Jóvenes gigantes siguen los pasos de Javier Sotomayor en Cuba

Guanabacoa (Cuba) (AFP) –

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Elio y Eliamnys no habían nacido cuando el astro Javier Sotomayor destrozaba los récords mundiales. Alentados por el príncipe de las alturas, estos hermanos cubanos entrenan desafiando carencias en un improvisado cajón de saltos, esperando que abran las escuelas deportivas, cerradas por covid-19.

Sus primeros pasos fueron en el taekwondo, pero su gran estatura y largas extremidades encandilaron a directivos del atletismo. En poco tiempo ya estaban saltando en la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) de La Habana, trampolín de muchas estrellas del deporte cubano.

"Empecé en el salto de altura hace dos años, pero por la covid apenas hemos podido saltar de espalda, solo hacemos el estilo tijera", declara a la AFP Elio Iznaga, de 17 años y 2,06 m de estatura, en el Roble, un barrio del este de La Habana en el que él, su hermana menor y otros prospectos del salto se reúnen tres veces por semana para practicar.

Elio quiere ser como su "ídolo", Sotomayor. "Tengo en mi cuarto una foto de él y ojalá pueda llegar a sus marcas”.

Su hermana menor Eliamnys, de 14 años y 1,96 m, también piensa en grande.

"Sueño con romper la marca de Cuba de Silvia Costa (2,04, en 1989). He visto videos suyos y de la campeona mundial Ioamnet Quintero (2,01 en 1993, en Berlín) y me las he tropezado en el estadio”, recuerda Eliamnys, que nunca olvida el día que entrenó con Sotomayor y un hijo del astro que sigue sus pasos.

- "El futuro está aquí" -

Elio y Eliamnys llevan el deporte en el ADN. Ambos son hijos del campeón paralímpico Arián Iznaga (ciego) y la excorredora de 400 m Osmara Ramos.

Se destacan en un grupo de la EIDE que entrena cumpliendo todos los protocolos de bioseguridad contra el covid en un terraplén de El Roble.

Se bautizaron como "La Burbuja de Guanabacoa", guiada por el entusiasta exentrenador nacional, Luis Pinillo, que usa instrumentos rústicos para trabajar.

También Sotomayor llega hasta ahí de visita.

"Hace tiempo no los veía saltar. Se han ido en vicio en tamaño y física y técnicamente han evolucionado muchísimo. Lástima que este año no haya competencias oficiales para que sus resultados pasen a los libros", dice cubriéndose bajo árboles frutales del sol ardiente.

Sotomayor tenía un año menos que Elio cuando estableció en 1984, en La Habana, el récord mundial juvenil aún vigente de 2.33 m.

El campeón olímpico, que impuso su récord mundial de 2,45 en 1993 en España, aplaude la iniciativa que en cierto modo le evoca sus inicios en el poblado de Limonar, en la provincia de Matanzas.

Las condiciones "no son las idóneas. No es el mejor colchón para la caída (muy delgado) y eso resta un por ciento de la capacidad técnica real que puedan tener. El día de mañana en una pista y un lugar donde no tengan temor al caer, deben mejorar mucho", considera Sotomayor.

"El futuro está aquí", advierte Pinillo, que insta a directivos del atletismo local a que no pierdan de vista a los chicos, que impresionan por su somatotipo (valoración de la forma corporal), estilo, nivel de flotabilidad e interés.

Al terminar el entrenamiento, los muchachos bromean con Sotomayor. Eliamnys lo hace reír al hacer notar que a sus 53 años no tiene canas. Es "genético" dice siguiendo la broma.

- La Burbuja de Guanabacoa -

La Burbuja era un lugar inhóspito al aire libre usado como basurero. Los chicos, el profesor y sus padres cortaron la hierba y lo acondicionaron como una improvisada pistilla de salto.

Surgió en febrero pasado a causa del cierre de las escuelas deportivas en Cuba por el impacto del covid-19, que dejó a la deriva a los alumnos de la EIDE.

"Hay que salvar el talento", advierte Pinillo y cuenta que su verdadero entrenador está cumpliendo otras tareas por la covid.

"Todo comenzó en forma de juego y mira ya por dónde vamos", exclama al explicar que fabricaron vallas, pelotas medicinales, y ahora andan con la idea de hacer un gimnasio.

Además de Sotomayor, han pasado por ahí estrellas como Ana Fidelia Quirós, una leyenda del atletismo mundial, dos veces medallista olímpica y doble campeona mundial en 800 metros (Gotemburgo, 1995 y Atenas 1997).

Así como los entrenadores de grandes atletas Tomás Pedroso y Juan Gualberto Nápoles.

Los hermanos Iznaga entrenan en casa con aparatos artesanales confeccionados por ellos mismos y se entretienen con videojuegos, estudiando idiomas o ayudando a su madre en labores domésticas.

"Son muchachos tranquilos. La mujer es aficionada a los idiomas y el varón a los juegos y la religión afrocubana", dice su madre que espera que reabran las escuelas para que sigan luchando por sus sueños.