Napoleón Bonaparte, el "emperador caído" que murió en el exilio

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La figura de Napoleón, 200 años después de su muerte, aún polariza. Para algunos fue un genio militar que levantó un vasto imperio con Francia como un moderno Estado centralizado. Para otros, fue un tirano que reinstauró la esclavización en las colonias de América y envió a la muerte a cientos de miles de soldados en absurdas batallas. Repaso histórico por una figura que divide las aguas. 

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Se cumplen 200 años de la muerte de Napoleón Bonaparte. El soldado, general y emperador francés falleció en el exilio el 5 de mayo de 1821. Habían discurrido seis años de su destierro en la remota isla británica de Santa Elena, en el Atlántico Sur, un destino azotado por el viento e infestado de ratas. Durante esos años, Napoleón Bonaparte estuvo rodeado de un grupo de confidentes, como también de una guarnición de 3.000 soldados británicos que lo acechaban para frustrar sus intenciones de escape. 

En Santa Elena, Napoleón habitó la Longwood House, su último hogar y el de su séquito –de 28 personas–. Se dice que sus acompañantes voluntarios consumían 17 botellas de vino al día, por no contar las de champán y otros licores. Un hábito consagrado para aliviar la impotencia del destierro, tanto como la intensa humedad del clima. Entre bebidas en la Casa Longwood, Napoleón pasaba los días leyendo la historia de su vida a sus compatriotas. 

Con profunda atención, sus seguidores escuchaban anécdotas desde sus orígenes genoveses en la isla de Córcega, hasta sus hazañas militares para extender el radio de su imperio en Europa occidental.

El meteórico ascenso de Napoleón en el Ejército francés 

A finales del siglo XVIII, Napoleón caló entre los franceses en un momento de inflexión histórico: la Revolución Francesa. Habiendo tomado la senda militar, ascendió vertiginosamente en la jerarquía castrense al nunca defraudar a sus superiores.

Un ejemplo ocurrió en 1795, cuando los franceses se levantaron en una insurrección pro-monárquica que pedía el fin de la República y la restauración del rey en su trono. Pero Napoleón, a cargo de un ejército improvisado, defendió el Palacio de las Tullerías, sofocó con artillería la insurrección contrarrevolucionaria y se ganó el respeto y la admiración de los jacobinos.

De acuerdo con la historiadora francesa Lea Charliquart, Napoleón quería ser recordado como un "emperador caído que murió a miles de kilómetros de Francia, en una pequeña roca volcánica". 

Un emperador que nunca abandonó su investidura de soldado hasta el final de sus días, como lo simboliza su uniforme azul y su sombrero bicorne, así como su lecho de muerte en Santa Elena: un catre militar de hierro liso.

El supuesto bicornio de Napoleón exhibido en Lyon, Francia, el 14 de junio de 2018
El supuesto bicornio de Napoleón exhibido en Lyon, Francia, el 14 de junio de 2018 AFP/Archivos

Como parte de sus memorias escritas en la remota isla, Napoleón dedicó sus primeros años a cargo de misiones cruciales para Francia en la geopolítica de finales de 1700. Entre ellas se cuenta ganar con un ejército harapiento y mal alimentado batallas al norte de Italia, la ocupación de Venecia luego de gozar de mil años de independencia, el sometimiento de Austria a sus órdenes y la confiscación de Países Bajos y el territorio del Rin.

Y es que los éxitos militares de Napoleón le acarrearon fama en toda Europa. Se hablaba de su profundo conocimiento de tácticas militares y de su inteligencia prodigiosa para desarticular los ejércitos enemigos más poderosos. 

Dicho prestigio le valió para comandar al ejército francés en una expedición por Egipto, por entonces una provincia del Imperio Otomano, con el objetivo de cortar las rutas británicas hacia la India. En efecto, Napoleón venció con 25.000 hombres a 100.000 soldados británicos en la Batalla de las Pirámides, pero registró un duro golpe en su contra: el célebre almirante Nelson destruyó toda la flota francesa en la Batalla del Nilo.

En este punto, a Napoleón se le juzga de indolente por haber abandonado a su ejército a su propia suerte, en las inclemencias del desierto egipcio, y de esta forma haber salvado su pellejo al regresar a Francia. 

El autoproclamado emperador que cayó en manos de los británicos, sus eternos rivales

Ensalzado por sus victorias, Napoleón regresó a Francia y se autoproclamó en 1799 como primer cónsul; en 1802 como primer cónsul vitalicio; y en 1804 como emperador de los franceses. 

En el frente colonial, Napoleón hizo caso omiso a la convención de la revolución francesa de 1794, que abolió la esclavitud. Como primer cónsul exigió restaurar la esclavización en la isla de la Española, actual Haití y República Dominicana, para usufructuar el máximo de la caña de azúcar y obtener recursos con que financiar sus batallas. 

En su calidad de emperador, Napoleón recapituló una serie de batallas sobre las monarquías europeas, las cuales se aliaron para hacerle contrapeso al expansionismo francés. En 1805, la marina inglesa se mostró invencible en la Batalla de Trafalgar, pero Napoleón fue avasallante en la Batalla de Austerlitz de 1806.

En esta foto tomada el 25 de enero de 2021, el relato de Napoleón Bonaparte de su victoria en la Batalla de Austerlitz y un mapa de la batalla.
En esta foto tomada el 25 de enero de 2021, el relato de Napoleón Bonaparte de su victoria en la Batalla de Austerlitz y un mapa de la batalla. © Thomas Coex, AFP

Habiendo conquistado gran parte de Europa Occidental, los enemigos más fuertes de Napoleón seguían siendo los ingleses y los rusos. Justamente, la fallida invasión contra estos últimos fue el comienzo de su declive. De los 600.000 hombres que envió en 1812 para combatir en el gélido territorio ruso, menos de 100.000 regresaron en pie.

Disminuido, Napoleón fracasó una vez más en la Batalla de Waterloo de 1815, cuando cayó prisionero de los británicos. 

Todas estas batallas fueron consignadas en sus memorias, escritas durante sus años de exilio en la isla de Santa Elena, antes de morir de cáncer de estómago, una de las tantas teorías que rondan alrededor de su fallecimiento.

Dos décadas después de haber sido enterrado en Santa Elena por los británicos, los franceses lograron conseguir repatriar sus restos y conservarlos, hasta el día de hoy, en el complejo de Los Inválidos de París. 

Napoleón marcó con guerras y leyes el inicio de la historia contemporánea de Europa. 

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