La ocupación de salas y teatros en Francia, una resistencia que traspasa la crisis cultural

Trabajadores de la cultura cuelgan pancartas y banderas desde el balcón del Teatro del Odéon de París, para protestar contra la decisión del Gobierno francés de mantener cerrados hasta nuevo aviso los teatros, cines, salas de conciertos y museos.
Trabajadores de la cultura cuelgan pancartas y banderas desde el balcón del Teatro del Odéon de París, para protestar contra la decisión del Gobierno francés de mantener cerrados hasta nuevo aviso los teatros, cines, salas de conciertos y museos. © Benoit Tessier / Reuters / France 24

Primero fue el Teatro del Odéon. Hoy ya son más de 30 los espacios ocupados por los artistas y trabajadores de la cultura que, de París a ultramar, están fatigados de ser el "sacrificio" del Elíseo. En movimiento, no solo denuncian que el gremio no tiene fecha de reapertura, sino que las ayudas no cubren a la mayoría, con técnicos y estudiantes peor que otros intermitentes perjudicados. Sin contar que la reforma al desempleo hundirá a muchos más, de ahí su "convergencia de luchas". 'Josep', el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, y Gaia y LP en música, cierran esta crónica.

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Durante el mayo francés del 68, el Odéon fue uno de los centros neurálgicos de la revolución. Uno de esos puntos en los que se gestó el famoso lema "queremos todo y lo queremos ahora". Y, pese a su herencia, los artistas y profesionales culturales que lo 'okuparon' el pasado 4 de marzo siguen sorprendiéndose de que su acción –con aires de entonces– se haya extendido como la pólvora, en más de 30 salas y teatros del país.

Así lo cuenta Romain Brunet, periodista de France 24, en este artículo que arranca con un "¡esto no para!", retratando cómo uno de los "ocupantes", de una cuarentena, va anotando más y más aliados al movimiento. El 26 de marzo, tanto las ocupaciones como los debates y performances de protesta que se han realizado, tendrán resonancia en una mayor manifestación, llamada Asamblea General de los Teatros, en compañía del resto de los ciudadanos.

Si bien, por ahora, no supondrá el fin de las ocupaciones (que cuentan con el apoyo de las directivas de los espacios), ni del problema global de fondo. A saber: un año de crisis mortal para la cultura; un año en el que muchos intermitentes, el grueso que compone el mundo del espectáculo, llevan meses y hasta el año entero sin empleo. Porque en Francia, como en otras naciones, los teatros, cines, salas de concierto y museos son los que están pagando el mayor cierre en pandemia, pese a insistir en el "respeto a las consignas sanitarias" y pese a ser –lo demuestran ya algunos estudios y experimentos– lugares de encuentro seguros.

Acción frente al Teatro Graslin, en el momento exacto del toque de queda a nivel nacional debido a las restricciones contra la propagación de la enfermedad de Covid-19, en Nantes, Francia, el 16 de marzo de 2021.
Acción frente al Teatro Graslin, en el momento exacto del toque de queda a nivel nacional debido a las restricciones contra la propagación de la enfermedad de Covid-19, en Nantes, Francia, el 16 de marzo de 2021. © Stephane Mahé / Reuters

De ahí que la exigencia no sea solo "reabrir la cultura", cerrada desde octubre, sino más ayudas por parte del Gobierno francés y la prolongación del denominado año blanco para todos los intermitentes, así como frenar la reforma del desempleo, que entrará en vigor este verano próximo y dejará afuera a más gente. Ya, hoy, al menos seis de cada diez trabajadores de la cultura que están en paro no reciben ninguna indemnización. Y eso sin incluir a otros trabajadores de otros sectores, como el del turismo, que se han sumado a la protesta.

Por su parte, lo citamos en esta crónica, el Elíseo ha incrementado los presupuestos culturales. Pero, uno, no piensa retroceder en la reforma de 'l’assurance-chômage' y, dos, los sindicatos critican que siguen sin ser suficientes para la mayoría. La ministra de cultura francesa, Roselyne Bachelot, mantiene por su lado que la ocupación es "inútil" y "peligrosa", esto último en contexto de Covid-19.

Además de este tema, en esta crónica, más que animar, casi que rogamos ver la película de animación 'Josep', por una razón básica, y es que ni siquiera en España o Francia se conoce que miles de exiliados españoles fueron metidos en campos de concentración, maltratados y torturados, una realidad de antaño que pone de manifiesto los abusos que se perpetúan en la actual crisis migratoria del Mediterráneo. Rendimos tributo al longevo padre y mente arquitectónica de Brasilia Oscar Niemeyer, mostrando –a partir de un reportaje de Erika Olavarría– su paso por Francia donde, en vez de huir del franquismo, huyó de la dictadura militar que dominó su Brasil durante 21 años. Mientras que la nota final la ponen Gaia y LP.

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