El combate en silencio desde la cárcel de Zhang Zhan, testigo del covid-19 en Wuhan

Pekín (AFP) –

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Las imágenes de Zhang Zhan sobre la situación de los enfermos en los atestados pasillos de un hospital de Wuhan mostraron un raro atisbo sin filtros de la zona cero del coronavirus en China en los primeros meses de la pandemia.

El vídeo fue uno de los muchos que llevaron a esta ciudadana de a pie que ejercía de periodista y exabogada a la cárcel, donde una huelga de hambre para protestar por el trato que recibe la ha debilitado.

En otro vídeo, Zhang se enfrenta tranquila a un guardia de seguridad que la aborda y la conmina a dejar de filmar.

"Es mi derecho a monitorear al gobierno", dice, mientras el hombre trata de arrebatarle el teléfono.

Zhang se ha convertido en "símbolo" de la búsqueda para descubrir lo que ocurrió en China al principio de la pandemia de covid-19, dice su abogado.

Pero compartir sus imágenes de aficionada con una gran comunidad ha sido un alto precio para esta mujer de 37 años.

Fue detenida en mayo y siete meses después fue condenada a cuatro años de cárcel por "buscarse líos y provocar disturbios".

Su verdadero crimen, sin embargo, parece haber sido publicar un narrativa de la pandemia que China no quería que se supiera.

La versión de Pekín exalta el fuerte liderazgo del Partido Comunista en el control de la crisis sanitaria mientras esconde el miedo, la confusión y las críticas sobre el manejo inicial del problema.

Zhang decidió viajar a Wuhan desde Shanghái en febrero de 2020, después de leer una publicación en línea de un residente de Wuhan que la llevó a buscar qué había detrás del brote del coronavirus.

"Decía que sentía como si le hubieran dejado morir y me conmovió lo que escribió", confesó Zhang en un documental sobre ella de un cineasta anónimo, colgado en la página web de China Change.

Para entonces, las autoridades habían decretado el confinamiento total de esta ciudad, importante centro de conexiones internacionales, para tratar de frenar el misterioso nuevo virus conocido después como covid-19.

Desde Wuhan, Zhang colgó imágenes grabadas en las calles y abordó asuntos como el acceso al diagnóstico del virus y la capacidad de los hospitales.

También trató de hacer campaña a favor de los familiares de las víctimas del covid-19, que buscaban indemnizaciones.

"Fue a Wuhan por simpatía y movida por el deseo de ayudar a la gente", dice uno de sus abogados que pidió que no se le identifique.

"¿Volverán a ocurrir tragedias como ésta una y otra vez porque los factores que las provocan no se han resuelto y el sistema que creó la tragedia sigue gobernando?", se pregunta.

Varios ciudadanos periodistas viajaron también a Wuhan a principios de la pandemia, pero Zhang ha sido la primera condenada.

- "Protestar por su trato" -

Tras los barrotes, la salud de Zhang se ha deteriorado.

Llevó a cabo una huelga de hambre y la forzaron a alimentarse a través de tubos nasales y sus miembros inmovilizados durante largos periodos, según su abogado.

En Navidad, estaba muy delgada y casi irreconocible.

"Con la huelga de hambre quiere protestar contra la ilegalidad con que es tratada", dice Zhang Keke, miembro de su equipo de abogados.

"Cree que no comer es una forma de decirles (a las autoridades) que están equivocadas".

Cuando apareció en el tribunal a final de diciembre, estaba muy débil e iba en silla de ruedas.

Con tono desafiante, se negó a responder al juez que le pidió que confirmara su identidad.

Mientras en el extranjero se ha convertido en un símbolo de resistencia, en su país hay sentimientos encontrados.

En el día del juicio, una docena de seguidores y diplomáticos se reunieron fuera del tribunal para mostrarle su apoyo.

"Lo que hizo es muy generoso, sin pensar en sus intereses, y todo por la sociedad", dice Ren Quanniu, otro de sus abogados, a la AFP.

Pero en internet, la han acusado de tener "oscuras intenciones" y se han preguntado quién patrocina sus mensajes.

Pese a las críticas y al deterioro de su salud, se ha negado a apelar la sentencia.

"Cree que todo el sistema es absurdo", dice Zhang Keke.