El criptoarte abre mercado a la cultura, pero no todo NFT y 'blockchain' es oro que reluce

Una mujer camina frente a la pintura digital del artista chino Liu Gang, mientras que otras dos visitantes aprecian las obras del estadounidense mundialmente famoso 'Beeple'.
Una mujer camina frente a la pintura digital del artista chino Liu Gang, mientras que otras dos visitantes aprecian las obras del estadounidense mundialmente famoso 'Beeple'. © Nicolas Asfouri / AFP

Este día iba a llegar. El Internet abierto de su concepción requiere de ciertos límites, si hablamos de artistas que trabajan y exhiben su obra en redes, y merecen monetizarla para vivir. Y a ello contribuyen estos 'token no fungibles', al ponerle sello de originalidad a lo digital. Pero a la oportunidad económica, al coleccionismo y al intento de servir como memoria tecnológica no hay por qué elevarlas como única solución. También tienen sus contras, tipo 'kryptonita' de Superman, sin obviar que había vida antes de los NFT.

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Antes de seguir o de visualizar esta crónica, lo volvemos a desgranar (o, tal y como vamos, 'despixelar'). Un NFT (en inglés, 'Non Fungible Token') es, a groso modo, un certificado de autenticidad digital. Ese archivo en papel que diría que esta casa o ese Monet es nuestro. Solo que, por su esencia tecnológica, el NFT se basa en una cadena de bloques (de ahí el 'blockchain') que lo hacen todavía más seguro.

No seguro frente a las fibras perecederas de un papel, sino frente a este océano que es Internet, con copias y copias de una misma imagen, canción o gráfica, y aún más seguro que la naturaleza del bitcoin, usado en criptomonedas o criptodivisas. Porque ahí los NFT, esa es su diferencia, son cien por cien únicos, imposibles de ser fragmentados o reemplazados, ya que solo uno tendrá la información real de autor-propietario.

¿Ven por qué en marzo explotó el runrún sobre los NFT, tras la subasta millonaria en la casa Christie's de la obra del artista estadounidense Beeple? Su adquisición por casi 70 millones de dólares no es única. Ya este febrero se compró por más de 500.000 dólares el GIF NyanCat que, claro, no contiene 5.000 imágenes cual el de Beeple. Sin embargo, es excepcional porque ha invitado a que el mercado en Internet sea más que un sinfín de descargas, sino también NFT, con un hipotético Monet digital con dueño.

En español, el título de la obra-collage es 'Todos los días: los primeros 5.000 días'.
En español, el título de la obra-collage es 'Todos los días: los primeros 5.000 días'. © Mike Winkelmann / Beeple / France 24

Ergo si tiene comprador, tiene a un artista beneficiándose tal vez de esta dinámica, del mismo modo que la casa londinense no ha dudado en sumarse a las adquisiciones de obras digitales o criptoarte. Por todo ello se está hablando de 'burbuja' o 'boom', que desde France 24 complementamos mostrando nuevas galerías de arte-NFT en Nueva York y exhibiciones-NFT en Beijing, dedicadas por entero a los token no fungibles.

Claro que no queda solo en una apertura del mercado artístico, sobre todo para quienes usan las redes para trabajar o darse a conocer, sin control económico sobre su obra. También hay criptomúsica o mercado para las canciones –más ahora que escasean los conciertos–. La NBA hasta lo está usando para ofrecer 'cromos' digitales sobre las canastas o momentos clave del baloncesto.

Si bien, como todo, hay varios 'peros' a no olvidar. Porque ni es cierto que vaya a terminar con la precariedad laboral en la cultura, ni que no haya vida artística sin los NFT. Muchos artistas digitales llevan años utilizando otros modos, tan sencillos tecnológicamente como un 'PDF' escrito de autenticidad. Claro que es la fiebre de hoy, sin embargo "no es oro todo lo que reluce".

Un ejemplo: se está investigando, al recurrir al 'blockchain', cuánto puede contaminar cada NFT. Se sabe ya que en cada transacción y sistema de minado (una especie de revisión) emite dióxido de carbono. Un artista llegó a calcular, sin ser definitivo, que podría consumir la misma electricidad que la que usa un ciudadano de Europa a lo largo de un mes.

Todo empieza o sigue con el criptoarte, pero nada termina con él, pese a que hasta Colombia haya llegado la figura de criptoartistas como Camila Fierro o 'Fira'. ¿El próximo Beeple latinoamericano? Como decimos, ni el estadounidense se considera a sí mismo con esta etiqueta, aún cuando su naturaleza es digital.

La creadora sueca Charlotte Johannesson, pionera en emplear gráficas digitales para concebir tejidos protesta, y con retrospectiva en Madrid; la inauguración del Museo Nacional de la Civilización Egipcia (NMEC); y las películas 'Voyagers' y 'Druk' o bien en inglés 'Another Round', nominada al Óscar y con una canción que hace bailar a Mads Mikkelsen de forma increíble y sin moralismos, culminan esta crónica.

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