La sombra del hambre vuelve a posarse sobre Brasil

El padre Júlio Lancellotti trabaja desde varios frentes para los más desfavorecidos. Para él, uno de los grandes culpables del avance del hambre en Brasil es el Gobierno, que tilda de "genocida".
El padre Júlio Lancellotti trabaja desde varios frentes para los más desfavorecidos. Para él, uno de los grandes culpables del avance del hambre en Brasil es el Gobierno, que tilda de "genocida". © France 24

En Brasil, cada día 15 personas mueren por desnutrición. Además, unos 19 millones de brasileños pasan hambre en un país que, paradójicamente, es el segundo mayor exportador de alimentos del mundo, superado solo por Estados Unidos. La situación es especialmente grave en las favelas, donde el 70 % de los habitantes no tiene suficiente dinero para comprar comida.

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Desde el inicio de la pandemia, la Central Única de Favelas (CUFA), que actúa en 5.000 barriadas de todo Brasil, ha distribuido más de 22 toneladas de alimentos a cerca de dos millones de familias. “Los alimentos proceden de diferentes lugares: tanto de personas físicas, que acompañan el trabajo de la CUFA y traen los productos hasta aquí, como de empresas”, explica Wellington Galdino, director ejecutivo de esta ONG.

Las donaciones llegan hasta la sede de la CUFA en Río de Janeiro en cajas gigantescas y hay que preparar las canastas solidarias una por una. Sin la ayuda de los voluntarios, esta labor sería imposible. En los primeros meses de la pandemia recibieron muchos alimentos, pero con el paso del tiempo las donaciones menguaron.

“Dentro de nuestra comunidad, el 90 % de los habitantes son precarios, ambulantes o repartidores. Son personas que trabajan para ganar lo que comen cada día. Debido a que la economía está parada y que la pandemia está aumentando, también crece el hambre, cada vez más”, señala Alan Bianchi, presidente de la Asociación de Vecinos de la favela Cajueiro, localizada en el barrio carioca de Madureira. Cada semana acude a la CUFA para recoger las cestas, que para muchas familias representan la única fuente de alimentación.

En 2014, Brasil consiguió salir del Mapa del Hambre de la FAO, la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura, gracias a programas sociales como el Bolsa Familia. Pero la recesión económica primero y la pandemia después han provocado un complejo retroceso.

Un reciente informe de la Red Brasileña de Investigación sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (Rede Penssan) revela que el 55 % de los brasileños, es decir, cerca de 117 millones de personas, pasan por una situación de “inseguridad alimentaria”. En otras palabras, más de la mitad de la población del país más grande de América Latina no consigue asegurar una alimentación balanceada.

"Ahora contamos los céntimos para hacer la compra"

Alessandra Ramos es profesora. Está a punto de acabar la universidad y su sueldo de becaria no le llega a fin de mes. Vive con dos hermanas y un sobrino, pero ni con tres salarios consiguen evadir la inflación. La fruta y la carne bovina han desaparecido de su mesa, ahora se dedica a cazar las ofertas en el supermercado. “En nuestra casa siempre hubo comida en abundancia. Nunca nos faltó nada. Y ahora contamos los céntimos para hacer la compra. Me resulta difícil porque la alimentación es un derecho. Debería ser un derecho. Y verme en esta situación de querer algo y no poder me causa un sentimiento terrible”, cuenta a France 24.

Según la Fundación Getúlio Vargas, en el último año el precio del arroz creció un 61 % y el de los frijoles un 69 %. Para Adhemar Mineiro, miembro de la Asociación Brasileña de Economistas para la Democracia, la inflación de los alimentos es el resultado del desmantelamiento de las políticas de regulación de los precios practicada por los gobiernos anteriores. El equipo económico del presidente Jair Bolsonaro prefirió vender las reservas alimentarias, que antiguamente eran acumuladas para hacer frente a la turbulencia de los mercados y conseguir frenar los precios.

Voluntarios de la CUFA llevan mercados a los barrios más pobres de Río de Janeiro. Para miles esta es la única fuente de alimentación ante el avance de la pobreza y el desempleo.
Voluntarios de la CUFA llevan mercados a los barrios más pobres de Río de Janeiro. Para miles esta es la única fuente de alimentación ante el avance de la pobreza y el desempleo. © France 24

“Los productores tienen la alternativa de exportar. Ellos calculan el precio en el mercado internacional y venden dentro de Brasil a precios próximos a los del mercado internacional. Cuando los precios suben en el extranjero o cuando el dólar se valoriza con respecto al real, los precios de los alimentos acaban subiendo porque el productor dice: 'si vosotros no pagáis este precio, los coloco en el mercado internacional porque gano más'”, aclara Mineiro.

La situación empeoró a principios de 2021, tras la suspensión del subsidio estatal. El Gobierno recuperó en abril este auxilio, pero su valor fue reducido a menos de la mitad por causa de la crisis y el poder adquisitivo de las familias más pobres se desplomó. Ante este panorama, las iglesias se han convertido para muchos en el último refugio.

La caridad lucha contra el avance del hambre, que no da espera

Desde hace 35 años, el padre Júlio Lancellotti honra el compromiso que asumió con los más desfavorecidos. Este cura católico sirve todos los días de 500 a 600 desayunos, fruto de donaciones solidarias. En su opinión, el hambre en Brasil nunca desapareció, pero en el último año se ha recrudecido. “Este Gobierno es genocida. Tiene toda la responsabilidad de la muerte del pueblo. La pandemia agravó la situación, porque aumentó el desempleo”, afirma este religioso.

A sus 73 años, se acaba de embarcar en un nuevo proyecto: una panadería en la que todos los profesionales son personas que vivían en la calle en situación de vulnerabilidad. Aquí aprenden una profesión y recuperan su dignidad. “Nuestra producción diaria es de unos 2.500 panecillos y 1.500 pastelitos. Salimos para entregar desayunos con 1.200 panecillos”, explica Thiago Augusto da Silva Oliveira, jefe de cocina y responsable del proyecto 'Pão do povo da rua’.

El hambre tiene prisa y hay cada vez más personas con el estómago vacío. Sin políticas sociales robustas, Brasil corre el riesgo de volver al Mapa del Hambre de la FAO.

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