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El año en el que se propagó la lucha contra el racismo y el colonialismo

Miles de personas se manifestaron en Colonia, Alemania, el sábado 6 de junio de 2020, para protestar contra el racismo y el asesinato de George Floyd en Estados Unidos.
Miles de personas se manifestaron en Colonia, Alemania, el sábado 6 de junio de 2020, para protestar contra el racismo y el asesinato de George Floyd en Estados Unidos. © Martin Meissner / AP

La indignación por la muerte de George Floyd en Estados Unidos generó una ola de protestas en ese país que se extendieron a otras partes del globo como Brasil, Francia y Colombia. Además, ese rechazo se transformó también en una lucha contra los íconos del colonialismo y contra la violencia policial, todo aumentado con la atención que creció durante el encierro por la pandemia.

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Ocho minutos y 46 segundos. El tiempo en el que el afroamericano George Floyd le pedía al policía Derek Chauvin que parara de asfixiarlo con la rodilla sobre su nuca se volvió un símbolo mundial. Y sus gritos desesperados se convirtieron en el eslogan de las protestas antirracismo: “I can’t breathe” ('no puedo respirar').

Esas escenas, grabadas en video y compartidas en todo el mundo a través de las redes sociales, no solo muestran el abuso policial hacia un afroestadounidense, sino que marcaron un antes y un después de las protestas en contra del racismo estructural y desembocaron en una oleada revisionista de las esculturas de esclavistas y colonizadores. Todo en medio de la pandemia del Covid-19.

La violencia policial racista que se difundió en las redes

Aunque Floyd no fue el primero ni el último negro en morir a manos de la policía de Estados Unidos, su muerte ocurrió en un momento en el que la mayoría de los ciudadanos estaban encerrados en sus casas a causa de la pandemia del Covid-19, con los dispositivos móviles enfrente.

“El asesinato de Floyd fue diferente al de Michael Brown (ocurrido en 2014) o el de Breonna Taylor (en marzo de 2020) porque en mayo estábamos en casa, con la atención más enfocada en las noticias, la televisión y las redes sociales”, explica Ivy Cargile, politóloga y docente de la California State University, Bakersfield, especializada en el comportamiento político en Estados Unidos.

El caso de Floyd fue particular porque además de que su muerte fue registrada en video, esas imágenes circularon por todo el mundo a través de las redes sociales. Ese medio permitió que se conociera al instante el abuso policial no solo en Minneapolis, la ciudad donde ocurrieron los hechos, sino que además le facilitó a las personas hablar de otros casos de violencia policial en todo el mundo en contra de afrodescendientes. 

Yvette Modestin, activista de temas de racismo y directora de la organización Encuentro Diáspora Afro, agrega que la pandemia forzó a las organizaciones a ser más creativas para idear formas de llegar a las personas de una manera diferente a las marchas.

El poder de la comunicación digital fue tal en 2020 que Sheila Walker, antropóloga e investigadora de la diáspora africana global, compara su eficacia con la que tuvo la televisión en el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos en los sesenta. “La diferencia es que ahora tenemos una comunicación internacional al instante, en la que todo es visible. Las redes sociales rompen los hechos aislados”, agrega para France 24.

Fue precisamente esa conexión la que contribuyó a que la muerte de Floyd se convirtiera en la gota que rebasó la copa y el video de su muerte en la prueba irrefutable de que el racismo estructural existe. “No es cuestión de que haya personas negativas, sino de la estructura. Es decir, hay personas que ejecutaron el acto racista, pero sus acciones hacen parte de un sistema que discrimina, y esos grotescos 8 minutos con 46 segundos lo comprueban”, sostiene Walker. “Para mí lo que pasó es que nadie está seguro. Y Floyd evidenció eso”, añade Modestin.

La constatación del racismo estructural particularmente en las acciones de la policía desencadenó protestas durante semanas en Estados Unidos y fortaleció al movimiento Black Lives Matter ('las vidas negras importan'). Las manifestaciones no solo fueron por la muerte de Floyd, sino que en ellas se rememoraron otros abusos policiales en contra de afroamericanos.

Tal fue el caso de Ahmaud Marquez Arbery, un joven de 25 años al que tres hombres blancos, incluyendo el expolicía Gregory McMichael, le dispararon en el sur de Georgia. Los manifestantes también se pronunciaron en contra de lo que le ocurrió a Breonna Taylor, quien murió en un tiroteo con la policía luego de que esta allanara su casa por una investigación de drogas.

El 12 de junio, a Rayshard Brooks un policía le disparó dos veces en la espalda y Jacob Blake recibió siete disparos por la espalda a manos del uniformado Rusten Sheskey. Como resultado de ello, el afroamericano quedó parapléjico.

Luego vino la inconformidad por la muerte de Daniel Prude, a quien la policía le puso una capucha y lo presionó contra el pavimento. Al igual que el caso de Floyd, se conoció un video de la muerte de Prude en septiembre a pesar de haber ocurrido el 23 de marzo.

Estas son algunas de las personas afroamericanas que murieron a manos de la policía en Estados Unidos.
Estas son algunas de las personas afroamericanas que murieron a manos de la policía en Estados Unidos. © France 24

La conectividad de las redes hizo que el estallido social se propagara por todo el mundo en contra de un racismo que siempre ha existido. En Brasil, los manifestantes se lanzaron a las calles durante más de una semana para protestar por la muerte de João Alberto Silveira Freitas, un afrobrasileño que murió el 19 de noviembre a causa de los golpes de vigilantes en un supermercado de la cadena Carrefour.

En Francia, la inconformidad despertó manifestaciones por el caso de Adama Traoré, quien falleció en 2016 bajo custodia de tres policías en circunstancias que no se han aclarado. La indignación también corrió por cuenta de la golpiza al productor musical Michel Zecler, ocurrida el 21 de noviembre a manos de agentes oficiales. En Colombia, el joven afro de 19 años Anderson Arboleda murió el 21 de mayo después de que un policía lo golpeara en la cabeza en varias oportunidades por no respetar la cuarentena obligatoria por la pandemia. También hubo marchas antirracismo en múltiples países de Europa y África. 

Aunque ocurrieron en países y fechas diferentes, todos los casos tienen algo en común: los uniformados atacaron violentamente a personas afrodescendientes y sus casos despertaron la indignación social. Así, estos hechos se convirtieron en el símbolo de la brutalidad policial racista.

Los avances que trajeron las protestas en Estados Unidos

Las muertes de personas negras a manos de la policía y las marchas impulsadas por esos hechos forzaron acciones que nunca antes se habían visto. En Estados Unidos, varias compañías como Johnson & Johnson y Dove rechazaron abiertamente el racismo y destinaron varios millones de dólares para fondos cuyo propósito es financiar la lucha en contra de la discriminación racial.

Incluso, Dove dijo que aportaría un millón de dólares para organizaciones que luchan por los derechos de los afroamericanos como Black Lives Matter y The Bail Project. Y la empresa Quaker Oats anunció el cambio del tradicional logo de su marca de syrup Aunt Jemima por considerar que su imagen de campaña era racista.

“Es un paso hacia adelante que esas compañías reconozcan que tienen un historial blanco y que no tienen a gente de color en altas posiciones, porque eso ayuda a que muchas personas se den cuenta de que el racismo sistémico existe desde el origen de Estados Unidos”, subrayó la politóloga Cargile.

Las protestas en contra del racismo también sacudieron a varios deportes en el país norteamericano. Equipos profesionales de la NBA, por ejemplo, se arrodillaron antes de los juegos de básquetbol y vistieron camisetas con la frase ‘Black Lives Matter’. Incluso, la asociación canceló cinco partidos en protesta por los disparos contra Blake.

Además, algunos estados del país norteamericano han hecho o debaten modificaciones al respecto. Por ejemplo, el gobierno local de Minneapolis decidió acabar con el departamento de policía de la ciudad tras la muerte de George Floyd; la ciudad de Nueva York quiere recortar los fondos de esa institución para transferirlos “a servicios juveniles y sociales de comunidades de color”; y en California hay una propuesta de ley estatal para que quien quiera ser policía deba tener más de 25 años y un título universitario.

Incluso, varios congresistas proponen un paquete legislativo para prohibir en todo el país la técnica de ahogamiento y eliminar la conocida inmunidad calificada que protege a los uniformados en pleitos legales, entre otras medidas.

Los retos que quedan por delante

Modestin explica que la suma de todo lo anterior ayudó a que los ciudadanos no pudieran ignorar más el racismo estructural y dice que ese es solo el comienzo. En ese mismo sentido, Cargile señala que el hecho de que haya llamados así para terminar con el racismo es un paso importante pero que siguen siendo pequeños en comparación con lo que falta.

La investigadora Walker también reconoce los avances, pero al igual que las demás insiste en que lo que se necesita desmontar es el racismo estructural que existe desde las bases de instituciones como la policía. “Una investigación de The New York Times muestra, por ejemplo, que el origen del sistema policial en Estados Unidos fueron las milicias que buscaban y maltrataban a los esclavos afroamericanos que huían de las plantaciones. No sorprende entonces que esa institución continúe funcionando de la misma manera”, expresó.

Cargile agrega que el racismo también se expresa en la política estadounidense con más fuerza en los últimos años. Según ella, la llegada de Barack Obama al poder le dio sustento al argumento de los supremacistas blancos de que los afroamericanos les estaban quitando el país. “Por muchas décadas, la gente los trataba de locos y exagerados, y cuando Obama llegó al poder, eso les dio más munición para su odio”, afirma.

Las expresiones racistas se acentuaron cuando Donald Trump asumió la Presidencia pues grupos supremacistas como los Proud Boys sintieron que tenían un aliado en la Casa Blanca, según Cargile. De hecho, ya siendo presidente, el multimillonario compartió múltiples mensajes en sus redes sociales en los que se veían actos en contra de los afroamericanos, como un video en el que una pareja blanca apuntó con un rifle y un arma semiautomática a quienes se manifestaban contra el racismo.

El mandatario también compartió videos de sus seguidores que gritaban “poder blanco” y catalogó como un movimiento terrorista a los antifascistas que promovían marchas en contra del racismo. Aunque todas estas acciones se vieron a lo largo de sus cuatro años de mandato, sus palabras al respecto estuvieron más en el centro del debate durante 2020, precisamente por el incremento de la presión social en las calles.

“Una prueba de que los supremacistas blancos no se van a rendir es la cantidad de votos (74 millones) que sacó Trump en las elecciones presidenciales, a pesar de que él ha insultado al negro, a la mujer, al inmigrante”, dijo Modestin.

Una revisión del colonialismo a través de las esculturas

Las protestas fueron tantas y en tantos países que el malestar social no se quedó en temas raciales sino que se extrapoló al rechazo del colonialismo y la esclavitud, un repudio que se expresó con la caída de esculturas.

El primer hecho conocido mundialmente fue el del monumento a Edward Colston en Bristol, Reino Unido. A principios de junio del año pasado, los manifestantes tumbaron la escultura de uno de los mayores traficantes de esclavos en la historia británica. Y luego la misma acción se propagó a ciudades como Amberes, en Bélgica, donde el gobierno local retiró la escultura del antiguo rey Leopoldo II después de que esta fuera pintada de rojo. Los manifestantes rechazaban idolatrar a un político cuyo régimen contribuyó a la muerte de millones de personas en África, específicamente en el Congo.

También terminaron en el piso múltiples esculturas de Cristóbal Colón en Estados Unidos, tal como ocurrió en Chile en 2019 y en Bolivia en 2018. En octubre de 2020, el Gobierno de Ciudad de México incluso retiró el monumento que había del colonizador en el Paseo de la Reforma dos días antes de celebrar el Día de la Raza. Aunque aclaró que fue para arreglarlo, algunos consideran que fue una medida preventiva ante la advertencia de varios colectivos de que lo iban a tumbar.

En Colombia, la acción fue por parte de los indígenas Misak, quienes derribaron la escultura del conquistador español Sebastián de Belalcázar como una manera de “reivindicar la memoria de los ancestros asesinados y esclavizados por las élites”.

“Esa corriente que se fortaleció en 2020 mostró el deseo de eliminar las estatuas de colonizadores y esclavistas, que eran héroes para la minoría de opresores. Ahora, debemos empezar a hablar sobre por qué ocurrió todo”, expresa Sheila Walker.

Fue así como el 2020 fue un año en el que el revisionismo histórico se fortaleció y en el que se propagaron las denuncias en contra del racismo estructural. Todo aumentado por el encierro de la pandemia y el poder de las redes sociales.

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