su vez. En el terreno, el exilio masivo de estas personas pone en riesgo la actividad de la asociación.

“Es una situación inédita para nosotros, que revela la angustia de la población. Entendemos que nuestros empleados hayan querido aprovechar esta oportunidad, presentada por Francia como una oferta hecha ‘ahora o nunca’”, explica Étienne Gille. Pero se lamenta: “Son personas pacifistas y abiertas que le harán falta a Afganistán”. “En este momento, las personas más educadas están buscando irse, es toda una parte de la esencia intelectual del país que se está quedando vacía y eso tiene el riesgo de empobrecer a Afganistán”.

A pesar de estas decepciones, Afrane tiene pensado quedarse en Afganistán, reclutar y formar nuevos profesores con el fin de retomar lo más pronto posible sus actividades educativas entre los alumnos afganos. “Estamos decididos a continuar nuestras acciones mientras la situación lo permita, porque nuestra esencia, como humanitarios, es actuar cuando las condiciones son difíciles, y yo incluso diría ‘sobre todo’ cuando las condiciones son difíciles”, insiste el vicepresidente de la ONG.

Reevaluación permanente de la situación

Para muchas ONG e instituciones de ayuda humanitaria presentes en el país, además de la llegada al poder de los talibanes, el riesgo actual es sobre todo ver que Afganistán se vuelva a sumir en la guerra civil, y que grupos mafiosos o afiliados a la organización Estado Islámico aprovechen la situación de inestabilidad para secuestrar extranjeros.

En cuanto a Médicos Sin Fronteras (MSF), la situación en el terreno se “reevalúa cada día, como ha sido el caso desde nuestros 40 años de presencia en Afganistán”, afirma una responsable de la comunicación. La ONG pagó un precio algo durante estos últimos años. En 2015, el ejército estadounidense bombardeó su hospital en Kunduz. El ataque dejó 42 muertos, de los cuáles 14 eran miembros de su personal. El año pasado, fue atacada una sala de maternidad MSF de Kabul, Dasht-e-Barchi: al menos 16 pacientes murieron. Se tomó la decisión de retirarse de ese proyecto, último punto de presencia de la ONG en la capital afgana. “Esos eventos trágicos muestran que la presencia de MSF en Afganistán como actor médico humanitario para las poblaciones nunca es fácil”, considera Emmanuel Tronc, que dirigió las misiones de 1997 a 2016. “Con la partida de los estadounidenses debemos esperar un periodo muy difícil”.

En esta foto de archivo, personal militar afgano camina cerca del aeropuerto durante los enfrentamientos entre militantes talibanes y fuerzas de seguridad afganas, en Kunduz, Afganistán, el 1 de octubre de 2015.
En esta foto de archivo, personal militar afgano camina cerca del aeropuerto durante los enfrentamientos entre militantes talibanes y fuerzas de seguridad afganas, en Kunduz, Afganistán, el 1 de octubre de 2015. © Wakil Kohsar / AFP

Desde hace una semana, ante la violencia de los combates entre el ejército afgano y los talibanes en la entrada de la ciudad de Kunduz, MSF tuvo que llevar a cabo una reducción de su equipo en el lugar. “Después del bombardeo de 2015, se está construyendo un hospital en Kunduz, toda una parte ya se rehabilitó y se abrió para atender pacientes”, explica Sarah Chateau, la responsable del programa en Afganistán. Pero una veintena de expatriados y sus colegas afganos fueron “puestos en hibernación”. “Nos sorprendió la intensidad de los bombardeos en Kunduz. Estamos montando un equipo especializado en urgencias, con un cirujano y un anestesiólogo”. Un poco en todas partes, la ONG médica se prepara para escenarios de respuesta ante cuidados de emergencia, transformando sus equipos para atender a los heridos.

Garantizar el acceso a las zonas de combate

“Estamos preocupados por la situación en curso, por los civiles que se encuentran atrapados entre los combates, y nos inquieta la seguridad de los trabajadores humanitarios potencialmente presentes en esas zonas”, afirma por su parte Frédéric Joli, portavoz del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). “La prioridad es garantizar el acceso humanitario, el respeto del espacio humanitario por parte de los combatientes. Es un derecho fundamental”. En el terreno, la institución de ayuda humanitaria trabaja con cerca de 500 expatriados y 3.700 empleados afganos. Al igual que MSF, el CICR mantiene su actividad en Afganistán, ajustándola en función de las evoluciones cotidianas, y hasta el momento no se ha comprobado ninguna partida de colaboradores.

Sin embargo, las salidas hacia el extranjero se multiplican, particularmente en dirección a la frontera iraní, según Sarah Chateau. “Nuestros colegas de MSF en Irán fueron convocados por las autoridades iraníes, que comprobaron la llegada de entre 12.000 y 20.000 afganos en unas cuantas semanas a Irán. Esperan una ‘afluencia’ y hablan de 50.000 a 150.000 migrantes que podrían llegar próximamente”.

Este artículo fue traducido de su versión original en francés

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