Trump deja un balance totalmente "negativo" en comercio internacional, según Pascal Lamy

París (AFP) –

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El fracaso de la política comercial de Donald Trump es patente, pese a que el presidente estadounidense haya logrado poner sobre la mesa el tema de la reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC), consideró el francés Pascal Lamy, ex director del organismo.

Lamy dirigió de 2005 a 2013 la OMC, que ha estado en el punto de mira de Donald Trump desde que llegó al poder.

R: El balance es negativo en todos los órdenes, salvo su defensa a favor de una reforma de la OMC, aunque él solo la viera, evidentemente, en el sentido de los intereses estadounidenses.

Su objetivo de partida era disminuir el déficit comercial, lo cual es una idea estúpida, pues el déficit estadounidense se explica por el hecho de que los estadounidenses ahorran poco y consumen mucho, y además tienen ese privilegio extraordinario llamado "dólar", que les permite vivir a crédito a espaldas del mundo.

Por otro lado, ha bajado mucho los impuestos, así que ha estimulado el consumo, y, por lo tanto, las importaciones. El resultado: el déficit se encuentra en 800.000 millones de dólares, nunca ha estado tan alto desde 2008.

Además, Donald Trump penalizó la competitividad estadounidenses con sus aranceles a la importación, ya sea en la agricultura, en la industria de automoción con sus aranceles al acero o la prohibición de abastecer a los chinos de semiconductores estadounidenses.

Su fracaso también se debe al hecho de que consideró que el caso chino, que es un verdadero asunto, era un tema bilateral. No dejó que los europeos participaran en las discusiones y dio crédito a la idea de que China debe comerciar menos con el mundo. Sin embargo, una china autárquica sería más peligrosa.

R: Trump ha popularizado la idea de que la OMC necesita modernizar algunas de sus reglas, que datan de los años 1990. Hoy, si alguien quiere cuestionar una subvención de un socio que, a su parecer, falsea la competencia, las reglas de la OMC exigen pruebas demasiado difíciles de obtener.

Hay que explicarle a los chinos que si no aceptan un endurecimiento de las normas, tomaremos medidas que compensen esas ventajas indebidas (las ayudas del Estado a la exportación) y que, así, perderán mercados abiertos hasta ahora. Eso les hará reflexionar, pues quieren incorporarse al mundo y contar. Además, el debate se da incluso en China, las empresas privadas reclaman que el Estado sea neutral en el ámbito de la competencia. Ese debate debemos alentarlo nosotros, los occidentales.

Pero también hay que reconocer que cometimos un error colectivo hace 20 años. La reforma de las subvenciones estaba en el orden del día del programa de reformas de la OMC lanzado en Doha en 2001, pero ni los europeos ni los estadounidenses ni los japoneses se pusieron en marcha, porque al poner sobre la mesa el tema de las ayudas estatales chinas, podían llamar la atención sobre sus propios regímenes de subvenciones, por ejemplo para Boeing o Airbus.

R: Estados Unidos volverá a la mesa de negociaciones. No se va a retractar sobre los aranceles inmediatamente, pues el AFL-CIO (la mayor federación de sindicatos) está a favor, pero respecto a China, adoptarán una actitud menos agresiva. Y eso también mejorará la relación transatlántica probablemente.

En cambio, la rivalidad geopolítica entre Estados Unidos y China perdurará, sobre todo en el ramo de la tecnología: la música no cambiará, pero sí la manera de tocarla.