Turquía, vertedero de los residuos plásticos europeos

Adana (Turquía) (AFP) –

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Los residuos plásticos procedentes de toda Europa, como los embalajes del gigante francés de los congelados Picard o de la cadena británica de supermercados Sainsbury's, se amontonan en el sur de Turquía, un desafío medioambiental gigantesco.

Estas montañas de basura se han multiplicado en los dos últimos dos años, después de que China empezó a cerrar sus puertas a este tipo de mercancía.

Turquía se convirtió el pasado año en el principal destino para los desechos procedentes de Europa, lo que ha hecho prosperar la industria del reciclaje.

¿A qué precio? Tras la explosión del uso de plásticos en el mundo en plena pandemia del coronavirus, en Turquía, las preocupaciones sanitarias y medioambientales crecen.

En los distritos de Cukurova y Seyhan, en la provincia de Adana, la basura que envía Reino Unido, Francia, Italia u Holanda se amontona en fosas, ríos y a orillas de carreteras, constataron periodistas de la AFP.

Estos residuos, que deberían ser reciclados, suelen ser quemados, con el consiguiente peligro para la salud que generan las nubes tóxicas que emanan.

"Los ciudadanos europeos necesitan saber que la última parada de los desechos que separan cuidadosamente en los cubos de basura diferenciados no es un centro de reciclaje", dice a la AFP Sedat Gündogdu, investigador de la Universidad de Cukurova, en Adana.

"Acaban aquí, en estas montañas de basura", dice mientras señala las pilas de embalajes de plástico ilegalmente arrojados cerca de zonas irrigadas.

- Opacidad -

Muchos activistas temen que la situación empeore ya que la cantidad de residuos europeos que llegan a Turquía no para de aumentar.

El año pasado, Turquía importó unas 48.500 toneladas de basura mensualmente, frente a las 33.000 toneladas de 2018, según Eurostat.

En 2019, la mayoría de la basura vino de Reino Unido (154.000 toneladas), Italia (89.000 toneladas), Bélgica (86.000 toneladas), Alemania (67.000 toneladas) y Francia (57.000 toneladas).

Concretamente, esto se traduce en paquetes de sal gruesa sin usar o tubos de mayonesa que se vierten en vertederos ilegales.

Para la filial turca de la oenegé Greenpeace, el problema reside en la ausencia de "transparencia y supervisión" en la gestión de los residuos en Turquía.

"Habría que prohibir la importación de residuos plásticos que no es fácil controlar", dice Gündogdu, y asegura que "Turquía no logra gestionar su propia basura".

Los defensores del medioambiente temen que ahora les lleguen montañas de mascarillas, guantes y otros equipos de protección utilizados durante la pandemia del nuevo coronavirus.

Para Gündogdu, la única solución sería apartarse de la "falsa" buena idea del reciclaje y reducir drásticamente el uso de plástico.

Interrogado por la AFP, el ministerio de Medioambiente no dio respuesta.

- Sector en pleno crecimiento -

Pero todos los residuos enviados de Europa no acaban en vertederos ilegales en Turquía, donde la industria del reciclaje, que emplea a cerca de un millón de personas, está en pleno crecimiento.

En septiembre, el ministerio del Medioambiente ordenó a las compañías del sector limitar sus importaciones de residuos reciclables al 50% de sus necesidades y recurrir al mercado local para el resto.

Zafer Kaplan dirige una empresa que transforma el plástico enviado de Estados Unidos y Europa en textiles en Gaziantep, sur de Turquía.

Por ejemplo, una botella de aceite de oliva de Sainsbury's se limpia, se reduce a polvo, se funde y después se transforma en fibras que serán ensambladas en hilos. Todo en dos o tres días.

Según Kaplan, esta materia reciclada la utilizan marcas como H&M, Zara e IKEA.

"En Turquía, el sector del reciclaje está muy desarrollado", asegura, al tiempo que reconoce que el país tiene que mejorar su sistema de colecta de residuos reciclables.

"Pero, aunque recojamos todos nuestros residuos, serían insuficientes para satisfacer las necesidades de la industria, ya que el sector del reciclaje turco exporta gran parte de sus productos a Europa y Oriente Medio", agrega Kaplan.

Su empresa GAMA Recycle exporta al mes 1.500 toneladas de hilo reciclado a 30 países.

La compañía transforma "materiales que no se desintegran" en la naturaleza para "hacer algo que puede reutilizarse", dice Mehmet Dasdemir, responsable del departamento de investigación y desarrollo de GAMA.

"Y esto, es bueno para el medioambiente", zanja.