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El drama de las madres yanomami que perdieron a sus hijos por el Covid-19

© France 24

La pandemia del coronavirus representa un doble desafío para las comunidades indígenas de Brasil. Por un lado, está el enorme reto de conseguir atención médica en las reservas, unos territorios inmensos y casi aislados donde en muchos casos solo llega el Ejército por el aire. El otro problema surge cuando un indígena es trasladado a un hospital urbano y fallece a causa del Covid-19, allí las creencias ancestrales y las disposiciones de las autoridades chocan de frente. 

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En Roraima, estado fronterizo con Venezuela, las autoridades sanitarias determinaron que 12 indígenas yanomami, muertos tras contraer el nuevo coronavirus, serían enterrados en los cementerios de la capital, Boa Vista. El inconveniente es que en la cultura yanomami los fallecidos tienen que ser cremados en medio de los bosques milenarios de su reserva, habitada por 28.000 personas.

El rito fúnebre es largo y complejo, pueden pasar hasta dos años para que los familiares entierren las cenizas. Los yanomamis creen que, si no se sigue a rajatabla estas tradiciones, las almas de los difuntos se quedarán vagando en el mundo de los vivos sin encontrar paz.

Júnior Yanomami, presidente del Consejo de Distrito de Salud Indígena, lleva meses negociando con el Gobierno local de Roraima para que estos difuntos puedan ser exhumados y transportados hasta las reservas indígenas. “Los yanomami hicieron contacto con los brasileños hace relativamente poco tiempo. No entienden el porqué del entierro. Es un impacto cultural muy grande”, explica este joven líder. “Las madres están todavía muy tristes y desesperadas. Están en las reservas a la espera de que les devuelvan el cuerpo de sus hijos”, añade.

El asunto tiene difícil solución porque en Boa Vista no hay horno crematorio y las autoridades prefieren esperar tres años antes de desenterrar los cuerpos para evitar cualquier riesgo de contagio.

Para los yanomanis es un tiempo demasiado largo. “Sabemos que los cuerpos de los yanomamis tienen que regresar y que el ciclo precisa ser cerrado. Pero aconsejamos que eso se haga con seguridad, cuando realmente no haya riesgo de llevar esta infección para el resto de la comunidad”, señala Elaine Rodrigues Maciel, coordinadora regional de la Fundación Nacional del Indio en Roraima.

El Gobierno de Brasil costeará la exhumación y el traslado de los cuerpos cuando llegue el momento. Mientras tanto, las madres yanomami aguardan y se debaten entre el dolor y la esperanza.

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