El miedo a la temporada en blanco en las estaciones de esquí austriacas

Sankt Leonhard im Pitztal (Austria) (AFP) –

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Como en una burbuja, el suizo Christian Gut, de 60 años, se siente seguro al deslizarse por las pistas austriacas. Pero apenas recién estrenada, la temporada de esquí ya ha sido golpeada por el cierre de un mes debido a la segunda ola de la pandemia de coronavirus.

En el Tirol se recuerda el trauma de comienzos de marzo, cuando turistas contagiados de covid-19 partieron de Ischgl y de las estaciones vecinas esparciendo el virus por el resto de Europa.

Pero muchos vecinos recuperaron la sonrisa cuando las estaciones abrieron en octubre. En Austria el esquí se lleva en los genes, es vital, también para la economía: es un sector que mueve varios miles de millones de euros y el medio de vida de miles de personas. Un empleo de cada cuatro depende del turismo.

Sin embargo el sector volvió a sufrir un duro golpe cuando a finales de octubre el gobierno dictó el cierre de las pistas para intentar frenar el crecimiento de la pandemia.

- Objetivo 17 de diciembre -

La estación de Pitztal había sido una de las primeras en abrir este año, con múltiples precauciones.

"Invertimos mucho dinero para permitir a los visitantes disfrutar de la naturaleza y del esquí, protegiendo su salud", explica a la AFP Anna Griesser, portavoz de una empresa local de teleféricos, unos días antes de la decisión de un confinamiento parcial.

En ese momento Pitzal había recibido ya visitantes austriacos, suizos, alemanes, checos e italianos, en un número más modesto al habitual.

Las filas de espera garantizaban la distancia social, la mascarilla era obligatoria en los remontes mecánicos, se redujo el número de pasajeros en el tren que lleva del valle al glaciar... Todo se había organizado para contener la propagación del virus.

Luego llegó la orden del gobierno austriaco de cerrar las estaciones durante un mes.

Numerosas empresas del sector solo podrán sobrevivir con las ayudas de las autoridades, señala Michaela Reitterer, presidenta de la Federación Hotelera de Austria, que no esconde su preocupación.

Y si la temporada no se reanuda, el Producto Interior Bruto (PIB) austriaco perderá hasta 1,5 puntos porcentuales, advierte Christoph Badelt, responsable del Instituto Austriaco de Investigación Económica.

Las estaciones no han dicho su última palabra y cuentan con reanudar su actividad en diciembre, a pesar de la inquietante curva de contaminación.

Incluso en la estación de Ischgl, donde las autoridades fueron incapaces de contener varios focos de covid-19, intentan mantener la moral.

Se acabaron las exuberantes veladas que se organizaban después de las sesiones de esquí, a pie de pista, que contribuyeron a la propagación del virus.

Esta ciudad de 1.600 habitantes, descendientes de familias alpinas curtidas en la necesidad, tiene los hoteles de cinco estrellas vacíos.

Esos hoteles podían albergar hasta 10.000 turistas por día.

"Claro que no es fácil, pero no estamos sorprendidos por este nuevo confinamiento", señala Andreas Steibl, responsable de la oficina de turismo local.

"Estamos convencidos de que el número de casos va a caer de aquí a mediados de diciembre. Luego podemos reanudar con total seguridad", añade.

Para su reapertura, Ischgl contará con medidas de atención para volver a seducir al visitante: protecciones faciales gratuitas, aplicaciones que hacen las filas de espera más cortas, centro de test con todo el personal necesario y un laboratorio que garantiza resultados en 24 horas.

Muestras de agua serán tomadas regularmentede la red de abastecimiento para detectar eventuales brotes del virus.

El objetivo: volver a abrir para los turistas el 17 de diciembre, justo a tiempo para las fiestas de Navidad.