Bolivia adolece de una inestabilidad política y social de más de un siglo

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Con elecciones locales a la vista el 11 de abril y su expresidenta interina Jeanine Áñez en prisión, el país andino intenta salir de una más de las crisis que han caracterizado su turbulenta historia política y social en el último siglo.

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Bolivia inició el siglo XX con la derrota de varias guerras que concluyeron con la pérdida de buena parte de su territorio -y su acceso al mar- a manos de Brasil y Chile. Entre 1932 y 1935, en la Guerra del Chaco, Paraguay la despojó de otros 450.000 kilómetros cuadrados aproximadamente. 

Como consecuencia del encierro continental, el pésimo resultado del enfrentamiento contra Paraguay y las condiciones semifeudales para los campesinos y los obreros de las minas de estaño, -principal producto del país que sucedió a la plata de tiempos coloniales-, el pueblo boliviano estaba en descontento. La inestabilidad política arreciaba. 

El convulso panorama fue caldo de cultivo para que el héroe de la guerra del Chaco, el militar Germán Busch, asestara un golpe de Estado en 1935. 

Bolivia se sacudió en 1952 con el estallido de su Revolución Nacional, liderada por el Movimiento Nacionalista Revolucionario, un movimiento con apoyo en la clase media y sectores mineros e indígenas-campesinos. 

En esta imagen de archivo se ve a Michiaki Nagatani, el entonces líder del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Fotografía tomada en La Paz, Bolivia, el 5 de diciembre de 2005.
En esta imagen de archivo se ve a Michiaki Nagatani, el entonces líder del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Fotografía tomada en La Paz, Bolivia, el 5 de diciembre de 2005. © Martín Alipaz / EFE

El Movimiento Nacionalista Revolucionario condujo a Bolivia a un período de progreso social y de modernización política luego de tantas batallas perdidas y de décadas de inestabilidad. Bajo la presión popular, el Estado -liderado por el cuatro veces presidente Víctor Paz Estenssoro- introdujo el sufragio universal y nacionalizó las minas de estaño. También lanzó una reforma agraria que expropió a los terratenientes semifeudales, repartió la tierra de manera más justa entre los indígenas y campesinos y fomentó la educación rural. 

A mediados de la década de 1960, Bolivia inició un ciclo de dictaduras militares 

En 1964 otro golpe de Estado puso fin al período revolucionario. Bolivia entró en una nueva etapa de dictaduras militares, repartida en gobiernos intermitentes de René Barrientos y Alfredo Ovando. 

Este nuevo período de dictaduras atrajo la inversión extranjera para privatizar el sector minero, lo cual empujó el desarrollo de la economía, en buena parte gracias a los altamente cotizados precios del estaño en los mercados internacionales. Un nuevo golpe de Estado ocurrió en 1971, encabezado por el coronel Hugo Banzer. En sus siete años al mando, Banzer fue mucho más represivo que sus antecesores, al punto de suprimir el movimiento obrero, despojarlo de sus derechos civiles y militarizar las minas del país.

Fotografía de archivo, tomada el 9 de diciembre de 1999, del expresidente de Bolivia, Hugo Bánzer,
Fotografía de archivo, tomada el 9 de diciembre de 1999, del expresidente de Bolivia, Hugo Bánzer, © EFE/INFOSIC/SILVIA RIOS/ell.

Banzer dimitió en 1978, presionado por una dilatada huelga de hambre de mujeres mineras y por la oposición que lo acusaba de corrupto, represor y de haber contraído una enorme deuda extranjera. 

Lo reemplazó una Junta Militar que se mantuvo por cuatro años antes de ser derrocada en 1982. En aquel año, Bolivia comenzó una serie de gobiernos democráticos, en medio de una crisis económica severa. Cabe recordar que para 1984, Bolivia sufría una hiperinflación superior al 20.000 % anual, producto en buena medida al profundo endeudamiento internacional. Esta crisis motivó en 1985 la reelección del expresidente Víctor Paz Estenssoro, quien en cuestión de meses revirtió el alza inflacionaria con drásticas reformas neoliberales. 

Las reformas de libre mercado de Paz Estenssoro trajeron efectos secundarios gravísimos. El desempleo aumentó del 20 al 30 %, llevó al despido de 23.000 mineros estatales y los salarios disminuyeron un 40 % en un lapso de dos años. 

Para finales de la década de 1990, la calidad de vida de la mayoría de habitantes en Bolivia rayaba en la miseria. El descontento social estalló en violentos levantamientos populares, como el ocurrido en Cochabamba en el año 2000, por la privatización del abastecimiento de agua potable. Quien fungía como presidente era de nuevo el exdictador Hugo Banzer, en una Bolivia con huelgas, cortes de carreteras y enfrentamientos entre el ejército y las comunidades indígenas y campesinas.

Contando a Banzer, quien renunció en 2001, hubo un total de cinco presidentes en tan solo cuatro años.

La crisis que alentó al movimiento indígena y a la asunción de Evo Morales en 2006

La inestabilidad política, las renuncias en bloque de ministros que no sabían cómo recomponer la economía, los impuestos a los salarios y las controversias por la exportación de gas natural exacerbaron el sentimiento insurrecto de las comunidades indígenas.

Para las elecciones de 2006, el creciente movimiento indígena logró una victoria. Ante el hastío de dos décadas de partidos políticos neoliberales, surtió efecto la elección -por una mayoría absoluta del 60 %-, del líder sindical cocalero Evo Morales. Él era el primer indígena en gobernar el país y lo hizo bajo la bandera de su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS). Morales rápidamente nacionalizó la industria de hidrocarburos y contó con la suerte de recibir mayores ingresos por las exportaciones de gas, a razón de un alza del precio internacional. 

Las políticas de Evo Morales frenaron la expansión de la pobreza y le dieron al país un crecimiento del 5 % en su Producto Interno Bruto en sus primeros años de gobierno. 

Otro de los aspectos por los cuales Evo Morales fue apoyado masivamente durante sus dos primeros períodos presidenciales fue el protagonismo que dio al pueblo indígena boliviano. La forma de hacerlo fue otorgándole mayores derechos civiles y laborales, que quedaron estipulados en la Constituyente de 2009, y por la cual rebautizó el nombre del país al de Estado Plurinacional de Bolivia. 

El expresidente de Bolivia Evo Morales (D) y el actual mandatario Luis Arce, participan de un acto de su partido, el Movimiento Al Socialismo (MAS), el 21 de noviembre de 2020 en Cochabamba
El expresidente de Bolivia Evo Morales (D) y el actual mandatario Luis Arce, participan de un acto de su partido, el Movimiento Al Socialismo (MAS), el 21 de noviembre de 2020 en Cochabamba FERNANDO CARTAGENA AFP

Morales fue reelegido por amplias mayorías en tres ocasiones pero, tras insistir en postularse a un cuarto período y denuncias de un presunto fraude electoral en los comicios generales de octubre de 2019, perdió el apoyo de los militares y se vio obligado a renunciar y a refugiarse en Argentina. 

Durante su exilio, Bolivia fue liderada por el gobierno interino de Jeanine Áñez, quien a lo largo del año de pandemia de coronavirus de 2020, aplazó la realización de nuevos comicios electorales mientras la justicia abría procesos contra Evo y varios de sus funcionarios. 

Finalmente, las elecciones se llevaron a cabo el 18 de octubre de 2020, dando por vencedor a Luis Arce, antiguo ministro de economía de Morales y candidato del MAS. Evo pudo retornar al país el 9 de noviembre. La expresidenta Jeanine Áñez fue detenida el pasado 13 de marzo, acusada de “sedición y terrorismo” por una presunta conspiración de golpe de Estado para derrocar a Evo. 

Entre tanto, Bolivia sigue dividida entre los afines a Arce, Evo y su partido político MAS; y los partidarios de la oposición quienes piden la liberación de Áñez. Así, el país se encamina hacia la segunda vuelta de sus elecciones de gobernadores, el 11 de abril. 

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