Batalla en Finlandia para abandonar la contaminante turba como energía

Sippola (Finlande) (AFP) –

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En esta enorme extensión de tierra oscura rodeada de bosques, el tractor de Taisto Raussi remolca una imponente máquina amarilla para recoger la capa de turba de la superficie. En Finlandia, el último país de la UE que utiliza esta contaminante fuente de energía, hay una batalla para terminar con ella.

En Sippola (sureste), cuando este septuagenario se instaló como carbonero en 1973, "había una crisis energética en Finlandia" y la turba logró cubrir las necesidades, cuenta a la AFP.

"Ahora, tenemos la impresión de que todo el mundo está contra la turba. Solo hay un puñado de personas que viven de ella", lamenta este empresario en medio de su explotación, del tamaño de 180 terrenos de fútbol que da trabajo a diez personas.

En esos tiempos la cosecha comenzaba antes del final del invierno. Ahora, los grandes montículos de turba recubiertos de plástico negro, que no se pudieron vender el año pasado, jalonan sus tierras.

Otrora llamado "oro negro", la turba es una materia orgánica densa que se acumula durante miles de años en zonas húmedas y suelos forestales. Cubre cerca de un tercio de la superficie de Finlandia, una proporción récord en el mundo.

El país nórdico, de lejos el mayor consumidor de turba de la UE por delante de Irlanda y los países bálticos, ha emprendido en los últimos años una batalla que divide hasta al propio gobierno contra esta fuente de energía más contaminante que el carbón y con un impacto medioambiental considerable.

Según la ONU, las turberas en el mundo almacenan más carbono que el conjunto de los bosques. Solo las turberas del norte de Europa son mayores pozos de carbono que la selva amazónica, según un reciente estudio de la universidad de Estocolmo.

Cuando se saca y se quema, la turba emite importantes cantidades de CO2.

Mientras en otros lugares la explotación de la turba remonta a la Edad Media, en Finlandia se empezó a hacer al final de la II Guerra Mundial.

- Ciudades contra el campo -

La turba, utilizada principalmente para la industria del papel y la calefacción colectiva, representa hoy en torno al 5% del consumo de energía en Filandia, el equivalente a 1,5 millones de toneladas de petróleo.

Pero esto genera 14% de las emisiones del país.

La posición de los parlamentarios nacionales --mayoritariamente favorables a la eliminación progresiva de la turba como fuente energética-- alimenta ahora el resentimiento entre la población urbana, de tendencia ecologista, y las comunidades rurales, donde el sector genera 4.000 empleos directos y el doble de indirectos.

Finlandia aspira a tener una huella carbono cero para 2035 y el gobierno de centroizquierda se ha comprometido a reducir a la mitad el consumo de turba para 2030, un objetivo que las asociaciones medioambientales consideran insuficiente.

Pero con las exigentes cuotas de emisión europeas, el mercado podría acelerar las cosas.

"Creemos que el sector de la turba combustible habrá muerto más o menos en diez años", vaticina Pasi Rantonen, responsable de la explotación de la turba del productor de energía Vapo, de propiedad estatal.

La desaparición del sector no supondrá por ello el fin de los daños medioambientales.

- "Herencia terrible" -

Para Tero Mustonen, miembro del grupo de expertos sobre el clima de la ONU (IPCC), la turba lleva 75 años "destruyendo y mutilando parte de nuestros ríos, lagos y humedales (...) una herencia medioambiental terrible".

Hace diez años, el experto del clima se dio cuenta de que los peces del río Juhajoki, cerca de su pueblo de Selkie, a 70 kilómetros de la frontera rusa, morían masivamente.

Metales y otras sustancias nocivas se filtraban de la vecina turbera, explotada por Vapo.

El científico, que dirige actualmente una asociación llamada Snowchange para devolver a la zona su estado salvaje , luchó para lograr cerrar la turbera.

Después de los primeros trabajos realizados por Vapo para convertilo de nuevo en humedal, su asociación trabajó durante años para recuperar su mejor estado natural, así como 60 hectáreas de la cuenca vecina.

Cerca de 200 especies de aves han vuelto y también muchos peces.

La actividad de Snowchange se ha ampliado a otras 23 turberas degradas en el país, hasta el círculo polar.

La asociación desea ahora ocuparse de 50.000 km2 de bosques, cuyo suelo lleno de turba fue drenado entre los años 1950 y 1980 para estimular el crecimiento de árboles, generando también emisiones.

"Tienen el potencial de ser una solución natural para el clima", asegura Mustonen.