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El 2020 y la irrupción de una pandemia que cambió el mundo

La pandemia ha puesto al límite los sistema sanitarios de todo el mundo. Muchos de ellos se han visto al borde del colapso o han colapsado. Imagen de un trabajador de la salud en Tel Aviv, Israel, el 31 de diciembre de 2020.
La pandemia ha puesto al límite los sistema sanitarios de todo el mundo. Muchos de ellos se han visto al borde del colapso o han colapsado. Imagen de un trabajador de la salud en Tel Aviv, Israel, el 31 de diciembre de 2020. © Ammar Awad / Reuters

El Covid-19 fue el principal protagonista del año 2020 a nivel social, político y económico. El coronavirus SARS-CoV-2 tuvo su origen en la ciudad china de Wuhan a finales de 2019 y se extendió por todo el planeta en cuestión de meses, provocando confinamientos masivos y una crisis sanitaria no vista desde la pandemia de la gripe española de 1918. Informe especial. 

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El 2020 fue el año más atípico a nivel global de las últimas generaciones por culpa de la pandemia del nuevo coronavirus. Este virus, junto con su enfermedad, conocida como Covid-19, han sido los principales protagonistas a nivel político, económico, social y sanitario.

El coronavirus todavía no se ha marchado, pero en estos meses ha generado una serie de consecuencias que, sin lugar a duda marcarán el 2021 y la década entrante. Las cifras son impactantes. Que se sepa, más de 85 millones de personas han tenido el virus y más de 1,8 millones han fallecido a causa de este, aunque las cifras podrían ser muy superiores ya que durante el inicio de la pandemia se cree que se pasaron por alto millones de positivos.

Para entender mejor todo lo ocurrido en 2020 en torno a este patógeno, es necesario analizar sus orígenes y su desarrollo.

China como cuna del virus

Las primeras noticias que el mundo comienza a tener sobre el coronavirus son del último día del año 2019. Ese 31 de diciembre China confirma varios casos de un virus desconocido que se ha estado expandiendo por la ciudad de Wuhan durante todo diciembre y podría tener su origen en el mercado de Huanan, donde se venden animales salvajes para consumo humano.

Durante los primeros días de enero, la noticia no golpeó con dureza a la información internacional, pero las autoridades chinas comenzaron a investigar qué era el extraño patógeno y lo bautizaron como 'nuevo coronavirus' al averiguar que los casos no correspondían al virus SARS ni al MERS. Durante estas primeras dos semanas, se dio el primer fallecimiento registrado: un hombre de 61 años murió a causa de una neumonía severa el 9 de enero.

En las siguientes semanas se suceden los primeros casos confirmados en países asiáticos, que son los primeros en ser golpeados, y el 21 de enero se da el primer caso en Estados Unidos, seguido el 24 por el primer caso en Europa, que entra a través de Francia. Aunque los países comienzan a tomar las primeras medidas de control a ciudadanos que vienen de Wuhan, la OMS no consideró al coronavirus una emergencia sanitaria de carácter internacional en su reunión extraordinaria del 23 de enero. El mes finalizó con la prohibición de entrada a Estados Unidos a aquellos extranjeros que hubieran estado en China 14 días antes, una medida catalogada de “exagerada” que sufrió duras críticas.

Trabajadores con monos protectores pasan por la estación de tren de Hankou en vísperas de la reanudación del tráfico saliente en Wuhan, en la provincia de Hubei, en el centro de China, el martes 7 de abril de 2020.
Trabajadores con monos protectores pasan por la estación de tren de Hankou en vísperas de la reanudación del tráfico saliente en Wuhan, en la provincia de Hubei, en el centro de China, el martes 7 de abril de 2020. © Ng Han Guan / AP

Durante enero, todas las muertes se produjeron en territorio chino, pero a comienzos de febrero se registró el primer deceso en Filipinas a causa de la enfermedad. En estas primeras semanas, el mundo siguió funcionando casi de forma normal, pero se vieron las primeras imágenes de confinamientos masivos en China y la construcción de hospitales de campaña para atender a los enfermos. El gran gigante asiático quedó casi paralizado.

El virus siguió avanzando en la sombra en Europa. Los casos comenzaron a golpear a Italia con dureza y la región de Lombardía fue la más afectada en los últimos días de febrero, algo que sería tan solo un preludio de lo que vendría en el continente. El último día de febrero también se confirmaría la primera muerte de las más de 350.000 que ha causado el virus en Estados Unidos.

Expansión por Europa y cierres masivos

Marzo fue un mes fatídico para los países europeos. En cuestión de 15 días, todos los países de la Unión Europea cerraron sus fronteras progresivamente, algo sin precedentes ya que uno de los principios fundamentales del bloque comunitario es la libre circulación de personas entre sus miembros. Italia fue el primer país en decretar confinamiento total el 9 de marzo, pero esa misma semana prácticamente todos lo hicieron. El 11 de este mismo mes la OMS declara la situación como pandemia.

Llama particularmente la atención la crisis que pasaron España e Italia durante estas primeras semanas de encierro. La cuarentena llegó tarde y el contagio se produjo de forma masiva en estos países. Las cifras oficiales no arrojaban más de 10.000 casos diarios, pero los datos reales seguramente fueron mucho mayores.

Los decesos se dispararon hasta niveles no pensados y no vistos semanas antes en China. Para la primera semana de abril, Italia superó los 1.000 fallecidos diarios y España se quedó en 950. En hogares de adultos mayores se dieron situaciones críticas de fallecimiento y colapso.

El efecto del virus en países con un sistema sanitario muy avanzado atemorizó al resto del planeta y durante estos días la gran mayoría de los países del mundo se cerraron y las economías se detuvieron. Algo que hizo presagiar algo que nunca había sucedido en la historia de la humanidad: una crisis económica simultánea y multisectorial en todos los países del mundo.

En esta foto tomada el lunes 23 de marzo de 2020, una víctima del virus Covid-19 es evacuada del hospital civil de Mulhouse, en el este de Francia.
En esta foto tomada el lunes 23 de marzo de 2020, una víctima del virus Covid-19 es evacuada del hospital civil de Mulhouse, en el este de Francia. © Jean-Francois Badias / AP

Europa y Estados Unidos se apresuraron a lanzar paquetes económicos de ayuda de miles de millones de dólares para hacer que la economía resistiera el primer golpe del confinamiento, pero otros muchos afrontaron el cierre sin prácticamente ayudas a su población, algo que generó auténticos dramas sociales.

América como nuevo epicentro de la pandemia

La llegada de abril trajo un desplazamiento del epicentro del brote. Mientras Europa parecía mejorar sus datos progresivamente, a pesar de estar todavía sumida en un confinamiento estricto, Nueva York se perfilaba como el nuevo gran foco del virus. En esta ciudad, la población latina fue la más afectada en el plano económico y sanitario. La falta de acceso a servicios básicos y ayudas médicas fueron claves para que esta situación se agravara.

Estados Unidos se ve obligado a cerrar y comienza a recomendar el uso de mascarillas en la población y 6,6 millones de estadounidenses solicitan ayudas por desempleo ante el cierre masivo de empresas. Una situación que siguió empeorando en el resto del país y que llevó a Donald Trump a acusar a la OMS de un “mal manejo de la pandemia” y confirmó que retiraría el aporte económico de Estados Unidos a esta organización, algo que suponía un sensible golpe monetario. El 28 de abril, Estados Unidos, ya confirmado como el país más afectado por la enfermedad, superó el millón de casos.

El 1 de mayo la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA por sus siglas en inglés) aprobó el uso del medicamento antiviral Remdesivir para tratar a los pacientes que sufrían Covid-19, ya que supuestamente reducía la gravedad de la enfermedad.

Pero la mala situación epidemiológica no se circunscribió exclusivamente a Estados Unidos. Para mayo, la pandemia en países como Ecuador, Perú o Brasil se fue complicando progresivamente hasta que la OMS advirtió el 23 de mayo que “el nuevo epicentro” estaba en América Latina.

Durante esas primeras semanas de aumento vertiginoso de casos y muertes en la región, se registraron situaciones muy complicadas. Ecuador, cuyo epicentro del virus estuvo durante las primeras semanas en Guayaquil, registró colapsos en los depósitos de cadáveres y se grabaron imágenes de cuerpos en las calles a la espera de localizar un ataúd.

Brasil fue el gran damnificado de Latinoamérica. Durante meses superó diariamente los 1.000 fallecidos a causa de la enfermedad y colapsos en algunos cementerios. Sao Paulo fue el estado más afectado, pero los casos se expandieron rápidamente hasta los lugares más recónditos de la Amazonía, donde los recursos y la infraestructura para atender a las personas son muy escasos.

Trabajadores del cementerio con ropa protectora entierran a tres víctimas del nuevo coronavirus en el cementerio de Vila Formosa en Sao Paulo, Brasil, el miércoles 15 de julio de 2020.
Trabajadores del cementerio con ropa protectora entierran a tres víctimas del nuevo coronavirus en el cementerio de Vila Formosa en Sao Paulo, Brasil, el miércoles 15 de julio de 2020. © Andre Penner / AP

Los contagios en América Latina y en Estados Unidos nunca se redujeron como sucedió en Europa o China. Allí la curva tardó más en aplanarse. Los casos no se estabilizaron sino hasta entrado octubre, cuando muchas de las economías latinoamericanas abrieron en mayor o menor medida.

En el caso de Estados Unidos, la apertura fue mucho más temprana, llegando a ser tildada como “precipitada” por expertos epidemiológicos. Esta situación, ligada a la serie de manifestaciones masivas que vivió el país durante meses a causa del movimiento Black Lives Matter, provocaron varias oleadas y repuntes de la enfermedad en el país, que hicieron que el número de fallecidos se disparara.

Tras la reapertura, la segunda ola golpeó con dureza a Europa

Tras una primavera en confinamiento, el continente europeo pudo reabrir durante el verano boreal de forma casi total. Los contagios bajaron hasta un punto óptimo durante junio y julio para que se realizaran las reaperturas del sector servicios y se relajaran las restricciones fronterizas internas y externas.

Sin embargo, la buena situación sanitaria no se prolongó durante mucho tiempo. En cuanto se produjeron los primeros viajes y las primeras reuniones de personas, los pocos casos activos se fueron multiplicando progresivamente, aunque el número de muertos no llegó nunca a las cifras de la primavera.

La estrategia esta vez no fue la del confinamiento total y se empezaron a aplicar confinamientos localizados que permitían encerrar los focos de la enfermedad mientras el resto del país seguía activo. Una estrategia que poco a poco se fue revelando como poco efectiva. Aunque las pruebas masivas de antígenos y PCR hicieron que el crecimiento de la curva fuese más lento que en primavera, esta nunca paró y la situación se empezó a descontrolar con las bajadas de las temperaturas en otoño.

Los datos diarios superaron con creces los arrojados durante la primavera, aunque es cierto que en estos meses el número de pruebas diarias era mucho mayor y se hacían a un porcentaje significativo de asintomáticos. Algunos países que habían aguantado bien la primera ola del virus, como Países Bajos o Alemania, sufrieron con mayor dureza las consecuencias de la segunda ola.

Un miembro del personal médico examina a una mujer para detectar el coronavirus en una escuela establecida como centro de pruebas en Bolzano, en el norte de Italia, el viernes 20 de noviembre de 2020.
Un miembro del personal médico examina a una mujer para detectar el coronavirus en una escuela establecida como centro de pruebas en Bolzano, en el norte de Italia, el viernes 20 de noviembre de 2020. © Antonio Calanni / AP

Llegado noviembre, muchos de estos países se vieron obligados a imponer toques de queda nocturnos, restricciones a determinados comercios no esenciales y finalmente, el cierre total. La Navidad se convirtió en el principal temor de los gobiernos, ya que es un momento de reunión familiar y donde la situación epidemiológica podría desbordar los ya exhaustos servicios de salud europeos.

Se abre la esperanza con la vacuna, pero se aviva el temor por una mutación del virus

El final del año no trajo una mejora de los datos, de hecho, se empezó a registrar el empeoramiento de las cifras en varios continentes a la vez. Además del caso de Europa, América Latina y Estados Unidos comenzaron a sufrir las consecuencias de una nueva ola que elevó el número de casos diarios de nuevo. Estados Unidos llegó a sobrepasar los 3.000 decesos diarios en el periodo posterior a las elecciones que desbancaron a Donald Trump de la Casa Blanca.

El mandatario republicano, que gozó durante gran parte de su mandato de buenos resultados económicos, sucumbió en los comicios ante Joe Biden en gran parte por la gestión de la pandemia. Su escepticismo durante los primeros meses y los malos datos arrojaron sobre Trump un lastre que su rival supo capitalizar.

Pero en este panorama comenzó a arrojarse luz sobre tanta oscuridad. Las primeras farmacéuticas comenzaron a solicitar permisos de distribución. El 2 de diciembre de 2020, Reino Unido se convirtió en el primer país en aprobar una vacuna, que sería la desarrollada por la alianza de las compañías Pfizer y BioNTech.

Esta carrera por la vacuna contra el virus fue una de las más complicadas de la historia. En menos de un año, varias decenas de proyectos se propusieron sacar un antídoto y varias lo consiguieron. Pfizer/ BioNTech ha sido la más extendida entre las primeras distribuciones, seguida de Moderna, Sputnik V y AstraZeneca, que recientemente obtuvo el visto bueno de Reino Unido.

La conservación y distribución se volvió todo un reto sin precedentes para los países del mundo. Una carrera en la que los países ricos salieron como claros vencedores frente a los que están en vías de desarrollo o son pobres. El 8 de diciembre de 2020, Margaret Keenan, una británica de 90 años fue la primera persona en recibir la vacuna contra el coronavirus del planeta.

En la imagen aparece la británica Margaret Keenan, vacunándose. A sus 90 años fue la primera persona del mundo en recibir la dosis contra el coronavirus tras los ensayos.
En la imagen aparece la británica Margaret Keenan, vacunándose. A sus 90 años fue la primera persona del mundo en recibir la dosis contra el coronavirus tras los ensayos. © Jacob King / AP

A Reino Unido le siguieron otra serie de países de Medio Oriente, la Unión Europea, Estados Unidos y América Latina, aunque se espera que la vacunación masiva comience en los primeros meses de 2021, con la aprobación de las dosis de otras compañías y programas.

Pero la preocupación global llegó a los pocos días de las imágenes esperanzadoras de las primeras vacunas. El 20 de diciembre de 2020, Reino Unido anunció que había descubierto una nueva variante del coronavirus que había surgido tras varias mutaciones dentro de su territorio. Esta no era ni más mortal ni más severa, pero si hasta un 70% más contagiosa, algo que provocó un nuevo cierre masivo global al Reino Unido.

A pesar de ello, los primeros casos de esta nueva variante comenzaron a surgir en varios países de Europa, Asia y América. A esto también se añadió otra variante descubierta en Sudáfrica.

La ciencia se dispuso a investigar estos cambios registrados en el virus y averiguó que las vacunas siguen siendo efectivas a pesar de estos, pero esta situación abrió una puerta al miedo de que el virus siga mutando hasta el punto de que las vacunas pierdan efectividad.

La llegada de 2021 trae la esperanza de terminar una lucha contra la pandemia que ha ocupado a la humanidad durante gran parte del 2020. Una situación que prácticamente ninguna generación con vida recordaba en el planeta, pero que ha afectado a todos los países.

 

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