‘Tokio 2020+1’: los desafíos para los primeros Juegos Olímpicos aplazados de la historia

Los anillos olímpicos, que habían sido retirados para su mantenimiento en agosto, brillan tras ser reinstaurados en el Parque Marino Odaiba, en Tokio, Japón, el 1 de diciembre de 2020.
Los anillos olímpicos, que habían sido retirados para su mantenimiento en agosto, brillan tras ser reinstaurados en el Parque Marino Odaiba, en Tokio, Japón, el 1 de diciembre de 2020. © Issei Kato / Reuters

La pandemia del Covid-19 provocó una decisión inédita en la historia del olimpismo: el máximo evento deportivo se pospuso por primera vez. Con la postura irrevocable de llevar a cabo el evento en 2021, los organizadores ahora enfrentan interrogantes sobre cómo realizar un encuentro de semejante magnitud después -o durante- una pandemia. Por su parte, los deportistas, protagonistas de la cita, encaran una preparación alterada por las restricciones, las dificultades económicas y las disparidades.

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Tokio estaba preparada para organizar unos Juegos Olímpicos que prometían ser los más espectaculares de la historia. Desde su designación como sede el 7 de septiembre de 2013, la ciudad se alistó para recibir la máxima cita deportiva por segunda vez (la anterior había sido en 1964), bajo la consigna de combinar la tradición del evento con los avances de la capital tecnológica del mundo.

Pero el Covid-19 tenía otros planes. La pandemia del coronavirus alteró todo el 2020 y los Juegos Olímpicos no fueron la excepción, al punto de anotarse un hecho inédito: el encuentro multidisciplinar se pospuso por primera vez en su historia. Previamente, solo había sido cancelado en tres ocasiones por las Guerras Mundiales, una posibilidad que el Comité Olímpico Internacional (COI) y los organizadores descartaron tras semanas de deliberaciones y optaron por un aplazamiento de un año.

Consumada la decisión, Tokio 2020 pasó a ser ‘Tokio 2020+1’ y los organizadores empezaron a delinear cómo será realizar un evento de semejante magnitud con una pandemia todavía indescifrable, sin garantías de que esté totalmente superada para julio de 2021.

La primera consecuencia mensurable de la postergación es económica: las autoridades japonesas confirmaron que los Juegos Olímpicos costarán unos 2.700 millones de dólares más de lo previsto, unos 1.800 millones por los gastos asociados al aplazamiento y el resto en medidas para evitar infecciones.

Para reducir costos, los organizadores dispondrán la simplificación de las ceremonias de inicio y de cierre, entre otros aspectos. Así, los que pretendían ser los Juegos más espectaculares van camino a ser, en realidad, los que apunten a la austeridad y la conciencia sanitaria.

Vacuna, presencia de público, medidas en la Villa Olímpica: las incógnitas se acumulan para la organización

El presidente del COI, Thomas Bach, ha insistido en varias ocasiones que los Juegos Olímpicos serán una 'señal de esperanza para la humanidad'. En la Web Summit de Lisboa, la mayor conferencia tecnológica de Europa, el dirigente participó por videoconferencia y destacó que “la llama olímpica será la luz al final del largo túnel en el que estamos”.

Pero para salir del túnel y conocer cómo serán estos particulares Juegos Olímpicos, todavía queda un largo camino por recorrer. Los avances en el desarrollo y aplicación masiva de la vacuna alimentan las esperanzas de contar con una cita deportiva lo más cercana posible a la normalidad.

Los escenarios que evalúan los organizadores son diversos. En pleno apogeo de la pandemia habían barajado la alternativa de unos Juegos “a menor escala” (sin dar detalles de cómo serían), pero ahora apuestan a promover la vacunación entre atletas y público antes del evento, sin que sea necesariamente obligatorio aplicarse la inmunización.

Claro que vacunar a unos 11.000 atletas que llegarían a Tokio y millones de espectadores se asoma como un desafío demasiado ambicioso. Así, otra posibilidad es que el acceso de público sea limitado, incluyendo “una cantidad razonable” de personas, según estimó Bach. La decisión final en este aspecto no será tomada sino hasta la primavera japonesa.

De cualquier manera, el objetivo principal es garantizar la seguridad de los atletas. Por eso, el COI y las autoridades japonesas evalúan medidas de aislamiento dentro de la Villa Olímpica, entre ellas, someter a los deportistas a pruebas frecuentes, restringir sus movimientos entre lugares de alojamiento y de competencia, respetar la distancia social siempre que sea posible y hasta acortar la estadía de las delegaciones en el complejo.

Parte de estos protocolos se observaron en el torneo internacional de gimnasia artística, que se disputó en noviembre en Tokio, con la participación de 32 atletas de cuatro países, una suerte de prueba piloto para la cita olímpica. Allí, además de las medidas adoptadas para los atletas, también se realizaron controles de temperatura y desinfección al público, que tuvo acceso limitado a la sede del evento para garantizar la distancia social.

Manteniendo la distancia social y otras medidas de bioseguridad, los atletas participan de la ceremonia inaugural de la competencia de gimnasia artística Amistad y Solidaridad, un evento que sirvió de ensayo para los Juegos Olímpicos, en Tokio, Japón, el 8 de noviembre de 2020.
Manteniendo la distancia social y otras medidas de bioseguridad, los atletas participan de la ceremonia inaugural de la competencia de gimnasia artística Amistad y Solidaridad, un evento que sirvió de ensayo para los Juegos Olímpicos, en Tokio, Japón, el 8 de noviembre de 2020. © Charly Triballeau / AFP

Todo esto sin tomar en cuenta que aún resta por disputarse varios certámenes clasificatorios para los Juegos. En total, un 57% de los 11.000 atletas ya tienen su plaza asegurada. El 43% restante deberá clasificarse según los criterios dispuestos por las federaciones de cada deporte, con la fecha límite fijada en el 29 de junio de 2021.

La preparación de los atletas, golpeada por las restricciones y las desigualdades

Para los deportistas, los grandes protagonistas de esta historia, el camino hacia los Juegos Olímpicos comienza mucho antes de la ceremonia inaugural. Se trata de una planificación de cuatro años para llegar en óptimas condiciones al momento tan deseado. Por eso, las restricciones provocadas por el Covid-19 representan una sensible interrupción para esos planes.

La repercusión más visible fue la alteración del acondicionamiento físico. Los confinamientos obligaron a muchos atletas a recurrir a lo que tenían a mano para no perder ritmo. Así se viralizaron imágenes de deportistas entrenando en terrazas, en gimnasios caseros o en piscinas domiciliarias, por mencionar algunos casos.

“El atleta de élite busca adaptarse y nos hemos ido adaptando a las circunstancias, trabajando como podemos”, confesó a France 24 Mariana Arceo Gutiérrez, pentatleta mexicana clasificada a los Juegos Olímpicos.

Su caso fue muy particular y es una prueba de que los atletas tampoco están exentos de las consecuencias del coronavirus. Arceo contrajo el virus en marzo, en Barcelona, cuando poco se conocía sobre la situación. Los primeros síntomas aparecieron en su regreso a México y le demandó una larga recuperación.

“En mi caso padecí la versión más fuerte del virus, me provocó una neumonía que me mantuvo un mes en el hospital. Desde el ingreso al hospital, no podía estar de pie. Duré con la neumonía un mes, otro mes de recuperación. Fue largo, tres meses en los que tuve que ver por mi salud”, detalló Arceo.

Como contrapartida de muchos de sus colegas, la postergación le permitió ganar tiempo para llegar en buenas condiciones a los próximos Juegos. Explicó que ya no tiene secuelas porque "tuve disciplina para la recuperación de mis pulmones” y que “estoy entrenando y mis tiempos están mejorando”.

Integrante del Ejército de su país, Arceo recalcó que esa institución “me apoyó con las instalaciones” para entrenar “cuando todo estaba cerrado”.

Una oportunidad con la que no contaron todos los deportistas. Muchos de ellos recurrieron a las redes sociales -caso de la nadadora argentina Delfina Pignatiello- para, en su momento, pedir a los Gobiernos que permitieran la reanudación de los entrenamientos. Las salidas dispares de los confinamientos y las posibilidades de acceder a las mejores instalaciones para entrenar han trazado un recorrido de desigualdades entre los atletas, que puede tener su reflejo en Tokio.

“He visto compañeros de selecciones europeas que viven y se entrenan en centros de alto rendimiento. Son condiciones que generalmente no vemos, ese tipo de concentraciones, en nuestros países. Eso puede ser una ventaja”, admitió en diálogo con France 24 el karateka venezolano Antonio Díaz.

Sin embargo, con una actitud positiva, Díaz agregó que “sobreponerse a estos momentos difíciles también te fortalece mentalmente y de espíritu”. "Al final, si logramos las condiciones para prepararnos técnica y físicamente, esas dificultades que estamos pasando también pueden ser una ganancia”, confió.

A sus 40 años (que serán 41 cuando llegue la cita olímpica), Díaz espera la oportunidad histórica de debutar en un Juego Olímpico junto a su disciplina, el karate, que tendrá su primera y, de momento, única aparición en el gran escenario multidisciplinar. Por eso, para este atleta venezolano, dos veces campeón del mundo, una eventual suspensión de Tokio 2020 hubiera significado un golpe muy duro.

Luchar con la incertidumbre ha sido uno de los grandes desafíos para él -al igual que muchos atletas-, precisamente en una disciplina que requiere equilibrio físico y mental. Díaz sostuvo que ha "intentado aprovechar el tiempo extra que tenemos para buscar una mejor planificación” y “llegar mejor en condiciones físicas”.

“Todo esto genera un poco de estrés e incertidumbre. En mi caso, la mejor manera de afrontarlo ha sido enfocándome en mi trabajo, en mi preparación, en disfrutar lo que tengo en este momento. Esta cuarentena, esta no posibilidad de viajar, me permitió compartir con mi familia, disfrutar de mi hijo, de mi esposa. Me he enfocado en eso para trabajar la fortaleza mental”, remarcó.

La crisis económica, el fantasma del que tampoco escapan los deportistas

La otra gran repercusión de la pandemia para los atletas, muchos de ellos amateurs, fue económica. Sin acceso a ayudas, sin competencias para solventarse, muchos deportistas se valieron de lo que pudieron para sostenerse económicamente.

Un caso de gran repercusión fue el de Daniel Bramble, campeón británico de salto en largo. Despojado de las becas estatales en 2017 luego de que sus resultados se resintieran, y sin el patrocinio de Nike desde 2018, Bramble convivió con dificultades para financiar su carrera deportiva, una situación agravada con la parálisis de la pandemia. Por eso, se convirtió en repartidor de Amazon para sostenerse, una decisión que pensó en combinar con sus entrenamientos pero que, tras largas jornadas laborales, se volvió difícil.

"Este año realmente pasamos de 'camino a Tokio' a 'al final de la carretera, gira a la izquierda'. Estar sin fondos o sin apoyo realmente me pasó factura este año. Pero tienes que adaptarte o extinguirte”, escribió el atleta británico en sus redes sociales, una publicación que se viralizó y le dio impulso a su campaña de ‘crowdfunding’ (micromecenazgo).

Situaciones similares que se hicieron públicas fueron las de dos esgrimistas, volcados a hacer repartos a domicilio para mantenerse económicamente. En Tokio, Ryo Miyake -plata en florete por equipos en Londres 2012- se convirtió en repartidor, una actividad que le permitía mantener su condición física.

"El año previo a los Juegos Olímpicos es mental y físicamente muy difícil y con un año más que extiende la temporada olímpica a dos años, estoy preocupado por cómo lo voy a manejar y si voy a ser capaz de hacerlo”, explicó Miyake a la agencia AFP.

Por su parte, el venezolano Rubén Limardo, campeón olímpico en espada individual en Londres 2012, decidió hacer repartos en Lodz (Polonia) como apoyo económico, mientras continúa su preparación con miras a ser el primer esgrimista en obtener dos oros olímpicos en pruebas individuales. Según le explicó a AFP, otros 20 miembros del equipo de esgrima venezolano viven su misma situación.

"Debido a la pandemia no hay competencias, algunos patrocinadores dicen que nos volverán a pagar después del año nuevo y también está la crisis de nuestro país. Entonces tenemos que ganar dinero en las calles”, confesó a AFP en noviembre.

Pese a las dificultades, la meta es un Juego Olímpico

Si los deportistas atraviesan todos estos obstáculos es con un solo objetivo: llegar a un Juego Olímpico, el escenario más relevante del deporte mundial. Y cuando llegue el momento de competir en Tokio, en las circunstancias que sea, para muchos será un sueño cumplido.

Para Antonio Díaz, la cita olímpica en la capital japonesa es el mejor escenario posible. Tanto así que decidió estirar su retiro para poder cerrar su carrera en “el escenario deportivo más importante y emblemático por lo que representa Japón para el karate”.

El karateca venezolano se imagina cómo pueden ser esos Juegos y desea que sean “con público” para “que puedan viajar personas que me gustaría que estuvieran ahí disfrutando de mi última competencia, como mis padres, mi esposa y mi hijo”.

“Me encantaría poder tenerlos en ese momento. Pero independientemente de si se pueda o no por la pandemia, será un momento increíble de mi carrera deportiva y aprovecharé cada segundo para disfrutarlo al máximo”, remarca.

Por su parte, Mariana Arceo Gutiérrez anticipa que “tal vez sean unos Juegos en los que no se vean récords mundiales, pero sí quedarán en la memoria”. Por eso, continúa su exigente preparación para un certamen en el que buscará “pelear el podio” y “conocer si mi cuerpo tiene algún límite”.

“Será algo inolvidable, algo que volverá a tener al mundo en un solo sitio, en un solo evento, de todas las disciplinas. Eso emociona muchísimo y en lo particular, experimentar esto será algo único e inolvidable”, asegura.

Porque al final del largo y complicado camino de la pandemia, la meta para todos estos deportistas es una sola: vivir un Juego Olímpico.

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